CRISTIÁN UNDURRAGA

sábado, 9 julio 2016

EL DESTACADO ARQUITECTO CHILENO SE APRONTA A RECONSTRUIR EN LA REGIÓN DE LA ARAUCANÍA EL PABELLÓN CON QUE CHILE SE PRESENTÓ EN LA EXPO MILÁN 2015 Y CON EL CUAL SU OFICINA GANÓ LA MEDALLA DE PLATA. RESPONSABLE DE OBRAS TAN RELEVANTES COMO EL CENTRO CULTURAL LA MONEDA O EL MUSEO VIOLETA PARRA, EN ESTA ENTREVISTA REPASA SU TRAYECTORIA Y SU PROFUNDO COMPROMISO CON LO PÚBLICO.

Por: Catalina Plaza S. / Fotos: Gentileza Cristián Undurraga

Cristián UndurragaEl silencio y la sobriedad priman al entrar a las oficinas de Cristián Undurraga en el zócalo de un edificio ubicado en el Barrio El Golf. Ni rastros del ruido de la ciudad y menos del quehacer de los 10 arquitectos con que trabaja. Él es dueño de esas mismas características y, por lo mismo, estas marcan su trayectoria de casi 40 años. En estas décadas se ha volcado a la arquitectura pública, siendo reconocido por obras como la Plaza de la Constitución, la Plaza de la Ciudadanía, el Centro Cultural La Moneda y recientemente con el Pabellón de Chile en la Expo Milán del año pasado, el que obtuvo la medalla de plata en la categoría Arquitectura y Paisaje y más de más de un millón 200 mil visitas. Con un brillante sistema constructivo en madera, a modo de una gran viga, el pabellón volvió a Chile en 46 containers y se espera su pronta reconstrucción en la Región de la Araucanía como un nuevo centro cultural que apuesta por la descentralización de la misma.

El especial interés de Undurraga por la ciudad se remonta a sus tiempos de estudiante y, puntualmente, a 1977, cuando su examen de grado se centró en la búsqueda del espacio urbano. Ya como arquitecto puso todo su esfuerzo a la materia a través de la oficina fundada junto a su mujer Ana Luisa Devés. Desde entonces, se ha volcado a encargos del Estado que lo han convertido en el principal responsable de la recuperación del centro de Santiago, especialmente del eje del Barrio Cívico diseñado por el arquitecto austriaco Karl Brunner en 1934.

“Son opciones que uno toma, desde la universidad nosotros planteamos el tema social, cultural y urbano. Eran los tres ejes de nuestra carrera y hemos podido hacerlo hasta hoy. Es una opción que no es fácil, digamos que no es una con viento a favor. Requiere aprecio por el silencio, por la trascendencia. Todos los proyectos urbanos, que además tienen componentes culturales, toman mucho tiempo. La arquitectura que nosotros practicamos es una arquitectura para fondistas, no para velocistas. Es una arquitectura silenciosa que no está en los medios. Son temas demasiado serios para trivializarlos. Me siento muy ajeno al arquitecto personaje, al arquitecto estrella. Nos gusta hacer, más que aparecer. Prefiero el juicio de la historia que la presencia mediática condescendiente”.

–Pareciera que la figura del “starchitect” ha perdido protagonismo frente a los profesionales que desarrollan obras que implican mayor compromiso con la sociedad y la ciudad, y no con aquellas construcciones esculturales. ¿Crees que, con matices, el Premio Pritzker podría ser un buen ejemplo de esa evolución?

–En la arquitectura, como en el arte, se da un carácter cíclico. Hemos pasado de la arquitectura de la abundancia, donde el arquitecto se convirtió en estrella, a la escasez con la que hoy el arquitecto debe trabajar. Por cierto, me siento más cómodo en esta última condición. Me resisto al arquitecto personaje, al arquitecto estrella. El mundo del espectáculo me es ajeno.

–Te ha tocado trabajar con todos los gobiernos, desde que en 1980 construiste la Plaza de la Constitución. ¿Ha cambiado la relación de la autoridad con la arquitectura? ¿Valora hoy más el aporte que esta entrega a la ciudadanía?

–Uno de los grandes temas del siglo XXI va a ser la ciudad y de alguna manera la autoridad lo ha percibido. Sin embargo, hacer arquitectura pública se ha problematizado mucho más, la burocracia hoy es mucho mayor y no necesariamente eso lleva a mejores resultados, sino que hace que los procesos sean más lentos y un poco más desalentadores. Creo que esta vocación pública, que es irrenunciable, hace que uno tenga que adaptarse a las circunstancias del momento.

–¿Cómo enfrentas la crítica? Cuando estabas haciendo el Centro Cultura La Moneda se dijo “a ese hoyo no va a entrar nadie”.

–Yo creo que la crítica es una cuestión a la que se está expuesto y no me parece mala. Muchas tienen que ver con las agendas de los críticos, más que con una realidad objetiva del proyecto. La verdad, la acepto y no me toca, pero la crítica que más me interesa es la de los amigos. Creo que la que mencionas la hizo Milan Ivelic, por quien siento el mayor aprecio y somos amigos, quien sentía el abandono por parte del Estado del Museo Bellas Artes por lo que le parecía inapropiada la construcción del Centro Cultural La Moneda. El sentía que iba en desmedro de otras instituciones ya consolidadas. Con el tiempo ese “hoyo” se transformó en el museo más visitado de Chile, hoy por hoy, y además en un lugar de encuentro público, en el que la gente no solamente va a ver una exposición. El mérito es la calidad de las exposiciones, la ubicación y, por cierto, la arquitectura también contribuye. Ahora, lo que siento mucho es que se haya cerrado el paso por el centro de La Moneda, entendiendo esos patios como parte del espacio público. Es una gran pena que no se haya mantenido esa operación hecha por el Presidente Ricardo Lagos, porque el haber hecho del Palacio de Gobierno un espacio público demostraba una visión de la ciudad como espacio democrático.

–De no existir restricción probablemente no habría habido motivación alguna para el ingreso del grupo de estudiantes, que hace algunas unas semanas lo hizo simulando ser turistas para luego protestar contra la reforma educacional.

–No habría pasado. Me llama la atención que un gobierno tan comprometido con la ciudadanía, a ratos tenga miedo de esa misma ciudadanía. Es muy curioso. Es un error político y urbano mantener cerrado ese espacio.

–Eres bisnieto del Presidente Balmaceda, ¿crees que heredaste parte del espíritu republicano de ese Chile del siglo XIX?

–Son de alguna manera ambientes republicanos en los que uno se mueve y que te hacen entender el valor de lo colectivo por sobre lo individual. El trabajo en el Barrio Cívico ha sido como reivindicatorio para mí. Conocí muy poco a mi abuelita, pero fue una mujer que sufrió mucho. Es muy satisfactorio poder volver a ese lugar trágico para la familia, y después doblemente trágico para el país, y poder contribuir a generar un espacio de encuentro entre todos. Vale la pena haber vivido para hacer eso.

“Una cosa preciosa relacionada con el Barrio Cívico es que mi socio en Colombia es Konrad Brunner, nieto del urbanista Karl Brunner. Esa es una conexión muy bonita que surge de mi trabajo. Conocía de este nieto que era un muy buen arquitecto y el destino nos juntó y la verdad es que es muy impresionante porque parece que hubiéramos trabajado y conocido desde siempre. He trabajado con grandes arquitectos y la relación con Karl es absolutamente diferente. El también está muy impactado”.

 

Museo Violeta Parra

 

“CHILE DEBE BUSCAR SER LÍDER INTERNACIONAL DE LA CONSTRUCCIÓN EN MADERA”

Con reconocimientos tan importantes como el Premio Internacional de Arquitectura Andrea Palladio, por la Casa del Cerro, la designación en 2009 como Honorary Fellow por el American Institute of Architects (distinción que recibió junto a Smiljan Radic, arquitecto al que admira y aprecia muchísimo) y en el 2012 con el Premio Internacional de Arquitectura Sacra, por la Capilla del Retiro en Auco; Undurraga Devés se ha convertido en una de las oficinas más destacada de Chile. Su diseño para el pabellón de la Expo Milán 2015 también es un hito importantísimo, que marca un nuevo salto para el arquitecto.

–¿Cuándo comenzó la internacionalización de la oficina?

–Pertenezco a una generación que hoy día supera los 60 años, una que estudió en un país aislado, en unas circunstancias bastante críticas, en la escasez, en un momento en que pensar en la globalización era una utopía. Sin embargo, en el 1991 fuimos reconocidos con el Premio Andrea Paladio, siendo la primera ventana que se abre para reconocer la arquitectura chilena en el mundo. Uno empieza a mostrar su trabajo afuera y aparecen figuras de la generación de Alejandro Aravena, Mathias Klotz, de Smiljan Radic, que ya tienen una consolidación internacional mucho más fuerte y ellos pertenecen a un mundo donde las fronteras son más difusas. Está el caso de Pepe Cruz y Germán del Sol, que también pudieron mostrar la arquitectura chilena en el exterior de manera muy exitosa. Para nosotros la consolidación, sin duda fue el pabellón. Hemos persistido en el camino que iniciamos en 1998. Hoy, por ejemplo, lo que estamos haciendo en Colombia con un proyecto de impacto público que mantiene los principios y compromisos que asumimos hace ya 40 años.

–El pabellón de Chile tuvo un récord de visitas que también habla de una arquitectura que invita a vivir una experiencia.

–Así es, fue el pabellón chileno más exitoso en la historia de estas exposiciones, el premio lo deja en la primera posición.

–Hasta ahora, el Artekin había sido el único edificio, diseñado para este tipo de exposiciones, en regresar para ser reconstruido en el país.

–Hace ya más de un siglo que se trajo de la expo de 1890 en París. Fue una hazaña y una buena decisión haberlo traído. Desde el origen nosotros planteamos un mecano desarmable que debía volver. El fundamento de esa decisión es que dado el compromiso con la sostenibilidad del edifico y el esfuerzo que esa construcción supuso no se podía concentrar en una obra que estuviera en pie sólo seis meses.

No puede durar para seis meses, hay que extender su vida útil mucho más. El pabellón se armó de tal manera que pudiera desarmarse y pudiera traerse.

–¿Dista mucho de la idea original? ¿Hubo que ajustar detalles dada la magnitud, desde el punto de vista ingenieril?

–Es un edificio que, entre el concurso, el desarrollo y la construcción, sufrió cambios mínimos. Además, teníamos en contra los plazos, entonces no había mucho tiempo, la pregunta que nos hacíamos y su respuesta debían ser correctas a la primera.

–¿Cómo se decidió que se reconstruyera en la Región de la Araucanía?

–La primera definición política que tuvo la Presidenta fue ponerlo en una región y luego, hecho el análisis de distintas alternativas, se eligió la Araucanía. El tema de la madera no es uno del que uno pudiera sustraerse en la decisión. El sur tiene una tradición centenaria de construcción en madera y Chile necesita profundizar su tecnología en esa industria. Este proyecto es una buena motivación para esto. Por cierto, hay otras consideraciones de orden político muy profundas y que influyeron en su localización.

–¿Cómo se mantiene en el tiempo una estructura de madera de esa envergadura?

–La madera es un material muy noble, pero requiere cuidados. Eso es un dato. Hoy día hay productos que permiten técnicamente mantener la estructura impecable. Uno tiene que pensar en construcciones en la misma zona de Valdivia, Temuco y Osorno, las mismas iglesias de Chiloé son edificios que tienen más de 100 años, pero requieren de una mantención constante.

–¿En Chile se construye muy poca arquitectura contemporánea en madera?

–Creo que Chile debe buscar ser líder internacional de la construcción en madera. Tiene todas las condiciones y el pabellón es el mejor ejemplo de que se puede hacer. Usamos tecnología italiana, pero es algo que hoy podríamos hacer perfectamente en Chile. Lo que pasa es que la tradición de construcción en madera, tanto austriaca, alemana y la del norte de Italia es mucho más antigua que la chilena. Ir adelante con un proyecto de esta naturaleza era más posible allá que acá. Chile, en el muy corto plazo, debiera constituirse en un líder mundial en la materia, como lo ha hecho en minería.

Escrito por

Ultimos Articulos COSAS