A MODO DE UN LOUNGE

viernes, 19 agosto 2016

Tanto el programa como la materialidad predominante hacen de esta peluquería proyectada por la arquitectura Francisca Vergara un espacio diferente que invita a pasar un rato agradable en un entorno cálido y cómodo.

Por: Catalina Plaza S. / Fotos: Gentileza Francisca Vergara

Saliéndose absolutamente de la estética propia de la mayoría de las peluquerías, la apuesta del estilista argentino Sebastián Patiri sorprende por su amplitud, calidez y por el uso de materiales poco convencionales en un espacio como este. A cargo de la arquitecta Francisca Vergara, el interiorismo se centró en dos premisas: debía ser un lugar distinto y ajustarse a un presupuesto acotado. “Sebastián tenía muy claro lo que quería. Fue muy entretenido pensar en cuáles son los estereotipos que uno tiene metidos en la cabeza al momento de pensar en un tipo de espacio como este. Inmediatamente llegué al tema de la materialidad y decidí eliminar los blancos brillantes, el acero inoxidable y la sobredimensión de los espejos, entonces intuimos que teníamos que tener un especial cuidado con la materialidad”, cuenta la arquitecta de la Universidad Católica. Fue así como la madera se transformó en la protagonista del espacio, específicamente las placas de terciado. Su idea fue usarlas como revestimiento y, luego, desarrollar la totalidad de los muebles con ellas. “Para eliminar el ‘vil’ concepto de plancha, la modulamos e hicimos cortes cada 30 centímetros. Así le cambiamos el look a tablas. Elegimos las que tenían nudos para acentuar más sensación de madera. Si es muy pareja se ve algo falso. Las placas con nudos son, curiosamente, las más baratas. Eso también es bonito porque al usarlas se rescata un elemento que no es tan bien considerado y se obtiene el máximo de partido”, explica Francisca.

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Además del factor presupuesto, la madera cumplía a la perfección con el carácter que se le quería dar al espacio. Tras preguntarse cuál es la esencia de una peluquería, Francisca llegó a la conclusión de que la primera definición es que la peluquería es un lugar que tiene que generar belleza, por lo que debe ser un lugar bonito y también pulcro. “La peluquería también debe ser un espacio que te invite a estar. Esa es una segunda definición. Calculamos que el promedio de tiempo que pasa una clienta en la peluquería es de dos horas. Una mujer llega a hacerse un auto regalo, a relajarse. El espacio tiene que ser armónico y no puede estar saturado de información. Nos dimos cuenta de que teníamos que tener especial cuidado con el ruido. La idea es que uno entre y se sienta esa atmósfera propia de los spa”. Para lograr un espacio armónico, la arquitecta trabajó con unos pocos elementos que fue repitiendo, en el piso se usó un porcelanato Brasilia Cinsa de MK, en las cubiertas cuarzo blanco traslucido y para revestimientos y mobiliarios con las placas de terciado, que se combinaron con elementos metálicos negros en los muebles y en las luminarias. Alineada con esta búsqueda de confort espacial incluso se creó una playlist especial.
Respecto a la iluminación, Francisca comenta que como debía usar luz blanca, que es muy fría, la madera también ayudó a neutralizar ese efecto.

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La arquitecta, que desarrolló este proyecto hace un año en conjunto con el constructor Héctor Barrera y el mueblista Javier Arredondo, decidió que la disposición espacial de la peluquería también debía romper con los esquemas tradicionales. con una planta libre de 90 metros cuadrados, se llevó toda la funcionalidad propia de la peluquería a los bordes y se decidió dejar el espacio central vacío. Frente al ventanal que da al exterior, en tanto, se proyectó un gran mesón. “Toda peluquería tienen una situación de espera, por lo que decidimos cambiar el sofá por una mesa alta tipo bar que tiene 3.60 metros de largo. Esa fue otra apuesta que nos ha sorprendido, porque en esa mesa empezaron a pasar muchas cosas, anticipadas sólo en parte, como por ejemplo que llega una clienta con su computador y se pone a trabajar. Otra se toma su café e incluso una puede almorzar un sándwich que traía”, concluye Francisca.

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