Alex Brahm, + arquitectos: “La arquitectura es una carrera de fondo, no una de cien metros”

lunes, 29 enero 2018

Con destacadas obras de arquitectura a nivel corporativo, inmobiliario e industrial, la oficina + arquitectos ha desarrollado una trayectoria en la que la sobriedad se ha conjugado con una constante búsqueda de la innovación.

Por: Catalina Plaza S. / Retrato: Bárbara San Martín S.

Tras ganar, junto a la oficina alemana Sauerbruch Hutton, el concurso convocado por la Inmobiliaria Indesa para la construcción de un proyecto de usos múltiples en la esquina de Avenida Apoquindo con Manquehue, +arquitectos comienza este 2018 con importantes desafíos y suma al mencionado encargo la construcción de la segunda etapa de Transoceánica y la remodelación de un Edificio Enel (junto a O arquitectos y Gubbins Arquitectos). La oficina formada por Alex Brahm, David Bonomi, Marcelo Leturia y Maite Bartolomé se ha dedicado, desde que se formó en 2010, a la arquitectura corporativa, inmobiliaria e industrial, marcando una diferencia con sus edificios de líneas simples y finas. Los edificios corporativos de Transoceánica, Claro, Autopista Central, Autopista Vespucio Norte y la Torre CCU en Las Condes son parte de su portafolio.

Y aunque se trata de proyectos de gran envergadura, +arquitectos prefiere mantener una oficina relativamente pequeña porque, como dice Alex Brahm, les encanta hacer arquitectura y no ser administradores de arquitectos. “Nos gusta estar encima del asunto, no nos entretiene encargar para luego revisar y por eso nunca hemos querido crecer mucho más como oficina. La calidad final del diseño responde a que los socios estamos metidos directamente en los proyectos. Lo que hemos hecho en época de vacas gordas, cuando hay mucho trabajo, es que nos asociamos con otras oficinas y con eso formamos redes; además, aprendemos cómo trabajan ellos y ellos cómo lo hacemos nosotros. Tenemos nueva información, incorporamos nuevos aspectos al diseño y cuando vuelven las épocas de vacas flacas no tenemos que despedir a nadie ni cambiar la infraestructura, sino que simplemente dejas de asociarte”. En esta línea, +arquitectos trabajó con Flaño, Núñez, Tuca y ADN arquitectos en el celebrado edificio de la CCU en Las Condes, junto a Gubbins Arquitectos en el edificio MGV y recientemente acaban de terminar un proyecto muy interesante en Américo Vespucio Norte reeditando la sociedad con Flaño, Núñez, Tuca y ADN. Esta experiencia colaborativa hace que la oficina tenga una ética bastante particular y que recientemente hayan dado un paso inédito.

“La inmobiliaria Centinela encargó a estas mismas oficinas un edificio muy cerca de la Iglesia Santa Ana en el centro de Santiago, a un costado de un edificio que ya estaba terminando Cristián Undurraga. Nos gustaba mucho lo que estaba haciendo Cristián y queríamos hacer algo similar para que fuera armónico y así no cortar la fachada en dos edificios completamente independiente. Estábamos en eso cuando pensamos: ‘Para qué le cambiamos algo, hagámoslo igual’. Cristián nos mandó los detalles de la fachada y solo hicimos algunos ajustes. La municipalidad estaba encantada y el director de obras nos ayudó mucho porque se dio cuenta de que se producía un proyecto mucho más interesante, de hecho el edificio tiene un carácter institucional dado por estos pilares de hormigón prefabricados que van como una especie de celosía”, explica Brahm.

–Es inusual proyectar en base a la idea de otro arquitecto y dejar de lado los egos…

–Tomar ideas de los otros arquitectos es algo que se hace todo el tiempo, siempre los proyectos son un conjunto de ideas que uno ha visto. Viendo una revista de arquitectura me encontré con un proyecto de una pareja de arquitectos belgas, Anne Lacaton y Jean Philippe Vassal, que son muy sutiles para diseñar. Se anunciaba su proyecto para la remodelación de una plaza en Bordeaux y al hojear las páginas pensé que se habían equivocado porque solo veía una clásica plaza… Revisando me di cuenta de que les habían encargado remodelar la plaza y luego de ir y conversar con los vecinos decidieron hacer un listado de mantenimiento y no hacer ninguna obra y dejarla tal cual estaba. El artículo también hablaba de la ausencia de vanidad de estos arquitectos y este proyecto nuestro tiene algo de esto en el sentido de no querer destacar por sobre otra obra, sino que ser mejor “amigo” de los vecinos arquitectónicamente hablando.

–En Santiago han ido apareciendo cada día más edificios sobrios que definitivamente dialogan mejor con su entorno, lo que coincide con una generación de arquitectos que ya está más madura y que posiblemente proyecta con más humildad.

–En general, en Chile la arquitectura ha ido mejorando cada vez más. Antes eran solo algunas obras puntuales en la ciudad y bastantes más fuera de ella, sobre todo casas de playa. Faltaba arquitectura que tuviera relación con la ciudad y en esa línea creo que ha mejorado mucho. Hay una generación que hasta hace algunos años hacía proyectos más pequeños, pero que ahora accede a proyectos de mayor envergadura que tienen mayor impacto sobre la ciudad. Están empezando a aparecer más profusamente edificios de mejor calidad y de mejor nivel. También creo que los mandantes han empezado a entender que vale la pena y eso costó muchísimo. Me parece muy bien que uno acceda a proyectos de mayor tamaño cuando tiene más experiencia, porque la arquitectura es una carrera de fondo, no una de cien metros. Quizá puedes acertar con un primer edificio cuando estas recién titulado, pero hay una complejidad constructiva que requiere tiempo de desarrollo y experiencia. En Holanda, por ejemplo, se hacen concursos en los que, a diferencia de acá, te ponen edad máxima o restricciones como que solo concursen arquitectos que nunca han construido. Creo que hay que darle oportunidades a los jóvenes, pero no puedes construir las ciudades en base a eso.

–¿Cómo se gestó la idea de concursar asociados con Sauerbruch Hutton para el proyecto que Indesa construirá en Manquehue con Apoquindo?

–Nos conocimos hace más de 10 años y eso creo fue súper importante a la hora de participar en el concurso. Cuando hicimos Transoceánica hubo una petición expresa de que proyectáramos un edificio curvo, por lo que vimos fundamentalmente a dos referentes: Oscar Niemeyer y Sauerbruch Hutton. Estudiamos cómo resolvían los encuentros, cómo distribuían las oficinas, los núcleos, etc. Al comenzar el desarrollo del proyecto, ya habiendo visto su trabajo, participamos en varias misiones tecnológicas de la Cámara Chilena de la Construcción a Alemania para estudiar tecnología más avanzada. En una de las primeras, que también fue organizaba la CAMCHAL (Cámara Chileno–Alemana de Comercio e Industria) visitamos el edificio GSW proyectado por Sauerbruch Hutton en Berlín. Expuso Juan Lucas Young, uno de los socios de la oficina, que es argentino, y nos encantó el proyecto. Estaba adelantado 20 años a lo que se hacía en Chile. Nos presentamos y así empezamos a generar una relación con él y cada vez que volvíamos a Alemania nos seguimos viendo. Decidieron trabajar con nosotros aún cuando el riesgo era muy grande, ya que habían 16 oficinas invitadas al concurso, todas de muy buen nivel. Los entusiasma mucho este proyecto porque como oficina de arquitectura les parece mucho más atractivo trabajar en Latinoamérica que hacerlo en Dubái o en China, porque tienen una relación cultural mucho más cercana con nosotros. Se sienten con un plan muy similar al que tienen en Europa. Son una oficina que tiene un desarrollo especial en todos los aspectos tecnológicos que tiene que ver con eficiencia energética y sustentabilidad.

–¿Cómo fue el proceso creativo para dar con un proyecto común?

–Fue muy simple y práctico porque hoy día viajar no es algo tan complejo y cuando ya habíamos estudiado bien las bases y de qué se trataba todo el asunto, incluida la normativa para saber qué se podía hacer y qué no, viajamos a trabajar 10 días con ellos. Llegábamos un sábado en la noche y el domingo a las 4 de la tarde, a solicitud de ellos, ya estábamos trabajando con Matthias Sauerbruch y Juan Lucas Young. En esos días tomamos todas las decisiones importantes. Luego volvimos a Chile y empezamos un trabajo a través de Skype, conversando día por medio hasta que entregamos la primera etapa. Cuando quedamos seleccionados para la segunda, volvimos al esquema de las reuniones.

–¿Crees que su manera de afrontar el tema del espacio público incidió en la decisión del jurado?

–En la presentación que hicimos al directorio comentamos que en la reunión que tuvimos en Alemania, ese domingo a las 4 de la tarde, Matthias dijo: “Por la norma, por lo que piden como concurso, tenemos dos opciones grandes: hacemos una placa comercial grande que ocupe la manzana entera y sobre ella dos ‘elegantes torres’, una de viviendas y una de oficinas o hacemos un programa más complejo en el que distribuimos espacios públicos en distintos niveles y le damos especificidad a cada uno de ellos. Descartamos la primera opción y optamos por estratificar el proyecto horizontalmente y no verticalmente, lo que hace una diferencia muy grande. Este proyecto contempla espacios públicos al nivel de la calle, que son los más relevantes, por lo tanto los más públicos; otros sobre la placa, y por último otro al nivel del acceso a las viviendas. Se multiplica así el contacto ciudadano por tres, simplificando las cosas y así la interacción entre las personas se vuelve más generosa. El espacio público empieza a tener otras condiciones espaciales porque, por ejemplo, a los 10 metros de altura te independizas del flujo vehicular y empiezas a tener vista, entonces el espacio es distinto al del nivel del suelo y al del piso 9, que es el jardín de las viviendas. Son espacios que te ponen en otra condición espacial y que tienen un valor diferente al que tendrían en un mismo nivel de piso.

–¿Qué dificultades implica proyectar por primera vez un edificio de uso múltiple?

–Todos los edificios tienen algunas mezclas, pero es primera vez en que es algo tan nítido. En Chile hay solo un par de edificios que tiene ese carácter. Sauerbruch Hutton sí tiene experiencia en esta línea, pero un edificio tan grande como este, que además de ser de usos mixtos y contemplar aproximadamente 90 mil metros cuadrados, es un proyecto especialmente relevante para ellos. Alguna vez un cliente quería hacer algo similar y nos preguntaba si teníamos experiencia. La verdad es que no la tenemos específicamente en edificios de usos mixtos, y tampoco la necesitamos, porque estamos habituados a manejar programas de arquitectura que son sumamente complejos.

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