AMALIA VALDÉS, MÉTRICA

martes, 14 junio 2016

 

EL PRÓXIMO 25 DE MAYO SE INAUGURA EN SALA GASCO ESTA EXPOSICIÓN EN QUE, AUNQUE LA ARTISTA SOLO PRESENTARÁ DIVERSAS OBRAS EN CERÁMICA, SE VOLVERÁN A HACER PRESENTES LOS JUEGOS ÓPTICOS Y LA GEOMETRÍA QUE HA CARACTERIZADO SU QUEHACER.

Por: Catalina Plaza S. / Fotos: Matías Bonizzoni S.

El torno y la cerámica, el corte láser de planchas de acero inoxidable, el dibujo sobre una cuadrícula de papel, la tela y la pintura, las posibilidades múltiples de estas técnicas y materialidades se plasman en las distintas obras de esta artista que se ha caracterizado por desarrollar un trabajo manual muy delicado y riguroso a partir de la geometría. Próxima a inaugurar “Métrica” en Sala Gasco Arte Contemporáneo el 25 de mayo, Amalia Valdés presentará una serie de trabajos objetuales realizados en cerámica y dos instalaciones. Estos consisten en un mural asentado en la técnica del moldaje manual, una columna torneada por diversas piezas y tipos de arcilla, y un conjunto de piezas poligonales que al unirse irán formando diversas figuras. “Esta exposición partió con una idea completamente distinta, que es algo me imagino le pasa a muchos, y en el camino se ha ido transformando. Ha sido un proceso largo, intenso y de mucho aprendizaje. Trabajar con cerámica fue mi pie forzado, es un material con el cual siempre he trabajado, pero nunca he mostrado. Quise salir del papel y el metal, quería experimentar desde un lenguaje diferente. Me interesa mucho trabajar desde la posibilidad que brindan los materiales”, comenta Valdés.

Durante el año 2014, la artista realizó una residencia en taller BLOC que finalizó con una muestra individual el 2015 donde, con palmetas de cerámica industrial, elaboró una obra site specific. A partir de este trabajo nació la idea de hacer un nuevo mural para Sala Gasco. Será un desafío importante porque se trata de un muro de aproximadamente 4.5 por 10 metros y de 2.500 piezas.

–¿Por qué elegiste la figura de la “chakana” como tema central del mural?

–La chakana es la representación de un concepto que tiene múltiples niveles de complejidad de acuerdo a su uso, significa el puente a lo alto y constituye la síntesis de la cosmovisión andina. Asimismo, es un concepto astronómico ligado a las estaciones del año, como también permitía al hombre mantener latente su unión al cosmos. La chakana es el símbolo andino de la relacionalidad del todo. Hay en ella múltiples relaciones de correspondencia como, por ejemplo, entre el techo y el suelo, entre el sol y el fuego, entre el día y la noche. Me interesa por las connotaciones que tiene, porque además es una imagen que aparece en distintas culturas como la de Tiahuanaco, en los grabados chavín, en las alfombras persa, etcétera. Últimamente la he estado investigando y también aparece en la cultura mapuche, lo que me llamó la atención desde una posibilidad de ponerlo en valor. Es súper bonita la connotación que tiene, percibir cómo estas culturas se acercaban a lo que está arriba de nosotros y lo que está abajo, armando un puente entre lo espiritual y lo terrenal, además de acercarse visualmente a la geometría. Es ahí desde donde yo lo incorporo. Trabajé desde un positivo y un negativo de la figura chakana, creando un sobre y bajo relieve para luego deconstruir la imagen y dividirla en cuatro triángulos. Desde esta imagen fragmentada irán apareciendo juegos sutiles entre la figura y el fondo. Hay una relación perceptual entre las dos imágenes, por lo que se creará un juego óptico. Hay bastante del juego y del azar. Además del mural, hay una columna que está formada por piezas realizadas en torno, técnica generalmente asociada a lo utilitario y doméstico, en este caso busco descontextualizar esa mirada. La columna representa lo antiguo y lo ceremonial, la fragilidad y la ruina al mismo tiempo, algo del pasado y a la vez algo de tesoro, lo ancestral que conecta con otras culturas. En la segunda sala se instalan piezas de cerámica poligonales que, al unirse, van formando diversas figuras, de cierta manera se acercan al trabajo compositivo de mis pinturas, insertas en una cuadrícula ordenada.

–La idea de ensamble vuelve a estar presente en esta exposición.

–Claro, sobre todo en esta última serie y, por lo mismo, el título de la muestra (“Métrica”) me acerca a la noción de medida, que finalmente tiene mucho que ver con ritmos, masa, estructura, todos conceptos presentes en mi trabajo. El interés nace en que cada una de las piezas sea un monumento en sí mismo; que al estar en conjunto forman un total, múltiples piezas que tienen la posibilidad de moverse, combinarse de distintas formas y modificar su posición en el espacio.

–Hace 11 años expusiste por primera vez individualmente. ¿Cómo crees que ha sido tu evolución como artista? ¿Cómo ves con distancia a la artista de ese entonces?

–Fue saliendo de la universidad. Esa exposición fue la más tierna que he hecho en mi vida, yo era mucho más niña y lo que mostré fue parte de mi examen de grado. Eran pinturas y esculturas. Había un interés por la música y los ritmos que se tradujo en una serie de dibujos, croquis que realizaba durante ensayos de la Orquesta Filarmónica de la Universidad de Chile. Hoy miro hacia atrás y veo una evolución concreta, mucha investigación y experimentación con materiales y la diversidad de posibilidades de cambio que esto conlleva. En este caso particular, trabajar con un horno de cerámica ha sido completamente nuevo, otra forma de realizar los procesos.

 

Amelia Valdés

 

–Se piensa que la universidad marca a los artistas, pero al parecer la evolución en tu arte también ha estado marcada por talleres y cursos como lo que hiciste en el taller BLOC. ¿Cuánto han influido esas experiencias para cambiar el rumbo?

–A mi modo de ver hay influencia y también hay un proceso personal, uno se nutre de la vida, de los momentos, de las posibilidades que se presentan en el camino. Poder participar de un taller, conocer personas que están pensando, movimientos, personas que están creando y de las cuales puedes aprender, eso siempre es muy estimulante. Hoy, luego de esas experiencias, estoy viendo nuevas posibilidades que se me han ido presentando como residencias y exposiciones en otros contextos.

–El 2017 expondrás individualmente en Colonia y además realizarás una residencia de seis meses en Berlín. ¿Cómo se inició la internacionalización de tu carrera?

–En relación al aprendizaje del cual uno se va nutriendo, muchas veces de forma orgánica se van dando situaciones para que esto suceda. El mismo premio de Transparentarte que gané el año pasado, me permitió viajar a la Bienal de Mercosur en Porto Alegre, donde conocí personas ligadas al mundo del arte que tuvieron interés por mi obra. Del mismo modo, el trabajo realizado con Yael Rosenblut ha sido clave, ya que su enfoque siempre ha estado dado por el interés de internacionalizar la carrera de los artistas a los cuales representa, de esta forma hemos participado en diversas ferias de arte, como Art Toronto y Zona Maco en ciudad de México. A raíz de todo este movimiento, recibimos la invitación de Seipeel Galerie a exponer en su galería de Colonia, Alemania, y la idea es presentar mis obras en metal. A partir de esta futura exposición se dio la posibilidad de realizar una residencia en Berlín, aprovechando así de estar presente en el proceso antes, durante y después de la exhibición, cosa que me tiene muy contenta y entusiasmada.

–¿Cómo se coló el metal entre el papel y la cerámica?

–Desde el hecho de experimentar, apareció esta posibilidad de activar un poco más el papel, material recurrente en mi trabajo; por ahí surgieron trabajos con pliegues y luego la idea de cambiar el soporte. Partí con láminas de cobre y aluminio, intentando cortarlas yo. Por ahí, no me acuerdo quién, me sugirió que probara con el corte láser. Entre las idas a la fábrica apareció este acero inoxidable espejo y me enamoré del brillo, el reflejo y de ese juego que cambia un poco la percepción. He aquí un nuevo desafío que me hará volcarme a ese material, maleable, para mi high tech y de alguna forma peligroso.

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