Andrea Von Chrismar: “Abrirse camino requiere convicción, responsabilidad y mucho trabajo”

miércoles, 11 julio 2018

EL INTERÉS POR LOS GALPONES TÍPICOS DEL SUR DE CHILE Y EL USO DE MADERA RECICLADA HA MARCADO EL TRABAJO DE ESTA ARQUITECTA QUE OPTÓ POR ESTABLECERSE EN PUERTO VARAS Y COMENZAR DESDE CERO, UNA DECISIÓN QUE SE TRANSFORMÓ EN EL ESPACIO DE MAYOR LIBERTAD DE SU VIDA.

Por: Catalina Plaza S. / Fotos: Roque Rodríguez

Apasionada, llena de energía, convencida de que cualquier actividad, sin importar su dimensión, puede transformarse en un importante proyecto. Eso refleja, en parte, la personalidad de esta arquitecta de la Universidad Católica que decidió hacer una cambio radical en su vida y partir a vivir sola a Puerto Varas hace seis años y medio. Ese mismo ímpetu es el que ha puesto en cada uno de los 30 proyectos que ha diseñado en los últimos cuatro años, 15 de los cuales ya están construidos y otros 10 que hoy se encuentran en proceso y entre los que se cuentan dos que implican el reciclaje. Cada uno involucra un largo proceso de diseño que disfruta cada minuto, visitas de obra y atención en cada detalle. La arquitectura le corre por las venas. “He desarrollado en muy poco tiempo, demasiados más proyectos de los que jamás imaginé, eso es inevitablemente muchísimo. En este proceso, el crecimiento, el trabajo y el aprendizaje han sido exponenciales. Estoy feliz, soy una agradecida y me siento afortunada de poder hacer lo que más me gusta y vivir de esto”, afirma Andrea, quien tomó la decisión de dejar Santiago y partir al sur porque sentía mucha curiosidad por vivir fuera de la ciudad, específicamente en el campo. Durante un tiempo trabajó en un proyecto en Frutillar y, cada vez que viajaba, se abría su imaginario sobre una vida en el sur. “Venía mucho sola, tenía más horas de ocio que nunca y siempre encontré cosas muy buenas que hacer. (No era época de celulares aún). Soñaba con mi ‘casa galpón’. Básicamente quería vivir en un loft gigante de madera, que fuera mi taller, mi oficina, mi casa. Imaginaba un gran espacio con cocina, herramientas, disfraces, pinturas, lápices, papeles y maquetas, quería hacer todo en mi metro cuadrado. Este espacio soñado me permitiría poder tener todo a la mano para hacer lo que quisiera. Mi cabeza andaba a mil cada vez que lo imaginaba. Me las arreglé para venirme y ahora que lo cuento, parece que me enfoqué bien porque aquí estoy, haciendo todo eso que tanto soñé…. A propósito de lo de ‘sola’, me vine porque hice lo que me movía no más. Siempre he sido apasionada con lo que hago. Definitivamente, nunca imaginé quedarme de brazos cruzados en Santiago esperando ‘el amor’. He madrugado y trasnochado vendiendo pasteles, pintando muebles, estudiando, trabajando, diseñando casas o haciendo las cosas más simples como armar un paseo, haciendo un cumpleaños o cocinando. Si algo me mueve, me enfoco y trabajo para que salga y que salga como quiero”, reflexiona la arquitecta.

–¿Cómo ha sido comenzar desde cero?

–Comenzar de cero ha sido el espacio de mayor libertad de mi vida. Un tiempo de trabajo, aprendizaje, vértigo y, por sobre todo, de “creerme el cuento” y tener mucha confianza en mí misma.

–¿Cuáles han sido los proyectos más importantes y por qué?

–Tengo dos proyectos particularmente importantes, porque fueron “sueños cumplidos” como parte de la obsesión por los galpones típicos del sur de Chile. El primero y el más importante, mi Casa Galpón y, el otro, que la complementa: la Casa Cochamó. Mi casa fue mi primera obra acá en el sur y aunque ya llevo harta casa construida y más experiencia, sigue siendo una obra de la que estoy orgullosa. No por nada se transformó en mi “showroom”. Es el proyecto más importante, porque fue construir la primera parte de mi sueño de vivir en un espacio como un galpón. Pensaba sería un proceso de años y, sin embargo, se alinearon los astros. Por suerte los vi, tomé las oportunidades, me tiré “piqueros” y asumí responsabilidades para que esto sucediera. Me apoyé en cuanta persona se me pasó por delante. No conocía a nadie y confié en todos, conocí a mucha gente en el proceso, recibí opiniones, consejos, datos y, por suerte, caí siempre en buenas manos. Al año dos meses de haberme venido al sur, me estaba instalando en mi casa en el campo, diseñada y construida por mí y no me la creía. Es una casa que brilla por su sencillez. Son 140 m² sumados a dos corredores exteriores y un lavadero con bodega y leñera que está afuera. Tiene tres dormitorios, dos baños, estar, cocina, comedor integrados y mi taller. Está forrada por dentro y por fuera con tablas de 1×8”, no hay lujos técnicos, es luminosa, se siente muy amplia, se calienta con una bosca y es tremendamente eficiente en términos energéticos. Para mí, esta casa conquista la esencia de lo que más me interesa trabajar que es la síntesis. En la arquitectura, esta debe articular necesariamente temas prácticos, de belleza y costo. En el proceso de diseño y construcción de mi casa tuve que llevar esto al máximo para llegar con el presupuesto que tenía a hacer lo que yo quería. Las decisiones más pequeñas eran importantes, porque me afectaba personalmente en la gestión de construcción que tenía que resolver sola y en el presupuesto, que era bastante acotado. Trabajar con poco es un ejercicio muy bueno, porque vas dejando de lado todo aquello que es accesorio y la obra se limita a lo justo y necesario.
“La Casa Cochamó fue otro proyecto que marcó mi inicio, porque fue la primera casa que diseñé y construí con madera reciclada, que era parte del mismo interés por los galpones. El interés por estas construcciones no se trata solo de la forma y el espacio interior, sino también involucra el material. La madera con la que están construidos: roble pellín, laurel, ulmo, mañío, tepa, son maderas nativas hoy en extinción o difíciles de conseguir”.

–El reciclaje es uno de los temas que más te interesa.

–El reciclaje de casas y galpones antiguos de demolición es mi lujo asiático. Es una materia prima noble y escasa. La estoy trabajando en dos proyectos que están en construcción. Uno lo estoy terminando, el otro empezando. El reciclaje tiene muchas aristas que complejizan tanto el diseño como el proceso constructivo. Es un proceso de menos certezas o bien, de más rigidez. Tienes que improvisar con lo que llega o tienes que limitarte a lo que hay. En general, yo trabajo con la improvisación, por lo tanto lo hago con personas conocidas de mucha confianza que saben de qué se trata y lo valoran. Conseguir la madera es un tema en sí mismo y para qué decir guardarla, seleccionarla y trabajarla tabla por tabla.

–¿Cómo definirías tu sello como arquitecta?

–En el pequeño mundo de las casas de madera en el que me muevo, trabajo buscando la sencillez en tres variables: la nobleza de los espacios por sobre la cantidad de m², el trabajo de la luz por sobre la variedad de materiales y el sentido práctico en el uso. Tengo estas variables como máximas. No sé si aún son mi sello, pero me encantaría lo fueran.

–¿Crees la mujer tiene un rol especial en la arquitectura?

–No creo en roles especiales o diferenciados por género. Existen personas con roles distintos según sus habilidades, mirada, sensibilidad y postura crítica, pero nada tiene que ver aquí el género.

–¿Cuesta más abrirse camino siendo mujer?

–Si hablo específicamente desde mi experiencia en el sur, el lugar donde me he armado profesionalmente, solo puedo decir que ha sido la de un montón de oportunidades y apoyo. Creo que en regiones hay muchos menos prejuicios que en Santiago y el “abrirse camino” requiere convicción, responsabilidad y mucho trabajo.

–¿Cómo describirías tu proceso creativo?

–Estoy completamente enfocada en la observación de los antiguos galpones de guarda típicos del sur de Chile. El proceso creativo en relación a la imagen del volumen en el paisaje y su espacialidad interior, lo he acotado principalmente a la observación de estas construcciones. Este trabajo de observación ha desencadenado en un registro fotográfico de estos “monumentos” de la zona, lo cual se ha convertido en un proyecto en sí mismo. Debo tener el registro de más de 100 galpones de la cuenca del Lago Llanquihue y sus alrededores. El estudio de este tema específico como herramienta de diseño ha sido muy interesante porque me ha permitido explorar sobre una forma muy sencilla y conocida, espacios y relaciones con el contexto muy diferentes entre sí. El diseño del interior y su relación con el contexto, tiene su propio proceso creativo. Aquí intento poner en valor una atmósfera que está directamente relacionada con la forma de vida de los propietarios. Mi objetivo es interpretarlos de la mejor forma posible para poder responder de igual manera a su encargo. En este contexto hay diferencias enormes, algunos prefieren vivir en una especie de “pecera” (puro vidrio y sentirse afuera), otros optan por el concepto de un refugio cálido volcado hacia el interior (por supuesto sin perder vistas), otros por un espacio más fresco y neutro que no les canse. La cocina es hoy día un espacio de interés transversal a todos. Lo que no se puede quebrar en esta multiplicidad de interpretaciones, es la imagen del galpón. La pregunta para mí es cuánto y dónde debo perforar esa “cáscara” para que conserve y no pierda la esencia del galpón desde el exterior. El proceso creativo es el momento de la prueba y error, del estudio de medidas, de proporciones, de órdenes distintos, de trabajar con varias propuestas y cambiarme de una a la otra sin problemas. Me gusta partir por un lado y después por el otro. Es un proceso sin orden. Solo necesito tiempo y estar sola varios días seguidos haciendo lo mismo. Es la única parte del proceso que no suelto, aunque sí la comparto para recibir opiniones.

–¿Cuál es la parte del proceso de proyectar que más disfrutas?

–El anteproyecto, que es el momento del proceso creativo que hablaba anteriormente. Y la obra, que para mí es otro momento importante de ajustes y reformulaciones, por lo tanto lo sumo como parte importante del proceso de diseño.

–¿Qué desafíos implica construir en el sur de Chile?

–Los desafíos de construir en el sur de Chile van mucho más allá del trabajo de mi oficina. Tienen que ver con conocer, tomar conciencia y cuidar nuestro territorio. Este patrimonio natural está desgraciadamente en un momento muy vulnerable y esto es falta de educación. Informarnos sobre las leyes del territorio natural para sumarnos al cuidado de los corredores biológicos, las aguas, las zonas de riesgo, los bosques nativos y tener conciencia que cada uno de nosotros estamos integrados a esta naturaleza y somos parte de este sistema mayor, es uno de los mayores desafíos que implica construir y habitar en el sur de Chile.

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