Arriba el Telón

lunes, 8 septiembre 2014

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COLORES FUERTES, MUEBLES ANTIGUOS, OBJETOS DE DISTINTAS PROCEDENCIAS, UNA MEZCLA QUE ENCANTA Y QUE CONVIERTE A ESTA CASA EN UN REDUCTO DE CREATIVIDAD SIN LÍMITES. LOS  APLAUSOS SON PARA SU DUEÑA, LA TALENTOSA ESCENOGRÁFA SUSANA BOMCHIL.

Por: Catalina Plaza S. / Fotos: Matías Bonizzoni / Producción: Francisca Reyes C.

Entrar a esta casa es viajar hacia un mundo mágico, a una escenografía magnífica, a un gran universo donde todo puede pasar… Se trata del refugio de la pareja formada por la escenógrafa Susana Bomchil y el actor Jaime Vadell, quienes habitan aquí hace más de tres décadas, tiempo que ha convertido a este lugar en un espacio único, cargado de carácter y de miles de anécdotas que están impregnadas en cada rincón. Son justamente los cuadros, objetos, adornos, muebles, tapices, los que generan un rico diálogo y entregan pistas de la vida de sus dueños.

Susana Bomchil y Jaime Vadell llegaron a esta casa tras un acontecimiento bastante doloroso. Corría 1977 y Jaime Vadell y José Manuel Salcedo habían montado la obra “Hojas de Parra”, basada en poemas de Nicanor Parra, en una gran carpa en Providencia. La obra, que tocaba tangencialmente la actualidad nacional, no tardó en convertirse en un éxito, pero todo terminó cuando la carpa fue incendiada, supuestamente por agentes de inteligencia del gobierno de la época. “Vivíamos bastante cerca de la carpa, en la calle Galvarino Gallardo. Después del incendio, decidí irme del barrio y empecé a buscar casa hasta que llegué a ésta”, recuerda Susana. Fue justamente con esta misma obra con la que debutó como escenógrafa, una carrera que le daría muchas satisfacciones y que la pondría a cargo de una treintena de montajes. Y es justamente esa capacidad suya para generar ambientes lo que también se da en esta casa. Sobre todo en el área donde se encuentra el living, comedor, cocina y dormitorio, todo en un gran espacio de doble altura, teñido por un azul fuerte de los muros y coloridos tapices, recientemente renovados, que se mezclan a la perfección con los muebles y cuadros, heredados o comprados en anticuarios; y con los objetos traídos de los viajes y con uno que otro elemento encontrado en un mercado o incluso en un almacén de barrio.

Una de las cosas que más llama la atención es que la totalidad de los ambientes estén unidos, algo que hoy parece muy convencional, pero que en su momento resultó toda una osadía. “Fue bastante adelantado, la gente no lo podría comprender”, cuenta Susana mientras conversamos en la mesa del comedor y miramos una preciosa instalación que es protagonista. Se trata de varias “Hadas madrinas” tailandesas que cuelgan del cielo, generando una escena muy especial. Muy cerca, la lámpara de techo, comprada en Nagel. Así, se suceden muchos rincones, cada uno muy especial y creado con gran dedicación por Susana, que reconoce que ha sido en los anticuarios donde ha encontrado gran parte de los muebles que se encuentra en la casa. Busquilla, también explica que muchas de las puertas fueron compradas en diversas demoliciones. De esta forma, se va conformando un lugar muy armónico y original, cargado de creatividad, una casa llena de vida, con carácter y que invita al buen vivir.

“Me hace feliz estar acá”, dice Susana espontáneamente. Eso se nota, en ella y, por supuesto, en éste, quizás, su mejor montaje…

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