BENJAMÍN OSSA: PURA INTUICIÓN

jueves, 10 marzo 2016

PROCESOS ORGÁNICOS, PRIMITIVOS, QUE NACEN DE LAS ENTRAÑAS, SE ENCUENTRAN EN “NO HAY FORMA DE PERDER EL TIEMPO”, MUESTRA QUE EL ARTISTA INAUGURA ESTE 12 DE MARZO EN GALERÍA ARTESPACIO Y EN LA QUE OSSA MEZCLA VARIAS DE SUS OBSESIONES: TIEMPO, PAISAJE E INTERACCIONES HUMANAS…

Por: María José Mora D. / Fotos: Matías Bonizzoni S.

El arte siempre fue parte de la vida de Benjamín Ossa, a los ocho años comenzó a ir a una academia de pintura dos veces por semana y ahí descubrió que esa era su pasión, por lo que no dudó en entrar a estudiar Artes Visuales a la Universidad Finis Terrae. A pesar de ser un alumno destacado, a Benjamín le faltaba algo, por eso, luego de titularse, entró a Diseño en la Universidad Católica. “Necesitaba un poco más de conocimiento técnico y algo quizás más concreto. Aprendí de iluminación, polímeros, construcción de maqueta, modelado… Era muy práctico todo y ese paso me ha servido mucho para plantearme mejor cómo aplico las ideas, cómo las hago reales”, cuenta Ossa.

Actualmente, Benjamín vive un año lleno de actividades, ya que, además de estar preparando la muestra “No hay forma de perder el tiempo”, en Artespacio, paralelamente arma material para una exposición colectiva junto a otros artistas chilenos como Aymara Zegers y Javier Toro Blum, que se presentará durante abril en la Galería Sobering en París. También está trabajando en la instalación sonora que se ubicará de manera permanente bajo el paso nivel del Puente Gran Envergadura de la comuna de Renca. Y si esto fuera poco, prepara el lanzamiento de “Libro Primero” junto a Ediciones Daga, el que recopila parte de su trabajo desde el 2013 hasta la fecha. Finalmente, en septiembre expondrá en la Galería Aldo de Sousa en Buenos Aires, hecho que lo tiene muy contento, ya que es su primera muestra individual fuera del país.

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–En muchas entrevistas se repite la palabra “científico” para referirse a tu trabajo. ¿Por qué crees que pasa eso?

–¿Es raro o no? La verdad, no sé por qué usan esa definición, quizás es por los procesos a los que me ligo. La luz, el color, el sonido, que son cosas medibles donde la ciencia ha desarrollado diversos campos de conocimiento, pero también me acerco desde la filosofía y el mundo orgánico y biológico. Y es ahí donde se genera un cruce muy bonito, porque se ve la luz leída desde la filosofía, por ejemplo. Trato de leer mi entorno, cómo nos relacionamos con él, cómo modificamos los espacios, cómo percibimos. Estos intereses los intento reflejar en mi trabajo y trato de responder a través de este ciertas preguntas algo trascendentales o, al menos, que me permitan reflexionar.

–¿Es difícil vivir del arte en Chile?

–¿Qué es difícil? Depende de cuáles sean tus aspiraciones. Existe un prejuicio de la opinión pública respecto a las carreras internacionales de los artistas. Muchos creen que es muy difícil o casi imposible trabajar desde acá. Si te fijas en la prensa siempre aparece: “Artista triunfa en el extranjero”, tenemos esa cosa medio pueblerina de que se valora lo que triunfa afuera, porque nos cuesta poner en valor desde Chile, pareciera que siempre necesitamos la aprobación de alguien más, pareciera que no se puede pensar algo interesante desde acá, solo pensamos en absorber y no entregar. El ejemplo más radical es lo que sucedió con el Pritzker de Aravena. Hace mucho rato los arquitectos vienen haciendo un trabajo excelente, hace tiempo trabajan en el extranjero, y muchos –por lo que he leído– lo hacen desde Chile. Por ejemplo, Pezo Von Ellrichshausen trabajan desde Concepción y proyectan casas en todo el mundo, pero en el ámbito del arte eso no se ha dado, o si ha sucedido, es menos voluminoso, no ha tenido esa vitalidad. Finalmente, creo que es un tema de perspectiva y convicción, al que quiere que le vaya bien y hace las cosas para lograrlo le va a ir bien, esté donde esté. Muchos creen que se les puede facilitar afuera, pero el tema es que también te puedes volver invisible… Creo que con un trabajo consistente, metódico y de mucho esfuerzo también se pueden abrir desde acá, Chile es un lugar increíble, por lo menos a mí me inspira.

–¿Buscas un hilo conductor que cruce tu muestra?

–Claro, aunque la relación no se percibe a simple vista, ya que formalmente es muy disímil. La relación entre una sala y la otra es bastante subterránea. Hay veces que las cosas empatan superficialmente, pero en su fondo, no tienen ninguna conexión; en esta muestra eso es al revés. Yo no trabajo con materialidades o técnicas específicas que me hagan desarrollar un tipo de obra predecible. A mí me interesa que la materialidad con la que estoy trabajando encaje conceptualmente y técnicamente con lo que estoy proponiendo en el momento, y claramente eso va cambiando y moldeándose acorde a los nuevos proyectos e ideas.

–¿Cuál es el tema central detrás de “No hay forma de perder el tiempo”?

–Aquí se vive una dualidad física y otra filosófica-metafísica acerca del concepto del tiempo. Podríamos hablar de la dimensión más rigurosa en relación al espacio o a un objeto o incluso podríamos llegar a una relación más metafísica en torno al ser y a cómo percibimos el tiempo. Entonces, en ese sentido, la exposición se relaciona con el concepto de temporalidad en tres puntos: el primero es a través de una serie de 11 esculturas de plástico rojo, estas eran planchas de 1.20 x 2.20 metros que entraban a unos hornos que estaban a 250 grados. Con ello, el polímero se volvía moldeable, perdiendo su estructura de plano. Así lo entregaban y yo contaba con pocos minutos para manejarlo, para relacionarme con ese material. Entonces mi relación y tiempo con el material queda registrado en el plástico como un remanente o pulsión de una situación. Ahí se dan varios fenómenos: el tiempo, la gravedad, la consistencia física del material y la espontaneidad que mi cuerpo es capaz de entregarle a ese material. A estas esculturas las acompañan fotografías análogas que plasman el momento exacto de cuando fueron concebidas. No quería fotografía digital, porque con ella puedes sacar mil fotos por minuto hasta hacer casi una animación con ellas. Quería algo analógico, porque me interesaba que hubieran pocas oportunidades de plasmar el momento, eso hace que todo se una, que exista una relación. En el segundo piso está la relación con el paisaje y con el otro, todo siempre unido al tiempo, su fugacidad y cómo nos afecta, mediante fotografías que registran el paso del tiempo, el color y la luz del cielo del desierto de Atacama, y volúmenes que se utilizan para observar y negociar lo que queremos como individuos ver en común.

–Recientemente ganaste el concurso de la Fundación CorpArtes y Autopista Central que busca recuperar el paso bajo nivel del Puente Gran Envergadura. ¿En qué consiste tu propuesta?

–Fue una sorpresa la verdad, no pensé en ganar. Además, me presenté con artistas muy talentosos y muy reconocidos –como Iván Navarro y Sebastián Errázuriz–, por lo que era una competencia difícil. La convocatoria me pareció muy interesante y agradecí la invitación. Me interesé mucho en el proyecto, porque me llamó la atención la energía que hay en ese lugar. Esto es en un paso bajo nivel y la invitación era a intervenir un muro, pero al ponernos a conversar me di cuenta de que era casi imposible por el ruido que había, el paso de los automóviles totalmente random que no tiene un orden lógico y eso me recordó esa noción orgánica de la naturaleza y del cuerpo humano, esa fue la asociación que hice. La energía que ahí existe la percibí de manera natural. Fue así como comencé a ver cómo podía hacer una instalación que permitiera que el peatón sintiera y entendiera lo que ahí está pasando. Entonces, había que tener algún elemento que denotara esa vibración y me decanté por el sonido donde solo se escuchan dos notas Re y La en distintas frecuencias para que lograran complementarse, así el proyecto tomó forma y espero esté listo durante el segundo semestre de este año. Claro que como todo proyecto requiere de afinamientos y reevaluar ciertos criterios; estamos hablando de una obra de arte inédita en su funcionamiento y lugar de emplazamiento porque la participación de todas las partes involucradas se hace fundamental para el apropiado funcionamiento de este aporte a la ciudad.


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