En Cachagua, el guardián de los cáctus

jueves, 11 mayo 2017

En uno de los terrenos más lindos de Cachagua, Santiago Figueroa lleva seis años armando una reserva de cactus con fines de conservación. Recorre Chile en búsqueda de semillas para reproducir estas plantas en su vivero, donde ya tiene más de 9 mil unidades de cientos de especies chilenas, la mayoría endémicas y al borde de la extinción. Este año abrirá su vivero al público y ya tiene un primer proyecto de reforestación de cactáceas, algo inédito en Chile.

Por: Sofía Arnaboldi / Fotos: Sebastián Kaulen

Santiago Figueroa se acuerda de los veranos de su infancia cuando exploraba el extenso terreno que su familia tiene en Cachagua junto al mar al norte de la playa Las Cujas. El borde costero estaba lleno de cactus. Encontraba trozos de estos, secos, sin espinas, aparentemente muertos. Los recogía, los plantaba en un macetero y, después de un tiempo, los cactus se recuperaban y él los devolvía al lugar donde los había encontrado. Esos son sus primeros recuerdos con los cactus y él rastrea a ese tiempo su fascinación por ellos. Con un gorro de paja, un mate en la mano y la compañía de Amaro –un perro policial– camina por ese mismo terreno, donde hoy vive, recordando su infancia mientras hace un despliegue de todo lo que sabe de estas especies. Se detiene en una roca y apunta a un grupo de cactus del porte de una moneda de 10 pesos que nacen desde una grieta. “Hace 10 años fotografié estos cactus y han crecido muy poco en todo este tiempo, siendo que estas especies pueden medir hasta un metro. El tamaño de las cactáceas no tiene relación con su edad”, comenta. Unos pasos más adelante se acerca a un cactus que tiene un fruto seco, lo toma y lo abre, dejando ver en su mano miles de puntitos negros minúsculos. “Cada semilla de cactus tiene una manera diferente de propagarse, a algunas se las lleva el viento, otras las esparcen los pájaros… Luego toma el fruto de otro cactus y muestra otras semillas envueltas en una sustancia viscosa y agrega: “A estas se las llevan las hormigas y las reparten por todos lados”, agrega.

Cuando Santiago estaba en el colegio, sus papás le regalaron una guía de cactus y empezó a viajar identificando las diferentes especies de Chile. “Conocí a algunos cultivadores y aprendí un poco más sobre cómo reproducir cactus desde semillas. Me interesé por recorrer Chile recolectando la mayor variedad de estas”, dice. Una vez que terminó el colegio, armó –con la ayuda de su hermano y un amigo– su primer invernadero. Estudió paisajismo y en 2011 se fue a Cachagua a cuidar de uno de sus perros que estaba enfermo. Durante su estadía armó un segundo vivero dedicado a la reproducción de cactus a partir de semillas. Nunca más volvió a Santiago. Hoy tiene tres invernaderos con más de 9 mil cactus, casi todos de semillas plantadas por él. “Hay muchos en peligro de extinción. La mayoría de las especies chilenas tiene problemas de conservación”, comenta. Según el libro “Cactáceas en la flora nativa de Chile”, de las 145 especies chilenas, casi todas endémicas, solo siete no están en peligro de extinción. Los cactus son la variedad de plantas más nuevas del planeta.

Se adaptan a casi todos los ambientes: desde los desiertos, donde evolucionaron para vivir con poca agua, hasta las montañas o selvas tropicales, donde crecen arriba de los árboles y se desarrollaron para vivir sin luz. En el mundo hay cerca de 150 géneros de cactus y miles de especies, y el invernadero es un fiel reflejo de esta diversidad de formas y colores. Algunos tienen espinas que parecen la piel de un animal, otras parecen pelos o nidos de pájaros. Su colorido va del verde al morado y sus llamativas flores brillan con rojos, amarillos y blancos. Santiago se pasea con un pincel para mostrar cómo poliniza dos cactus diferentes: toca una de las flores rosadas, luego con el mismo pincel barre otra flor, luego las cubre para que ningún insecto realice una polinización cruzada y anota la cruza que acaba de realizar en una etiqueta que clava en el macetero correspondiente. “Soy obsesivo con el orden, me preocupo de que todo se vea bien, que esté bien clasificado”, comenta. Se detiene frente a un cactus y explica cómo realiza injertos: cuando hay un cactus de crecimiento muy lento, lo injerta en la base de uno de crecimiento, rápido para aprovechar la fuerza de este último. Más que un vivero, parece un laboratorio y Santiago, el científico que conoce cada uno de sus cactus, sabe cuántos años tienen, cuál es su lugar de origen y se emociona cuando se da cuenta de que uno floreció por primera vez o que dio frutos. Cada una de sus semillas ha sido recolectada por él a lo largo de Chile y georreferenciadas con un GPS, con fines de conservación. Muchas veces vuelve a los mismos lugares para ver qué ha pasado con una determinada población de cactus. “Me interesa tener la mayor variedad posible de cactus chilenos reproducidos desde semillas de hábitat y mantener poblaciones vivas en el invernadero.

Muchas de estas especies están desapareciendo por la destrucción de sus ecosistemas, aumento de la desertificación, tráfico de plantas y por la sobrecolecta de coleccionistas”, cuenta. Tras cinco años dedicado a tiempo completo a esta actividad, este año abrirá el vivero al público. “La verdad es que mi propósito inicial nunca ha sido vender, sino investigar, por lo que me he tomado esto con tiempo. Mi fin es tener poblaciones de cactus aquí para reproducir fuera de su hábitat, lo secundario es vender”, afirma. Y agrega: “Mi idea es seguir investigando los cactus chilenos, tener una especie de arca de Noé para reproducirlos a través de semillas, un jardín botánico que esté disponible para proyectos de conservación”. Y su trabajo ya está dando dado frutos: la Fundación Lobos Por Siempre le encargó reforestar el borde costero de Punta de Lobos con los cactus endémicos que antes poblaban el lugar, el primer proyecto de este tipo que se ha hecho en Chile. www.cactuslagarto.cl

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