Cambio de piel

jueves, 9 enero 2014

Aunque fue recientemente renovado, el departamento de este decorador tiene su sello inconfundible y una puesta en escena que fascina. Los espacios asombran, pero aún más el estilo directo y sin pudores de su dueño. Aquí un encuentro para hablar de decoración y de muchas otras cosas…

Por: Catalina Plaza S. / Fotos: Gonzalo Romero T.

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No es sólo su mundo más íntimo, el departamento de Andrés Alsina es también el fiel reflejo de su manera de ser y de vivir, de lo que le gusta y le apasiona, y de un incondicional amor por la estética. Como está lejos del statu quo, cada cierto tiempo Andrés cambia de piel y renueva por completo su casa; un ejercicio que le permite mostrar todas sus facetas, aún cuando siempre hay un hilo conductor que caracteriza sus propuestas: sofisticación, elegancia y un aire francés innegable se apropian de cada espacio.

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Fiel colaborador por años de esta revista, no es primera vez que nos abre las puertas de su departamento. Teniendo en cuenta que no lo publicábamos hace ya cuatro años, la novedad es a toda prueba. Lo que sí, es imposible hacer la típica descripción de cada uno de los espacios, porque con Andrés hablar de decoración es hablar de la vida y de su particular mirada sobre cada cosa que a uno se le ocurra y si el gusto o estilo de vida de los chilenos sale a la palestra, la cosa se pone, por decirlo menos, entretenida.

Versátil como es, su creatividad trascendió hace rato el puro mundo de la decoración, ya ha publicado dos libros y se encuentra trabajando en una tercera entrega, “Mundo Alsina”; tiene una línea de ropa y hace clases de interiorismo a los más diversos personajes que repletan sus cátedras y que distan mucho de ser sólo un grupo de mujeres que quiere aprender un poco de decoración. Las clases son para Andrés “algo muy terapéutico” y la gran gracia es que, en los últimos ocho años, han pasado por las “aulas” desde arquitectos, periodistas y abogados, hasta alguno que otro ilustre señor.

A28Z7062Esta diversidad de roles le permite, según explica, tener libertad creativa absoluta. “Mi departamento siempre ha sido mi gran laboratorio de ensayo, la libertad es absoluta y no tengo que estar condicionado a las licencias o restricciones de un cliente. No tomo el camino fácil. Nunca he sido el señor del sofá en L ni de la lámpara arco, siempre está mi parte más ecléctica, del drama, del efecto ¡wow! Hoy me puedo dar el lujo de cambiar mi registro cuantas veces quiera, porque, además, me parece una falta de respeto que los decoradores chilenos muestren la misma casa hace 20 años. Esta renovación responde a que cada vez quiero transar menos con el medio y presentar una imagen que tenga que ver con quién soy y no con lo que sea tendencia”, sanciona sin pudor y agrega: “El mínimo respeto es que la gente vaya viendo cómo uno puede cambiar. La gente ya no quiere comprar cosas que sean ‘para toda la vida’, porque la gente cambia, y con ella los ciclos y estados anímicos. A lo mejor en cinco años más me vuelvo minimalista… aunque no creo”, comenta, entre risas.

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Como sea, en el departamento de este decorador se respira un innegable aire francés, que se equilibra con toques súper contemporáneos y propios, como el gran retrato de su musa Faye Dunaway –pintado por su hermana, la artista Soledad Alsina–, que se ve genial junto a las sillas siglo XVIII con tapiz original Aubusson.

El sentido del gran espectáculo siempre ha sido un referente en los ambientes Alsina.No hay dudas. La mayor gracia es que lo logra incluso en pocos metros. De hecho, su departamento no alcanza los 100 metros y en éstos se suceden muchos rincones y cantidad de muebles y antigüedades. Un ejemplo es el comedor para dos junto al magnífico cabinet, inspirado en un edificio de Belgrave, una de las piezas preferidas del decorador, y el Farol original siglo XVIII; o el espacio donde destaca Day bed Luis XVI, plintos y globos almirales art deco.

En su pieza, en tanto, lujo por donde se lo mire. Cama Ralph Lauren, colcha Tricia Guild en dos colores, lámpara Imperio de bronce y mármol original, mesas nido de espejos biselados con elementos maravillosamente escogidos.

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“Toda mi vida he vivido en chico y he privilegiado cada metro cuadrado. Cuando uno vive en pocos metros, siempre está obligado a negociar; vale decir, tener súper claro cuáles son las cosas más importantes que tienen que estar integradas en tu diario vivir. Claramente en mi mundo chico el tema estético es muy importante, es todo aquello que me transporta fuera de una realidad mediana país, porque claramente tener esto en Nueva York o en París sería impensado”, comenta Andrés, que es muy crítico de los estándares respecto a la decoración en el país. “El chileno se agranda muy rápido y pasa de un departamento como éste a una gran casa y empiezan con todo el tema de la inversión, pero sólo en la cáscara. La decoración queda al margen. Las personas no se pasean de noche con una linterna admirando lo lindas que son sus casas… Las casas hay que vivirlas y el chileno no invierte en lo que internacionalmente se dice que deberíamos invertir que es la decoración de una casa y que es alrededor del 30 por ciento del valor de la propiedad”, sanciona Alsina que para terminar, acota, más allá de los números: “En este país ya no hay motivos para no vivir bien, la oferta que hay es muy grande, no en términos de lo que puedes conseguir, sino respecto de precios, no veo motivos para que la gente siga viviendo mal”.

Y Andrés vive bien y rodeado de cosas lindas. Muchas de las antigüedades, por ejemplo, han llegado directamente desde Buenos Aires gracias a la alianza que el decorador tiene con dos importantes anticuarios.

Más allá de los objetos, muebles, tapices, etcétera, lo de Andrés tiene que ver con otra cosa. Finalmente se trata de su actitud y cómo pone pasión en todo lo que hace. El mejor ejemplo, antes de irnos, una taza de té Teteras Bernardaud, platería, copas de Baccarat, lindos manteles y exquisiteces siempre a la mano.

El mundo Alsina es así.

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