Catalina Prado: Paisajes transitorios

viernes, 6 abril 2018

La artista presenta en Sala Gasco una muestra en la que abundan paisajes y personajes que invitan a que el espectador construya historias y se traslade a otra dimensión de tiempo y espacio.

Por: Catalina Plaza S. / Fotos: Matías Bonizzoni S.

A través de más de 20 telas de mediano y gran formato, la artista de la Universidad Católica Catalina Prado (1970) recrea escenas que encuentran su origen en diversas sensaciones. Estas se plasman en atmósferas nuevas, que rozan la irrealidad y que invitan a mirar las obras desde distintas perspectivas. El uso de papel de folia, mediante una técnica elaborada por la propia artista, logra que las pinturas muten de acuerdo a la luz y que trasladen al espectador más allá de la realidad física. “Las figuras parecen hologramas en la ficción pictórica de Catalina Prado. Evocan seres reales: probablemente lo son, pero acá su atractivo es no serlo, sino confabularse con el tiempo para haber sido, quizás, o poder serlo en alguna instancia aún por venir. Podría ocurrir también que sean seres simultáneos al momento en que fueron pintados, que sean presentes ya no pretéritos ni futuros, o que sean simultáneos al momento en que los observamos en los cuadros al recorrer la exposición o en estas páginas al hojear el catálogo, lo cual los vuelve atemporales, entonces, y a su vez permanentes. Lo claro es que existen más allá de nuestra voluntad, de la de la propia artista; existieron siempre o, más plausiblemente, existen cuando los convocamos, lo cual igual supone que están ahí siempre, latentes, esperando por nuestra percepción o memoria para manifestarse”, escribe el artista Mario Fonseca al repasar la obra de Prado.

–¿Cómo es tu proceso creativo?

–Yo diría que parte de una sensación de la que me gustaría hablar, desde ahí comienzo a elegir los medios para llegar a verla aparecer en la tela.

–En esta exposición, la atmósfera pareciera tener más importancia que los personajes que la habitan, a diferencia de lo que sucedía en tu obra anterior.

–Esta exposición habla de lo fugaz, de un instante en la vida de una persona cualquiera. Lo presenta como suspendido, en una brevísima pausa, para que podamos verlo antes de que cambie para siempre. Está inmerso en un paisaje o atmósfera tan transitoria como lo es ese instante. Esta exposición habla ya no de un personaje en particular que relata una historia, sino de la sucesión de momentos milagrosos que constituyen la vida.

–En el texto que presenta la exposición te planteas la pregunta: ¿qué es lo que veo cuando veo?, como una aproximación a estos trabajos. ¿Buscas que el espectador también se haga esa pregunta?

–El uso de la folia metalizada con sus reflejos caprichosos, que no puedo controlar, fue lo que me permitió acercarme de manera visual a la sensación de impermanencia y mutación. Este material reflectante hace que los personajes a veces estén como envueltos en luz y en otros momentos como rodeados de materia sólida, según el ángulo desde donde se los mire. De esta manera, consigo una obra cambiante, capaz de ser muchas en una sola.

–¿Qué te empujó a dar ese giro?

–Pienso que no hay un cambio de rumbo en esta exposición, yo diría que más bien es un peldaño más en el desarrollo de mi propuesta pictórica, la que espero siga profundizándose y creciendo en contenido con el tiempo y la madurez que no termina de llegarme.

–Hay casi solo hombres en las obras.

–Sí, porque descubrí que pintar mujeres como protagonistas era demasiado autobiográfico, me enredaba con los límites entre ellas y yo. Ahora que no las dejé entrar, se me ampliaron los puntos de vista; hoy puedo ser observadora externa de mis obras y elegir cómo involucrarme.

–¿Qué hay de ti en esos personajes que están siempre pensando y observando?

–En esta exposición me permití mirar desde afuera a mis personajes, ya no soy yo misma –de manera tan literal– la que habita las telas, pero aun así soy yo la que crea las escenas, así que tienen TODO de mí.

–Te deben incomodar las exposiciones…

–Exponer siempre es vergonzoso de cierta manera.

Nunca deja de impresionarme que haya gente a la que le haga sentido mi obra y que pueda generarle sensaciones variadas, sigue siendo un misterio para mí cómo la pintura o el arte en general puede hablarme al corazón.

–Has vivido períodos en Nueva York y en Florencia, ¿cómo te marcaron esas experiencias?

–Es muy importante salir a mirar el mundo para conocerse mejor, exponerse a situaciones diversas e improvisar sin miedo. Como siempre estoy interesada en todo lo que tenga que ver con mi oficio, procuro juntar en un viaje la experiencia de salir y estar en otro país y el aprendizaje de alguna técnica pictórica o algo que me llame la atención y que pueda enriquecer mi trabajo. Viajar por tragar kilómetros no es lo mío.

–¿Te interesa internacionalizar tu carrera?

–Me interesa muchísimo. He tenido súper buena acogida en las ferias de arte a las que han llevado mi trabajo. En el extranjero hay otros códigos, no los conozco bien, pero sin temor a equivocarme, me parece que tienen muchos menos prejuicios que nosotros, a ellos si algo les gusta, les gusta y se acabó… aquí le buscamos el pedigrí a todo.

Hasta el 5 de mayo en Sala Gasco, Santo Domingo 1061, Santiago.

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