En Colombia, Modernidad Tropical

viernes, 24 febrero 2017

La oficina de arquitectos Burckhardt y Echeverri recibió un encargo complejo, proyectar dos casas iguales, hermanas, ubicadas en terrenos vecinos. Estas se encuentran en la provincia de Cundinamarca, en la meseta de Santo Domingo, lugar que posee un clima tropical húmedo que hizo que la construcción de estas se transformara en un verdadero desafío.
Por: María José Mora D. / Fotos: Cortesía BYE Arquitectos

Dos casas de veraneo de líneas simples y modernas que se funden con la vegetación y el entorno, eso es lo que podemos ver en este proyecto ubicado en la Meseta de Santo Domingo, Municipio de Nilo, Colombia. Aquí el paisaje fue clave a la hora de proponer una estructura, ya que la meseta domina el lugar y las visuales de perfiles montañosos conforman un bellísimo hábitat, por lo que se priorizaron las vistas a este impactante paisaje. Las casas se localizan en dos lotes vecinos con vista sobre un lago. “El encargo directo de los clientes, dos hermanos, consistió en hacer dos casas con un único diseño arquitectónico, para cada una de sus familias”, cuenta Alberto Burckhardt. La definición del programa requirió áreas extensas que exigen un esquema de dos pisos, cuyos espacios principales se articulan gracias al gran patio de acceso en forma de L que divide el espacio social con el privado a través de un área de doble altura donde se encuentra la escalera que lleva a las habitaciones principales, las que están emplazadas sobre las cubiertas construidas como techos verdes.

“El volumen social, alberga el living, comedor y la cocina, en comunicación directa con la piscina. La zona se convierte en un mirador sobre las montañas y el borde de la piscina se encarga de definir el marco para el paisaje. Paralelamente, se desprende el ala donde se encuentran las dos piezas secundarias que se abren sobre un jardín en una de sus fachadas largas y, en la otra, sobre un espejo de agua que, a su vez, es el elemento que la articula al resto del espacio”, explica Carolina Echeverri.

Uno de los detalles que llama la atención en esta construcción son los techos verdes; descubrir los frondosos jardines en el segundo piso, donde incluso hay un jacuzzi, es una grata sorpresa. Si bien este es un elemento muy estético, no se hizo solo con ese fin, sino más bien para lograr manejar las calurosas temperaturas del lugar, que fluctúan entre 27o y 38o grados. “Uno de los logros de esta obra, es el manejo del clima tropical tan riguroso a través de cubiertas verdes con grandes aleros. Estas hacen que se cree un microclima interno muy fresco, haciendo que aún, en las horas de más calor, las propiedades se puedan usar sin aire acondicionado. Todo esto, sumado a las generosas aperturas en los diferentes costados de las casas genera una circulación cruzada de brisas, lo que hace que las casas aprovechen al máximo los elementos naturales para generar frescura y luz”, aseguran los arquitectos. Así, gracias a estas cubiertas y el jacuzzi, los arquitectos lograron introducir el tema de la vegetación y agua en el segundo nivel de la estructura. Además, la oficina de arquitectos usó paneles solares, los que mejoran, dependiendo de la época del año. Asimismo, el efecto directo del sol en las habitaciones se tamiza por medio de las persianas verticales, que cuentan con aire acondicionado para las épocas más calurosas y para protegerse de los mosquitos.

Uno de los principales desafíos que tuvieron que superar fue la ubicación de los terrenos, ya que el emplazamiento es de difícil acceso y se encuentra a tres horas de Bogotá, por lo que la mayoría de los suministros debía viajar por carreteras muy congestionadas, lo que retraso la obra. Por otra parte, la ubicación hizo difícil encontrar mano de obra calificada, por lo que se necesitó traer a casi toda la cuadrilla desde la capital y algunos de ellos, acostumbrados a trabajar en temperaturas menos cálidas, no aguantaron las condiciones del clima del lugar. Todo lo anterior obligó a los arquitectos y diseñadores a estar presentes todo el tiempo supervisando la ejecución de los diseños, para así garantizar la estabilidad y correcta ejecución de todos los trabajos.

“Una de las condiciones de los clientes para otorgar el contrato, fue el tiempo de entrega: 15 meses disponible para el diseño y la construcción de las casas. Terminar la obra en ese tiempo requirió un esfuerzo significativo por parte de todo el equipo. En resumen, lograr ejecutar el cronograma dentro del plazo se dificultó por el clima; trabajar bajo el sol inclemente del lugar, hizo que el rendimiento de los trabajadores no fuera el normal, por estar razón los horarios de trabajo debieron acomodarse en función del clima, trabajar muy temprano en la mañana, tomar un descanso al medio día y extender la jornada de la tarde”, cuenta Burckhardt. Finalmente y no menos importante el jardín de la casa fue dirigido por los mismos arquitectos, quienes contrataron a Groncol para hacer el tema de las cubiertas verdes, mientras que en el paisajismo fueron ellos mismos quienes les dieron las directrices a una cuadrilla de jardineros. La idea era mimetizar el peso del volumen arquitectónico en el paisaje, y cambiar por completo el ambiente y la temperatura en torno a las construcciones. “Las especies que se sembraron fueron básicamente nativas y tropicales, con predominio de las palmeras, y para las cubiertas, vegetación con pocas exigencias de mantenimiento y poca necesidad de agua”, asegura Echeverri.

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