Consorcio ARQ: “Hay una deuda con la edificación pública que queremos saldar”

miércoles, 14 marzo 2018

Hace cuatro años, las oficinas de los arquitectos Rodrigo Duque, Cristóbal Tirado, Alberto Moletto y Cristóbal Fernández se unieron con el fin de crear una alianza colaborativa que gira en torno a la motivación de hacer de la arquitectura pública un tema país. La idea es lograr un Chile rico en patrimonio arquitectónico de calidad, que no se centre solo en lo privado.

Por: María José Mora D. / Retrato: Francisco Jorquera

Chile es un país que destaca por su arquitectura, la que es reconocida en el mundo entero y tiene numerosos exponentes, además de un premio Pritzker. Alejandro Aravena, quien se ha transformado en un referente, no solo por llevarse este importante reconocimiento, sino porque su obra está enfocada en lo social, llevando a las personas de menos recursos, soluciones arquitectónicas que mejoran la calidad de vida y el entorno donde se ubican. Es el mismo Aravena, de manera indirecta, el que inspiró al grupo que conforma Consorcio Arquitectura Chile –Consorcio ARQ–, ya que muchas veces este Pritzker hablo de que Chile poseía una gran deuda con la arquitectura pública. “Nosotros recogimos ese mensaje, ya que creemos que es un área en donde hay mucho por hacer”, explica Cristóbal Fernández, socio de MasFernández y miembro de Consorcio ARQ.

Si bien esta frase tuvo resonancia en este grupo, la inquietud partió mucho antes, en 2013, cuando 12 oficinas de una misma generación comenzaron a juntarse para discutir este tema. Por diversos motivos, finalmente solo las oficinas de Rodrigo Duque, Cristóbal Fernández, Alberto Moletto y Cristóbal Tirado formaron este consorcio. Todos aglutinan mucho conocimiento en la construcción de hospitales, edificios públicos, museos, parques, patrimonio, retail y hotelería, entre otros. Pero, también, este consorcio posee otra arista, la que busca poder unir sus conocimientos y, a través del apoyo de ProChile, exportar su expertise y arquitectura a diferentes países. “Consorcio ARQ está apoyado por ProChile, entidad que nos ayuda a participar en licitaciones a gran escala fuera del país. Si por ejemplo hay un proyecto en Perú, las oficinas del consorcio pueden ir unidas o de manera individual, los miembros son libres de elegir. Finalmente todo dependerá de la envergadura del proyecto. Lo que sí es que hay un cuerpo de experiencia importante que se apoya entre sí”, asegura Fernández.

Para entender mejor este tema hay que tener en cuenta que la edificación pública es muy diferente a las obras públicas, mientras la primera aglutina todo lo relacionado con edificación, como pueden ser estadios, teatros, parques, ministerios, bibliotecas, alcaldías, tribunales, bordes costeros, etcétera; las obras públicas, en cambio, engloban los puentes y caminos, entre otros.

“Nosotros como grupo tenemos una preocupación por la arquitectura pública, ya que creemos que es de suma importancia mejorar las condiciones de los concursos y las licitaciones en nuestro país. Esta situación nos llevó a intentar desarrollar un referente, porque hay una conciencia generacional que, a diferencia de las tres anteriores, quiere centrar parte de su trabajo en el área pública para diferenciarnos de nuestros antecesores, quienes hicieron un gran trabajo, por cierto. Para hacerse una idea de las generaciones anteriores, la primera fue comandada por don Sergio Larraín y esta entregó un gran servicio público. En la segunda aparecen nombres como José Cruz, Germán del Sol, Cristián Undurraga, los que se enfocan en entes privados y, por último, la generación de los que tienen alrededor de 50 años hoy como Mathias Klotz, Smiljan Radic, Cazú Zegers y Pablo Allard, quienes tuvieron el apoyo de importantes académicos que tenían muchos contactos fuera de Chile, lo que los ayudó a exportar nuestra arquitectura, a través de obras privadas, haciéndola reconocida mundialmente. Es así como cada generación aportó su grano de arena. Todo lo anterior despierta la curiosidad y el interés de nuestra generación en la búsqueda de oportunidades que fueran más allá de la gestión y el mundo privado. Queremos generar un cambio en la edificación pública, a través de la calidad del diseño y arquitectura”, enfatiza Fernández.

–¿Por qué crees que siendo un país con tan buenos arquitectos, estamos con una deuda tan grande en temas de edificación pública?

–Creo que hay una responsabilidad compartida entre el Estado, que no ha sabido valorar la importancia de la arquitectura, y también de los arquitectos, quienes no hemos sido capaces de fomentar la discusión en torno a este tema. Nosotros somos herederos de varas muy altas dejadas por las anteriores generaciones, pero le incorporamos la deuda con la edificación pública, son los edificios que visten las ciudades, que forman parte del patrimonio del mañana. Si yo te hago un paralelo con otros países no tan lejanos, la relación entre la arquitectura y la política ha sido muy fructífera. En Brasil, el Presidente Juscelino Kubitschek de Oliveira creó junto a Oscar Niemeyer la ciudad de Brasilia y en Francia François Mitterrand llamó a los mejores arquitectos de la época a desarrollar grandes edificios públicos, los que hoy son parte de la arquitectura noventera, pero que sientan las bases para hacer importantes licitaciones de arquitectura para los grandes edificios. Un tema clave en esto es que los arquitectos, aparte de presentar muy buenas soluciones, son muy responsables frente al costo de los proyectos, no sobrevalorándolos, sino que hacen buenas obras a costos reales y aterrizados. Entonces cuando vuelves a Chile y ves que el desarrollo de nuestra arquitectura es muy buena y te encuentras con buenas obras privadas, de segunda vivienda, pero con cero edificios públicos, es ahí cuando sientes que la arquitectura pública tiene una deuda enorme, porque es de muy mala calidad.

–¿Qué es lo que busca Consorcio ARQ?

–Este grupo busca crear un referente para poder poner un acento en cuanto a lo que es justo respecto a las contrataciones públicas en Chile, ya que en este tipo de edificios se encuentra el patrimonio futuro de las ciudades. Por poner un ejemplo, si hoy construyes la gobernación de Puerto Montt y el edificio es de calidad, en 50 años más seguirá formando parte de esa ciudad. Si no lo es, será un edificio reciclable. Asimismo, cuando hay una construcción que no se ajusta al paisaje, son los habitantes y vecinos de la ciudad los que tienen que convivir con él y muchas veces aguantar a las construcciones, lo que no es la idea. Esto se da porque varias veces hay pocos concursos públicos, que es lo que llamamos a fomentar. La idea es que estos prioricen la calidad arquitectónica y técnica versus la oferta económica.

–¿Crees que el MOP le da mayor importancia a las características técnicas de una construcción en desmedro de la arquitectura de la misma?

–Totalmente. Si vas al Ministerio de Justicia, por ejemplo, y ves las licitaciones para la construcción de los tribunales regionales de los últimos 10 años, te das cuenta de que el 90 por ciento de las adjudicaciones responden a términos económicos por sobre los arquitectónicos y eso es lo que nos interesa cambiar, que se llegue a un equilibrio entre lo arquitectónico, técnico y económico.

–¿Cómo pretenden cambiar el rumbo de la edificación pública?

–Nuestra idea es generar un aporte al estado a través de diferentes entes para mejorar la contratación pública, creemos que esta es crucial, ya que puede llegar a gobernar una buena obra de diseño. Y en cuanto a entes me refiero al Colegio de Arquitectos, la AOA (Asociación de Oficinas de Arquitectos), la academia o nosotros mismos como consorcios, etcétera. Queremos lograr un actuar coordinado entre estas instituciones y la administración pública, para así poder actuar en conjunto y generar diálogos.

“Buscamos un término medio entre lo público y lo privado que represente el sentir de toda una generación. Finalmente, creemos que podríamos ser como un nuevo partido político que quiere refrescar una situación, ya que hay ciertas costumbres que se han asentado y con las cuales no comulgamos, queremos dar un nuevo impulso a manifestar nuestro pensamiento en torno a temas como la calidad de la edificación pública, el tema de las contrataciones, entre otros. Nuestra generación trabaja en ambos mundos, público y privado, pero queremos buscar oportunidades en los edificios estatales. Año a año hay aproximadamente 165 licitaciones públicas y creemos que ponerle un poco más de cariño a las construcciones, por pequeñas que sean, no estaría nada de mal. Tenemos que hacernos cargo de nuestra arquitectura y dejar de caer en vicios que no aportan. Queremos dejar un patrimonio público de calidad que sea un legado para nuestro país. Hemos llegado a un nivel de calidad de obras que nos permite mencionar que la buena arquitectura ya no se concentra en unos pocos arquitectos, sino en muchos, pero creemos importante que esta sea exportable y representativa de Chile, no quedando solo en el desarrollo privado, sino que, además, hoy se exprese y muestre en lo público”.

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