Design Thinking

martes, 27 marzo 2018

El departamento de la diseñadora Magdalena Olazabal y el arquitecto Matías Ruiz habla del gusto de esta pareja por el arte, el diseño y por la estética en general. En pleno corazón de Providencia, disfrutan de la vista a los añosos árboles de Ricardo Lyon y a esas veredas amplias por las cuales el mundo pareciera ir a otro ritmo.

Por: Catalina Plaza S. / Fotos: Matías Bonizzoni S. / Producción: María Teresa Weigand R.

Un arquitecto, una diseñadora y un estudiante de ingeniería mecánica: Matías Ruiz, Magdalena Olazabal y su hijo Ignacio. Tres apasionados por el diseño y por el buen vivir. Creativos, simpáticos y talentosos llegaron a este departamento hace diez años, momento en que decidieron hacer algunas transformaciones para darle terminaciones contemporáneas a la construcción de la década de los 70 y ahora, hace un par de meses, estrenaron la ampliación de la cocina, logrando que este espacio tenga más amplitud y se adapte a sus necesidades. En 140 metros cuadrados queda claro su gusto y afinidad por el diseño y la arquitectura, en cada lugar hay rastros que delatan este amor por la estética y, si bien la decoración es suelta y relajada, hay una línea muy clara al momento de elegir cada objeto y mueble. El diseño chileno ocupa un lugar importante con piezas de Juan Pablo Fuentes, gt2p, SiStudio, Rodrigo Pinto y, por supuesto, con varias creaciones del dueño de casa, quien ha dividido su quehacer profesional entre la arquitectura y el diseño en su oficina Ruizsolar, dando vida a piezas como la emblemática silla M100. En las fotos, se puede ver el prototipo de esta silla que nació en 2010 luego de que Magdalena viajara a Buenos Aires y volviera con unas cuerdas pensando en que Matías podría hacer algo con ellas. Además de la primera silla, nació una versión en cobre, la M100 Cooper Edition, y la posibilidad de que Thonet internacional también fabricara la pieza. A este reconocido diseño, Matías ha sumado la Stick Lamp L120, la Butaca M200 y la BookChair.

Si de decoración se trata, la última palabra la tiene Magdalena, cuentan entre risas Matías e Ignacio. Es que la diseñadora, creadora de la exitosa marca de ropa MO-Store le encanta el interiorismo, tanto que desde hace algún tiempo se ocupa del diseño interior de los pilotos para la Inmobiliaria Urbes, además del diseño de las colecciones que cada estación prepara con esmero y que muestra en sus tiendas del Drugstore, Parque Arauco y la calle Merced. Reconoce que no es de seguir tendencias ni modas y que más bien las ideas surgen de su propio imaginario y que su gusto por la estética encuentra sus raíces en la infancia, su papá es arquitecto y su mama pinta. “Los dos son muy ‘hacedores’ de cosas, entonces siempre estuve rodeada de un gusto por estos temas”, explica Magdalena. De esta forma, ha ido transformando el departamento en un espacio lleno de creatividad. Uno de los muebles que los acompaña desde hace años es la mesa de comedor cuadrada para 8 personas, la que diseñaron pensando en un mueble de líneas simples que les permitiera recibir a los amigos y adaptarse a distintos espacios. Las sillas Cesca de Marcel Breuer las compraron el año pasado en Muebles Sur y la lámpara fue un regalo del papá de Magdalena. Este espacio se potencia con el muro oscuro que le da mucho carácter. En el living, en tanto, destaca el gran sofá que fue hecho a medida para adaptarse al espacio. Las algas de Vitra aportan originalidad al amplio muro y se conjugan muy bien con los cuadros que las enfrentan y con otros clásicos del diseño contemporáneo como la silla Ghost de Philippe Starck. El ficus lyrata aporta el necesario “verde”. Todo en equilibrio, todo para entregar una calidez que es propia también de esta familia.

Consciente de que la oferta en decoración puede crecer aun más en Chile, Magdalena se encuentra preparando una línea “Home” que se sumará a las colecciones de moda en sus tiendas. Definidamente no para y siempre está pensando en algún proyecto. “Somos agotadores, no sé cómo Ignacio nos aguanta”, exclama Magdalena, mientras nos cuenta la simpática historia de la lámpara Alésia de Carlos Forcolini fabricada por Artemide, un clásico, que acaban de instalar en la cocina. “La conocimos en la casa de Hernán Garfias y me empecé a obsesionar hasta que la encontramos en eBay. La compramos a una iglesia en Arkansas que la había recibido como donación”, cuenta el arquitecto. Así, acá los proyectos se sueñan y se concretan, y cada integrante de la familia opina desde su óptica. El resultado: un departamento que encanta y que entretiene y, lo más importante, que está lleno de vida.

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