Doble Nacionalidad

Lunes, 17 Octubre 2016

Esta oficina tiene una particularidad de que sus socios, Cristóbal Amunátegui y Alejandro Valdés, viven en Estados Unidos y Chile, respectivamente. Lo que podría parecer un obstáculo, les ha permitido construir una trayectoria donde el trabajo académico y el profesional se nutren constantemente, logrando exitosas participaciones en la bienal de Venecia el 2014, el festival Varsovia en construcción en 2015 y en una reciente exposición en Elmhurst, Illinois

Por: Catalina Plaza S / Retrato: Bárbara San Martín / Fotos: Gentileza Amunátegui Valdés

Los proyectos que forjan la historia de los arquitectos Cristóbal Amunátegui, de la Universidad Católica, y Alejandro Valdés de la Universidad Finis Terrae, son disímiles a tal punto de que este año estuvieron encargados de la exposición Playboy Architecture, 1953-1979, en la casa McCormick de Mies van der Rohe, propiedad del museo de Arte de Elmhurst, mientras en paralelo se terminaba la obra de una casa en Requínoa. Dos años antes, recibieron una mención especial en la Bienal de Venecia por Radical Pedagogies, un proyecto de investigación liderado por Beatriz Colomina, arquitecta y profesora de la Universidad de Princeton, en conjunto con estudiantes de doctorado de la Escuela de Arquitectura de la misma universidad. Nuevamente, al unísono, trabajaban en el diseño de un par de tiendas que más tarde abrirían en el barrio Italia y Vitacura.

La particular historia de esta oficina se remonta a la amistad que Cristóbal y Alejandro mantienen desde los primeros años de universidad, y a pesar de que estudiaron arquitectura en distintas instituciones, el lazo continuó intacto. Lo mismo sucedió cuando Cristóbal partió a estudiar a Estados Unidos, tanto que cuando comenzaron a recibir los primeros encargos, se asociaron en cada uno de esos proyectos, que aunque pequeños, probaron que había afinidad suficiente como para que en el 2011 decidieran formar una oficina. Un proyecto decisivo para la creación de la oficina fue la renovación de dos grandes casonas patrimoniales que acogerían al Hotel The Aubrey en el corazón del barrio Bellavista. Ese fue el verdadero salto, porque, tal como cuenta Alejandro, el encargo tuvo el desafío de que se debía introducir un proyecto complejo de hotelería en edificios de conservación histórica “El proyecto nos ayudó a aprender muchísimo. Veníamos recién entrando a la vida profesional más seria y tuvimos la suerte de trabajar con un gran equipo de profesionales, entre ellos el calculista Santiago Arias. Empezamos a conocer cómo se trabaja con el resto de las especialidades y las relaciones que se dan con el cliente y cómo hay que llevarlas para que resulte tu proyecto de arquitectura.

Hay que tener la astucia para proteger lo que creaste, tanto como la responsabilidad para cumplir con el mundo complejo que es cualquier encargo de arquitectura; se aprende mucho”, sostiene Alejandro. De ahí en adelante, se han enfrentado a proyectos que incluyen oficinas, tiendas,casas dentro y fuera de Santiago, concursos de edificios institucionales y exposiciones en Estados Unidos, Varsovia y Venecia.

(versión digital adaptada)

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