DOROTHEA LANGE

martes, 14 junio 2016

La fotógrafa estadounidense que retrató los estragos de la Gran Depresión de los años 30 en Estados Unidos, especialmente la cruda realidad que se vivió en las zonas rurales, estableció una nueva era en el fotoperiodismo de carácter social.

Por: Catalina Plaza S.

Tomada hace 80 años, en 1936, “La madre migrante” sigue impactando por la manera en que muestra la pobreza y desolación de una madre que cobija a sus hijos. Esta imagen es una de las muchas con que la fotógrafa Dorothea Lange documentó las fuertes repercusiones de la crisis del 29 especialmente en el mundo rural estadounidense y en especies de campos de refugiados que albergaban a los trabajadores agrícolas que estaban en precarias condiciones.

Dorothea nació en New Jersey y en realidad su apellido era Nutzhorn, en tanto Lange era el apellido de soltera de su madre. Uno de los episodios más tristes en la vida de la fotógrafa fue la poliomielitis sufrida a los 7 años, enfermedad que dejó como secuelas una cojera, una deformación en su pierna derecha y una salud débil que la acompañaría el resto de su vida. Aun así, esta realidad no le impediría realizarse tanto profesional como familiarmente. Lange estudió en la escuela Clarence H. White de Nueva York entre 1917 y 1919 y decidió formar su propio estudio de fotografía en San Francisco. Con el tiempo pasó del retrato en estudio al desarrollo de un trabajo posiblemente influenciado por el grupo F/64, que postulaba que las fotografías no debían ser intervenidas y sólo debían mostrar una belleza pura sin interferencia del efecto artístico. Fue así como llegó a vincularse al mundo social y a dejar el estudio y salir a la calle. Las condiciones laborales de la época, alrededor de 1933, en plan recesión económica provocada por la crisis financiera de 1929 se convierten en tema importante de su obra. Por lo mismo, fue contratada por la Farm Security Administration, una organización que impulsó la cobertura y apoyo a las víctimas. Fue en esta misma época en la que junto a su marido, Paul Schuster Taylor, profesor de economía de la Universidad de California, editó el libro “A American Exodus, A Record of Human Erosión”, publicación de 1939 que además del material gráfico analizó el fenómeno migratorio. La experiencia fue la mejor carta de presentación para que nuevamente se le encargara retratar otra situación límite, esta vez se trataba de los norteamericanos de origen japonés que se encontraban en los campos de internamiento de la zona occidental del país tras los ataques a Pearl Harbor. Las autoridades temían el rol que podían jugar los ciudadanos de origen extranjero, sobre todo si procedían de países enemigos. Las crudas imágenes fueron censuradas por la Autoridad de Reubicación de la guerra.

 

Dorothea Lange

 

Fue un golpe para “la fotógrafa del pueblo”, pequeño manifiesto con que Lange firmaba su tarjeta de presentación. Pero Dorothea no podría haber hecho otro tipo de fotografía. Durante 40 años, una cita del filósofo Francis Bacon permaneció clavada en la puerta de su cuarto oscuro: “La contemplación de las cosas como son, sin error o confusión, sin sustitución o impostura, es en sí misma algo más noble que una cosecha entera de invención”.

En la década de los 50, Lange viajó muchísimo gracias a encargos de revistas de diversos países y continentes, por lo que entre 1958 y 1963 viajó a Asia, Venezuela, Ecuador, Egipto, Siria, Irak e Europa.

Antes de morir de cáncer en 1965 Lange se embarcó en dos proyectos muy importantes, organizó una retrospectiva de su trabajo en el MOMA y se enfocó en documentar su vida a través de diversos escritos en los que plasmo su ideario y en los que se auto describió como una fotógrafa totalmente purista y defensora de la fotografía directa, objetiva y sin pasar por ningún tipo de manipulación.

Más de 25 mil negativos como legado delatan su importante rol en el fotoperiodismo.

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