Edward Rojas, Chiloé en clave contemporánea

jueves, 23 marzo 2017

Arquitectura del lugar, así podría resumirse, la obra del nuevo Premio Nacional de Arquitectura 2016, Edward Rojas quien, gracias a su pasión y preocupación por el rescate patrimonial chilote, ha logrado convertirse en un referente, demostrando que los elementos vernáculos son indispensables si se quiere lograr una obra con identidad propia.  

Por: María José Mora / Fotos: Cortesía Edward Rojas

Hace 35 años, cinco arquitectos crearon el Colegio de Arquitectos de Chiloé. De estos cinco, el único que sigue viviendo en el archipiélago es Edward Rojas, quien se comprometió con la cultura, identidad y sueños de una comunidad que finalmente lo ayudaría a darle forma a su arquitectura. Fue así como nació la relación de amor entre este arquitecto, nacido y criado en Copiapó bajo la inmensidad del desierto, y el extremo sur de Chile.

Rojas llegó en 1977 a instalarse en Chiloé, luego de haber egresado de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile de Valparaíso. Al poco tiempo de llegar, fundó –junto al arquitecto Renato Vivaldi– el taller Puertazul, logrando darle un toque moderno a lo tradicional, sin nunca poner en riesgo o dejar de lado lo nativo, lo propio. Han sido justamente esas características las que hicieron que el jurado del Colegio de Arquitectos le otorgara el Premio Nacional en esa disciplina a Rojas. Obras como el Hotel Unicornio Azul, el Museo de Arte Moderno de Chiloé, las cocinerías de Dalcahue, el faro de INIO del Parque Tantauco, la casa Palafito Pedro Montt 525 y la restauración del palafito de Tongoy en la península de Rilán, entre muchas otras, dieron razones suficientes para elegirlo. Como explica Pilar Urrejola Dittborn, presidenta del Colegio de Arquitectos de Chile: “Se apreció de manera muy importante su trayectoria como líder de un movimiento cultural, patrimonial y arquitectónico en Chiloé, logrando poner en valor en el mundo entero una región de nuestro país cuyas características territoriales, paisajísticas, edifictorias y materiales, entre otras, revelan una enorme riqueza y potencial. Junto a ello, Rojas ha logrado, a través de su obra, dar testimonio de la identidad local, recuperando edificios, materiales y modos constructivos, y refundando en clave contemporánea un modo de vida basado en las condiciones y escala del lugar”. Además de poner en valor la arquitectura tradicional local, Rojas ha recurrido a un lengua- je formal y único para sus propios proyectos, logrando evitar caer en la escenografía o los clichés arquitectónicos.

Para muchos, Edward es un ejemplo a seguir. Él decidió irse de los centros urbanos para instalarse en un lugar aislado y así dedicar su que- hacer a un lugar, peculiaridad que pocos arquitectos contemporáneos poseen. Finalmente, como explica el arquitecto Eugenio Gebauer, socio de Ortúzar y Gebauer Arquitectos, el mundo está cambiando. Las problemáticas sociales, la visión de territorio, la sustentabilidad, el medio ambiente, son parte de la agenda actual. Así es como este premio nacional es una consecuencia de lo que hoy sucede. Por ejemplo, en el caso de la arquitectura, los últimos premios Pritzker, muestran cómo un Shigeru Ban desarrolla y enfrenta problemáticas sociales, de la mano de la reutilización de materiales residuales, o nuestro compatriota Alejandro Aravena, desde Elemental, pensando desde lo social. “Que Edward Rojas haya desarrollado su vida, su profesión y oficio en este lugar, tiene un gran significado. Pone en valor un territorio, una cultura, para que desde esa existencia y lógica cultural exista un futuro o una ‘forma de hacer’, un mañana. Tenemos impresa una aterradora formación de libre mercado, un gigante voraz, ciego, que con el fin de producir e incrementar, arrasa con su medio natural, cultural, ambiental y territorial. En Chiloé lo vemos con el mundo acuícola, el bosque nativo, las turberas, los productos del mar… Que una visión del hacer ciudad y territorio se geste desde principios naturales es lo que las nuevas generaciones necesitan y para ello es fundamental contar con estos ejemplos, paradigmas del hacer”, agrega Eugenio.

Por esto y más se eligió a Edward Rojas, quien mediante un quehacer sin aspavientos, ha creado una obra particular que logró sin grandes recursos y con muchas veces todo en contra, rescatar nuestra identidad, como país y como territorio particular. “Con este premio se destaca la importancia que tiene el territorio, la cultura, los pueblos originarios, los elementos vernáculos para desarrollar y entenderla arquitectura contemporánea. Esta visión, dentro de un contexto completamente globalizado, es fundamental para entender nuestra realidad. Reconocer nuestro lugar, tiempo y espacio sin importar modelos de identidad que no nos pertenecen, es primordial y Rojas es ejemplo de ello”, enfatiza Tania Ortúzar, socia de Ortúzar y Gebauer Arquitectos.

–¿Por qué decidió salir de Santiago y se atrevió a crear desde otro punto del país, sabiendo que Chile es muy centralizado?
–Nunca estuvo en mis planes la opción de vivir y trabajar en Santiago. Cuando decido venirme a vivir a Chiloé, yo vivía en Copiapó y estaba terminando mis estudios de arquitectura en la Universidad de Chile de Valparaíso y, por lo mismo, lo natural era que yo volviera al norte, allá estaba mi familia, mi esposa y mi hijo. Tenía trabajo en un estudio de arquitectos de Copiapó; sin embargo, como lo he contado muchas veces, mi amistad con el arquitecto Renato Vivaldi me llevó a conocer, a fines de los ’70 a su suegro chilote, quien nos contó que, producto de una ley que bonificaba las inversiones, en Chiloé había trabajo y no habían arquitectos profesionales. Al viajar a la isla para ver si esto era realidad, descubrí que aquí no solo había trabajo, sino que también había un mundo propio, con una cultura y una arquitectura de la madera extraordinaria y singular, que podía ser soporte de una propuesta arquitectónica contemporánea.

–¿Cuál cree que ha sido su principal aporte a Chiloé y sus alrededores?
–Creo que mi aporte, que es parte de la acción y reflexión que iniciáramos con la fundación del taller Puertazul, ha sido la puesta en valor de la arquitectura tradicional de Chiloé y del patrimonio del sur de Chile, por medio de una propuesta arquitectónica contemporánea fundada en la arquitectura preexistente y en el rescate de obras patrimoniales mediante la reparación, el reciclaje y la restauración de antiguas casonas, palafitos y de centenarias iglesias de madera, las que el 2001 serían declaradas patrimonio mundial. Además de una gestión cultural que nos llevó a fundar y dirigir la Corporación Cultural Chiloé; la Universidad Arcis Patagonia, y el Museo de Arte Moderno Chiloé, instituciones que hicieron y que siguen haciendo un aporte cultural contemporáneo significativo para que Chiloé se desarrolle sin dejar de ser Chiloé, como señala monseñor Juan Luis Ysern, obispo emérito de Chiloé.

–¿Cómo recibe el Premio Nacional de Arquitectura?
–Lo recibí con la misma tranquilidad, alegría y orgullo que se sienten frente a una labor o misión cumplida, que es cuando se obtienen los objetivos y se alcanzan los sueños, superando todos los obstáculos que muchas veces nos impone la realidad.

–¿Qué significan los premios para usted?
–La palabra premio para el diccionario de la Real Academia significa “galardón que se entrega por algún mérito”, en este caso particular, para mí el Premio Nacional significa el reconocimiento a la labor de toda una vida, de un grupo de personas y profesionales que hace cuarenta años tomamos la decisión de realizar una obra arquitectónica regional y colectiva, que ha trascendido el ámbito arquitectónico para aportar a la cultura contemporánea del archipiélago de Chiloé y del país.

–¿Alguna vez pensó recibir este premio, teniendo en cuenta que su trabajo se ha vinculado a una zona acotada de Chile?
–En la década de los 90, cuando nuestra obra se hace parte de una acción y reflexión chilena y latinoamericana, que se manifiesta en las bienales y seminarios latinoamericanos, los que buscan poner en valor una arquitectura contemporánea con identidad, que expresa y recoge una “modernidad apropiada” como la llamó el arquitecto Premio Nacional Cristián Fernández Cox. Cuando nuestro trabajo se hace parte de las cátedras de la historia de la arquitectura latinoamericana en las escuelas de arquitectura de América y España, algunos colegas pensaron y me manifestaron que mi trabajo podía llegar a recibir esta importante distinción. Esto, principalmente, por el hecho de que mi labor, desde la arquitectura, volvía a hacer real aquello de que una obra surgida desde lo local podía tener valor universal, lo que sin dudas me sorprendió, halagó y comprometió a seguir trabajando con el mayor rigor profesional, no tanto por el premio, sino por el cariño que siento por este territorio, su gente y su cultura.

–¿Cómo surgió su amor por el rescate patrimonial?
–El haber estudiado arquitectura en Valparaíso y el haber tenido maestros como Ángela Schweitzer o Myriam Waisberg, que ponían el énfasis en la investigación, el estudio y la enseñanza, en la búsqueda de una arquitectura contemporánea propia de los cerros de Valparaíso, me llevó a entender que el patrimonio natural, cultural y arquitectónico de un lugar era fundamental para hacer la arquitectura contemporánea de ese lugar, y donde lo importante era modernizar las lecciones que nos entregaba la arquitectura de ese territorio, en cuanto a tipologías, materiales, artesanías, emplazamiento, además de tener presente “la modernidad presente” en ese territorio.

–¿Por qué decidió rescatar el patrimonio de Chiloé y no de otro lugar?
–Tomar la decisión de migrar a Chiloé y avecindarnos en Castro, en un momento en que la isla era un territorio y una cultura bastante desconocida para el resto del país, implicaba que para habitar este archipiélago teníamos que hacernos parte de él, esto es aprender los códigos culturales locales, aprender cosas que para los chilotes eran tan básicas como picar leña o hacer fuego, aprender de vientos, de lluvias, de mareas, de maderas, de los carpinteros, de su arquitectura en madera, de la tierra, del mar y el bordemar. En el fondo, aprender y valorar el patrimonio tangible e intangible del archipiélago de Chiloé, porque teníamos claro que su patrimonio debía ser soporte de una propuesta arquitectónica contemporánea, así como teníamos claro que nuestra obra tenía que hacerse parte del continuum histórico y arquitectónico del lugar.

–Leí que dejará su Casa Blanca, la cual es patrimonio y ha sido parte de su historia y se cambiará junto a su mujer a la Casa Negra. ¿Qué pasará con la Casa Blanca?
–La antigua ha sido nuestro hogar por cerca de 35 años. El 2015 construimos la Casa Negra o Casa Terraza con la intensión de tener un espacio más pequeño, de un nivel y más eficiente desde el punto de vista térmico, es decir, una casa más apropiada para nuestra edad. Pese a esto, no nos animamos a cambiarnos y quedó como una residencia para las visitas de familiares y amigos. Sin embargo, el terremoto del 25 de diciembre, afectó significativamente la casa patrimonial des- de el punto de vista estructural y, por lo mismo, ese mismo día nos trasladamos a la Casa Negra y comenzamos de inmediato los trabajos de reparación de pilotes de fundación, envigados de terrazas, revestimientos, puertas trabadas e instalaciones, lo que nos ha permitido su rehabilitación y destinar esta a residencia para las visitas. En ella he mantenido mi estudio. Actualmente, los trabajos de reparación continúan con la idea de encontrar en el futuro un proyecto donde esta casa histórica, que es parte de la memoria colectiva de Castro y Chiloé, pueda tener un nuevo y relevante destino.

–¿Cuál es su visión de la arquitectura chilena actual?
–Según algunos amigos arquitectos latinoamericanos, en Chile se está haciendo la mejor arquitectura contemporánea del continente. Yo no he tenido la posibilidad de conocer personalmente muchas de las obras de importantes y talentosos arquitectos chilenos, porque en general en Chiloé estamos muy inmersos en nuestro trabajo y no es fácil viajar a conocerla para opinar sobre ella. Lo que sí puedo asegurar es que nuevas generaciones de arquitectos chilotes están desarrollando una interesantísima obra contemporánea ligada a la cultura y la naturaleza de Chiloé, así como espero que muchos arquitectos en las distintas regiones del país, estén realizando una arquitectura contemporánea con identidad.

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