EILEEN GRAY

viernes, 19 agosto 2016

9 de agosto de 1878 – 31 de octubre de 1976

Desconocida para muchos, esta diseñadora irlandesa ha sido fuente de inspiración para miles de arquitectos y diseñadores alrededor del mundo. De hecho tuvo en Le Corbusier a su más grande fan y también… A su más grande enemigo.

Por: María José Mora D.

Eileen era un alma adelantada para su época, una mujer de armas tomar que es, para muchos, una de las grandes mentes irlandesas del siglo XX; de hecho, muchos la ponen a la altura de sus coterráneos James Joyce y William Yeats. Gray nació en Irlanda en el seno de una familia aristócrata y de acomodada posición. Su padre, el pintor James Maclaren Smith, le heredó el espíritu aventurero, mientras que el buen gusto y su pasión por la estética viene de su madre, Lady Gray.

Estudió en la Slade School of Fine Art de Londres de 1898 a 1902, a la vez que aprendía el arte del lacado en el taller de muebles de D. Charles, en la calle Dean. Esta era una técnica que adoraba y que años más tarde –en 1907 cuando se instaló definitivamente en París, en un departamento en la rue Bonaparte– la llevaría a conocer a su verdadero maestro en lacado: el japonés Seizo Sougarawa. Fue así como en 1910 comenzó a diseñar pantallas y biombos decorativos, los que se comenzaron a hacer muy famosos, llevándola en 1913 a exponer en el Salón des Artistes Décorateurs, atrayendo la atención del modisto y coleccionista de arte Jacques Doucet, quien se convirtió en su mejor cliente y al que le fabricó la famosa pantalla de cuatro paneles “Le destin” y la mesa “Lotus”.

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Gray era una creativa incansable que adoraba la ingeniería y la tecnología, por lo que intentaba integrarlas a sus diseños modernos y rupturistas. A través de sus trabajos, evitaba la pretensión a toda costa, lo que más quería era lograr algo bello, elegante y útil. Con esas obras comenzó a hacerse famosa y su primer gran encargo llegó en 1917, cuando Madame Mathieu Lévy le pidió que diseñara su departamento de la rue Lota. Este hecho la lanzó a la fama, por lo que logró captar muchos nuevos encargos, lo que se tradujo que en 1922 abriera su propia tienda llamada Galerie Jean Désert, donde mostró sus muebles, pantallas y alfombras. Ese mismo año expuso su obra en Amsterdam junto al arquitecto De Stijl Jan Wils. La vanguardia holandesa recibió con admiración su diseño de un “tocador de dormitorio para Monte Carlo”. Desde ese momento su obra reflejó a una clara influencia geométrica de De Stijl.

Pero la creatividad de Gray era enorme, por lo que en 1926 y de la mano del arquitecto rumano Jean Badovici, comenzó a aprender arquitectura, transformándose en la ayudante y pareja de Badovici. Si bien Gray era bisexual y estuvo ligada a varias mujeres, el arquitecto fue una de sus parejas más estables y conocidas. Únicamente nueve de las obras de Gray se llevaron a cabo, en tanto, cuatro de ellas fueron atribuidas a Badovici, dada la semejanza de estilos. En la actualidad, el trabajo de Gray continúa inspirando a arquitectos y diseñadores. A pesar de que su legado arquitectónico no fue muy amplio, logró construir una de las casas más emblemáticas de la arquitectura modernista, la E-1027. El nombre de esta construcción se trata de un código numérico resultante de combinar sus iniciales según el orden de las letras del alfabeto; “E” para Eileen, “10” de la “J” de Jean, “2” de la “B” de Badovici y “7” de la “G” de Gray, en ella usó varios de los conceptos de Le Corbusier, quien era muy amigo de Badovici y admiraba profundamente a Gray; de hecho, muchos dicen que la amaba en secreto. El problema entre este renombrado arquitecto y Gray comenzó cuando este intentó comprar la E-1027, a lo que Eileen se negó rotundamente. Esta casa, ubicada en la Costa Azul francesa era el refugio de Badovici y Gray, lugar creado a medida y donde ideó mobiliario especial para el lugar, con novedosos armarios empotrados aprovechando los espacios muertos. Destacaba el gran salón abierto que a su vez podía hacer de alcoba para dormir. Era un espacio donde los propios muebles eran parte de la arquitectura de la casa. Gray diseñó hasta el último de los detalles de la casa, dando a todo una conformidad como no se había hecho antes.

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En una de las ausencias de Gray, Le Corbusier decidió dejar su sello en la casa que no podía obtener y decidió darle un toque de “color”, pintando varios murales en la propiedad, tal fue el shock de Gray al verlos que cerró la casa para siempre. Le Corbusier no logró que se la vendiera y murió nadando justo debajo de la casa de sus sueños. Eileen demostró en esta construcción que la pretensión no estaba en sus planes; de hecho, como ella misma dijo: “La arquitectura exterior parece haber absorbido a los arquitectos avant garde a las expensas del espacio interior. Como si una casa debería ser concebida por los placeres del ojo más que por el bienestar de sus habitantes”.

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