El arquitecto inventor

miércoles, 27 noviembre 2013

—El inglés Thomas Heatherwick traslapa arte, arquitectura y diseño como pocos. La vasta obra de su estudio, que incluye tiendas, pabellones, esculturas y buses, estará en el Victoria and Albert Museum de Londres hasta finales de septiembre. —

Por César Céspedes Castro, desde Connecticut. Fotos de Elena Heatherwick, Steve Speller, Adrian Wilson, Andy Stagg, Daniele Mattioli, cortesía de Heatherwick Studio.46

Medio en broma, medio en serio, mis amigos ingleses siempre me recuerdan, entre risas y generalmente luego de algunas cervezas, que el día en que se inauguró el Eurotúnel que conecta Inglaterra con Francia, el titular que se ganó más aplausos decía: “Europa se conecta al mundo”. Y nunca falta alguno que corona el momento con un implacable “es que vemos las cosas de diferente manera”. Luego de caminar por las calles de Londres, uno tiene la sensación de que sí, pues, efectivamente, los ingleses ven el mundo con otros ojos, y entonces uno le encuentra sentido a, por ejemplo, los autos con manubrio a la derecha o que su educación pública sea mucho más cara que la privada. Y también le encuentra sentido a que uno de los arquitectos estrella del Reino Unido sea un diseñador que tiene la firme idea de que “cada proyecto es un invento”.

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Thomas Heatherwick nació en Londres en 1970, y pasó la mayor parte de su infancia en el barrio de Wood Green, al norte de la capital inglesa. Si la familia es la primera escuela, Heatherwick arrancó su trayectoria directamente en la universidad formada por un abuelo, Miles Tomalin, músico, poeta y veterano de la Guerra Civil Española; su abuela, quien levantó el primer estudio de diseño textil para Marks & Spencer; su madre, que era experta en collares, y su padre, Hugh, músico y trabajador social. Asistió a la Sevenoaks School, pero la escuela no era su atracción favorita. Por los deportes sentía el conmiserativo desdén que generan las actividades posiblemente entretenidas, pero inútiles. “No le encontraba el mayor sentido a correr por una cancha tratando de coger una pelota”, ha revelado Heatherwick. Desde pequeño su vocación no se dirigía ni a las letras ni a los números, sino a crear cosas. Y en esto mostraba un talento que compensaba ampliamente la dejadez que sentía por los estudios tradicionales. Su primer recuerdo en este campo data de cuando tenía 7 años y se puso a imaginar un carro híbrido, cuyo motor se mantuviera en perpetuo funcionamiento.

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Consecuente con la idea de que un arquitecto nunca sale de sus planos y jamás levanta un ladrillo, Heatherwick se inscribió en el Politécnico de Manchester, donde estudió diseño 3D. Nuevamente, ver las cosas de diferente manera –eso tan inglés, y que Heatherwick aplica en cada uno de sus proyectos– lo llevó a conversar con sus profesores sobre su idea de incursionar en la arquitectura. “Muy bien, haz una maqueta”, le dijeron. “No”, replicó, “quiero hacer un edificio real”. Se puso manos a la obra y a lo largo de un año construyó, en uno de los patios del politécnico, su primer proyecto: “Pavilion”. Aquí plasmó una hoja de ruta que lo guiaría en los siguientes años: formas y estética nada convencionales que envuelven una ingeniosa estructura. En una entrevista a la revista The Economist, Heatherwick señaló que estaba interesado en construir, “pero el mundo de la arquitectura no me satisfacía en ese momento, lo sentía muy teórico. Era como si fuera su propia forma de arte, mientras yo lo veía como una extensión del diseño, el diseño de las cosas que hacen muchas cosas y tiene muchas dimensiones: ambiental, material, artística, estética, escultural, una dimensión olfativa. Y de pronto descubrí que había este umbral, ¡boom!, donde se convierte en otra cosa, en arquitectura”.

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El siguiente paso fue estudiar Diseño de Muebles en el Royal College of Art. Aquí conoció a sir Terence Conran, quien le hizo un encargo muy sencillo: una glorieta, en la cual Heatherwick simplemente empleó madera contrachapada. Después, al concluir sus estudios, Thomas recibió su primer encargo de la tienda de departamentos Harvey Nichols, que le comisionó diseñar su local para la London Fashion Week y por la cual recibió el premio D&D Gold.

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Britania Rules the World

Si la película “Love actually” se hubiera filmado unos años después y no en el 2003, el Primer Ministro inglés interpretado por Hugh Grant hubiera incluido a Heatherwick en su lista de celebridades inglesas (entre las que figuran, además de Shakespeare, Churchill y The Beatles, el pie derecho y el izquierdo de David Beckham) que son reconocidas mundialmente. Si bien el talento del diseñador británico fue reconocido desde sus épocas de estudiante, con la apertura de su compañía, Thomas Heatherwick Studio (que luego sería simplemente Heatherwick Studio y que cuenta con cerca de 70 profesionales entre arquitectos, diseñadores e ingenieros), en 1994, el éxito empezó a extenderse por todo el planeta.

Se calcula que, hasta el momento, en casi dos décadas, Heatherwick Studio ha desarrollado aproximadamente 200 proyectos. Esto implica un ritmo vertiginoso, acaso furioso, de trabajo. Los intereses del fundador de la compañía son variados y hasta eclécticos, si se lo compara con la mayoría de arquitectos y diseñadores contemporáneos. Estos van desde tarjetas de Navidad hasta puentes, plantas industriales y boutiques en Nueva York, diseño urbano y carteras. Uno de sus sueños es incluso hacer un estacionamiento público.

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Pero el camino no siempre ha sido fácil de transitar. En el 2005 completó su obra “B of the Bang”, una escultura de 56 metros de alto, erigida especialmente para conmemorar los juegos de la Commonwealth en la ciudad de Manchester. La obra, de aproximadamente 180 toneladas de peso, consistía en un mástil sobre el cual se ubicaba una especie de estrella formada por 180 puntas idénticas de acero. El problema fue que las puntas empezaron a desprenderse y, desde esa altura, la maravillosa escultura se transformó en un arma letal. Estalló el escándalo y el público, que en un primer momento estaba deleitado con la obra, expresó su furia y ésta tuvo que ser removida. No sólo eso, el estudio de Heatherwick y los constructores tuvieron que pagar una multa de 2,7 millones de dólares.

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Pero como en los buenos cocteles, cuando unas gotitas de amargo resaltan su sabor, uno de los éxitos más resonantes del inglés fue el pabellón del Reino Unido para la Exposición Universal de Shanghai de 2010. Con la presencia de 200 países y la asistencia de más de 70 millones de personas, el pabellón diseñado por el inglés estuvo entre los cinco mejores y tuvo una asistencia de 50 mil personas diariamente. Este constaba de dos elementos interconectados que se inspiran en el lema de la exposición “Better City, Better Life”: un paisaje de diferentes niveles que ocupa un área de seis mil metros cuadrados, y “The Seed Cathedral”, un pabellón de 20 metros de altura que albergó una muestra del Royal Botanical Garden.

Con apenas 42 años, Heatherwick ya es objeto de culto: exhibiciones de su obra, publicaciones, conferencias, proyectos en Asia y Africa, además de Europa y Estados Unidos. De aspecto juvenil y conversación animada, acompañada de gestos espontáneos, el diseñador inglés por momentos parece encajar en la imagen que tenemos del inventor distraído pero dueño de una curiosidad insaciable. Thomas Heatherwick, piensa diferente y derriba las tradicionales fronteras que separan a las distintas especialidades para buscar nuevas rutas por donde dejar volar la imaginación.

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