El Packaging

Martes, 21 Febrero 2017

Por: Cristián Preece @cristianpreece

Estábamos el otro día con mi señora comprando un regalo para un cumpleaños en una tienda que vende muchas cosas ricas para cocinar y nos dimos varias vueltas porque estábamos indecisos en nuestra elección. 
“¿Y si le llevamos varias botellas de cerveza diferentes?”. Me dijo ella. A nuestro amigo le encanta. Si bien es cierto la idea no era mala, me imaginé llegando con una bolsa llena de botellas (unas más lindas que otras, por cierto) al convite. Encontré que la escena era del terror, lo menos estético del mundo. Y lo peor, era como haber ido a un supermercado y comprar lo primero full testosterona para salir del cacho. 
“¿En serio?”, le dije, “pero Berni (así se llama mi mujer), ¡qué feo llegar con botellas adentro de un papel de regalo!”.

“¡No pues!”, me dijo, “las metemos adentro de una caja linda con papel bonito, así como esta”. Y me mostró una caja preciosa, llena de botellas que se veían aún más lindas enredadas en un papel negro y otros picados entremedio. “Esto es lo mismo que lo que tú haces Cris”, me dijo decidida a darme, para variar, una nueva enseñanza. Cuando las casas son lindas te dan ganas de quedarte, te dan ganas de estar.
Cuando haces un piloto y queda bonito, a la gente le dan ganas de quedarse a vivir ahí, esto es lo mismo, pero a una menor escala. 
Feliz quedó nuestro amigo con el regalo.“¡Qué lindo!”, dijo, “y ¡qué ricas cervezas! 
Era la pura verdad. 
Me paso gran parte de mi vida interviniendo lugares para que queden espectaculares, ricos para vivir y estar; lugares perfectos para compartir con la familia y amigos, y queden soñados para quienes los van a usar. 
Trabajo mucho en el tema de departamentos y casas pilotos, y por Dios que es cierto. A mí juicio, cuando una casa o departamento piloto queda perfecto, es cuando la gente que los visita queda maravillada y es capaz de proyectarse a vivir ahí. Es importante preocuparse de los detalles que son los que, al final del día, hacen las grandes diferencias entre una casa políticamente correcta a una a otro nivel de rica.
Es muy comparable con el packaging de los objetos. Nadie me puede negar que un paquete de regalo atractivo, independiente de su contenido, no genera expectación. Si hasta los envases de los productos más commodities se han preocupado de hacerlos atractivos para nosotros, los consumidores. El envoltorio, el envase de todo lo que nos venden, está cuidadosamente estudiado, de manera que el producto resalte ante la vista de muchos que están a su lado compitiendo por ser elegidos.
Un gran empresario me dijo una vez: “Eso que tú construyes en los pilotos es lo que hace que la gente se encante, se enamore del lugar”. Y tiene toda la razón. La gente antes de decidir el lugar para vivir, pasa por muchas instancias. Es una compra muy racional desde la perspectiva económica, pero a la vez, es una decisión tremendamente emocional, y a esa emoción la debes conquistar por medio de los sentidos, del encantamiento que se da de una manera muy lógica a través de la imaginación del cómo voy a vivir mi vida en ese lugar. Para eso está el piloto, para eso está pensado y estudiado, y debe resaltar por sobre el del lado de una manera que encante y seduzca. Es su envoltorio lo que seguramente llevará a determinar con cuál quedarme, cuál toca la fibra que me haga conectarme con mis emociones y me haga, finalmente, decidirme a comprarlo.
El packaging del mundo inmobiliario es justamente ese ítem, la decoración del piloto. 
Las cervezas se veían tan increíbles en esa caja todas juntas que incluso comentamos con mi señora que si hubiese costado más caro, lo habríamos pagado igual. El costo del envoltorio seguramente era marginal en el total, sin embargo, hacía la tremenda diferencia.

¡Hasta el próximo número!