Emilio Duhart, un arquitecto con muchas dimensiones

Viernes, 26 Mayo 2017

Fue la mente detrás de obras tan emblemáticas como la Cepal, el Colegio Verbo Divino, la Alianza Francesa y el aeropuerto Comodoro Arturo Merino Benítez. Estudió con grandes de la arquitectura mundial como Walter Gropius y Le Corbusier. Todo esto y más, hacen de él una figura fascinante que fue analizada e investigada con maestría por Verónica Esparza en su tesis doctoral, descubriendo aristas poco conocidas de este prolífico arquitecto y urbanista. Un merecido homenaje a 40 años de recibir el Premio Nacional de Arquitectura y a 100 de su nacimiento.

Por: María José Mora D. / Fotos: Gentileza Verónica Esparza.

La modernidad es uno de los conceptos que más resuena cuando alguien nombra a Emilio Duhart Harosteguy, ya que es un elocuente representan- te de ello. Su legado es vasto y está diseminado por todo Chile y también por el mundo, de hecho estuvo encargado de la restauración de la Torre Eiffel en 1985. Fue gracias a su dilatada trayectoria, hace ya cuarenta años que, en 1977 fue reconocido con el Premio Nacional de Arquitectura. Duhart estudió en la Universidad Católica entre 1936 y 1941. Como define la arquitecta Verónica Esparza en su tesis titulada “Emilio Duhart, un arquitecto integral. 1935-1992”, fue un joven decidido, con carácter, curioso y muy exigente consigo mismo. Clave será en esos años Sergio Larraín García Moreno, quien no solo fue una personalidad relevante en su formación académica, sino que también influyó en su formación profesional, ya que iniciará su trayectoria asociado a él realizando proyectos tan emblemáticos como la construcción del Colegio Verbo Divino y el edificio Plaza de Armas, entre otros.

Emilio Duhart se graduó con las mayores distinciones posibles de la universidad y tuvo la oportunidad de exponer su proyecto de fin de carrera en ocasión del Congreso Panamericano de Vivienda Social, ante una comitiva de tres delegados estadounidenses que participaban en el congreso. Sorprendidos por la calidad del proyecto, le consiguieron a Duhart una beca para que continuara sus estudios en Harvard, institución en la tuvo la oportunidad de estudiar junto a Walter Gropius, Marcel Breuer, entre otros. Según Esparza otra importante experiencia formativa se dará en 1952 cuando decide emigrar a París, becado por el gobierno francés, para seguir sus estudios en el Insti- tut d’Urbanisme de l’Universitè de París. Esparza apunta en su tesis que Duhart no finalizó sus estudios en esta institución debido a que, a pesar de contar con notables profesores, estos no terminaron por satisfacer su interés de profundización en la disciplina. Pero, gracias a la recomendación de Walter Gropius, logró trabajar por seis meses en la oficina del gran Le Corbusier. Todas estas historias, cambios, vida y obra de Emilio Duhart son las que Esparza va entrelazando y ahondando en su tesis, logrando develar facetas menos conocidas de uno de los grandes de la arquitectura chilena.

–¿Por qué le interesó estudiar e investigar la figura de este arquitecto específicamente?
–Me interesó estudiar e investigar la figura de Emilio Duhart básicamente porque en mi formación de pregrado estudiamos muy poco de arquitectura chilena. Sentía que tenía un vacío que llenar, porque aunque sabía que Duhart, Sergio Larraín y otros arquitectos modernos eran importantes, y conocía algunas de sus obras, no lograba dimensionar a fondo la magnitud del personaje ni mucho menos su relevancia a nivel nacional o internacional.

“Además Humberto Eliash -ex profesor y co tutor de mi investigación-, uno de los primeros estudiosos de la arquitectura moderna en Chile junto a Manuel Moreno, me aconsejó que me dedicara a Duhart porque era un personaje poco estudiado e interesante con mucha obra relevante en Santiago, Concepción, Temuco, etcétera”.

–¿Cómo influyó en Duhart el hecho de haber compartido durante seis meses con Le Corbusier?
–Le Corbusier al igual que Walter Gropius fueron influencias muy importantes en el quehacer profesional de Emilio Duhart. Su estancia en el atelier del maestro es la concreción de un interés permanente y siempre presente en Duhart por Le Corbusier y su obra. Es necesario aclarar que fue un interés no exento de actitud crítica que le permitió ser autónomo y no verse irradiado por la personalidad del maestro. Lo aprendido en el atelier del maestro actuó en la forma en que Duhart se aproximó y afrontó sus propios proyectos de arquitectura y urbanismo. Más puntualmente, a mí me parece que Le Corbusier hizo que Duhart comprendiera la dimensión plástica y expresiva del hormigón armado y cómo aplicarlo en su propia arquitectura.

–Duhart tenía un lazo fuerte con Francia. ¿Lo podría explicar?

–Duhart Harosteguy proviene de una familia de origen vasco francés, específicamente de Ustaritz. Duhart nació en Chile, pero desde muy corta edad vivió en París con su familia y regresó terminado su bachillerato, por tanto su infancia y adolescencia transcurrió en Francia, época en la cual se genera la raigambre más profunda. Además, a lo largo de su vida tuvo la oportunidad de regresar a Francia y Europa. Como comentaba en 1952, con 35 años, obtiene una beca del gobierno francés para realizar estudios en el Institut d’Urbanisme de l’Universitè de París, circunstancia que posibilitó que finalmente realizará su estadía en el atelier de Le Corbusier. En 1969 vuelve a Francia para radicarse en París con toda su familia e iniciar una etapa nueva y distinta en su quehacer profesional. Finalmente se radica en Ustaritz donde fallece en 2006.

–¿Cómo sintetizaría la labor de Duhart? ¿Cómo definiría o cómo explicaría su trabajo?
–Duhart es una personalidad muy compleja y un profesional muy completo. Yo sintetizaría su labor profesional como la de un arquitecto integral, esa es la hipótesis de mi investigación: demostrar cómo Duhart desarrolla varias facetas de su quehacer profesional de manera simultánea, sintética y consecuente con los principios del movimiento moderno que lo inspiran, con una clara y sólida voluntad creativa que lo llevan a diseñar desde mobiliario hasta ciudades con la misma calidad.

–¿Qué fue lo que, bajo tu perspectiva y a la luz de la investigación, hizo que Emilio sobresaliera en la arquitectura?
–Esta capacidad de desarrollarse como arquitecto, urbanista, profesor universitario de modo complementario y simultáneo. Ser una personalidad fuerte y avasalladoramente creativa, influyente en el medio nacional, todo esto lo hace destacar desde muy temprano. La calidad de sus proyectos, la fuerza y coherencia de sus convicciones a nivel urbano y arquitectónico lo lleva a tener obras tan emblemáticas como el edificio de las Naciones Unidas, hoy CEPAL, la ampliación del Campus de la Universidad de Concepción, las hosterías de Ancud y Castro en Chiloé o el aeropuerto Arturo Merino Benítez.

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