EN LAS CONDES, A DOS ESCALAS

lunes, 14 marzo 2016

El mundo público y privado se funden en esta propiedad que da cuenta de una arquitectura perfeccionista y depurada, la que contrasta con un color lleno de color y vida.

Proyectada por el arquitecto Cristóbal Fernández, socio de MasFernández arquitectos, esta casa fue todo un desafío, ya que se ubica en un terreno profundo, pero que posee solo 15 metros de ancho. Además, había una casa existente y la idea era aprovechar algo de esa estructura original, por lo que Fernández tuvo que poner todo su ingenio para lograr un resultado excepcional.

“La casa está enclavada en un terreno de 600 metros de largo por 15 de ancho. Esto hace que se presente de forma muy discreta desde afuera y, poco a poco, se vaya desarrollando a través de los diferentes patios que creé. Si bien se rescató gran parte de la antigua propiedad, se le cambió la cara en 180 grados”, asegura el arquitecto.

Lo que se decidió hacer fue modificar el acceso principal; finalmente, se dio vuelta la casa y se redistribuyó. Por ejemplo, la entrada actual era antiguamente el estacionamiento y el terreno donde hoy está el comedor y el quincho era parte de la casa, por lo que el jardín trasero solo abarcaba una pequeña superficie. Fue así como esta casa se transformó y se abrió a la luz, dejando atrás su oscuro pasado.

Para mantener la privacidad, se optó por construir un segundo piso en donde se encuentra un pequeño escritorio, un walk in closet y la pieza principal en suite. “En general cuando se construyen segundos pisos en casas antiguas, estos son muy difíciles de climatizar. Para evitar eso se instaló un sistema de ventanas que se abren automáticamente y que permiten una ventilación cruzada que logra que este piso mantenga una temperatura agradable”, cuenta el arquitecto. El primer piso –donde se encuentran los espacios comunes y las piezas de los niños– se conecta con el segundo por medio de una escalera hecha con maderas de demolición y que se enfrenta a grandes ventanales que, a su vez, poseen ciertas características que los hacen únicos. “El sistema de marcos de la casa es bastante especial, ya que le puse un endolado interior y el vidrio se instaló por fuera, como de parche. Así la ventana se aliviana. Esta solución la creamos en nuestra oficina de MasFernández y los marcos los hicimos junto a Hernán Echaurren”, asegura Fernández.

Si bien arquitectónicamente la casa es moderna y muy funcional, la decoración no sigue ese patrón, ya que aunque los dueños de casa son fanáticos del diseño y el arte, al mismo tiempo aman la comodidad y que en su casa se respire una onda relajada y acogedora. Y eso es exactamente lo que se siente al entrar a la casa, la que mantuvo el parqué original en todos los espacios, a excepción del segundo piso, que posee un precioso piso de madera de Hunter Douglas. Este detalle ya entrega una gran calidez. Lo primero que vemos al entrar es un precioso sofá, herencia de la abuela de la dueña de casa, y una puerta que nos lleva a un patio interior, lugar responsable de permitir que la salita y las piezas de los niños sean muy luminosas.

Volviendo al interior, está el living y el comedor, ambos se enfrentan a una gran terraza y al jardín, donde se encuentra el quincho. Las sillas del comedor son de Marcel Breur, las lámparas –las que le dan un toque vintage al lugar– las trajeron de Buenos Aires y son de la tienda “Al Costado”. Mientras que en el living sobresalen los sillones Matta y la preciosa lámpara Tolomeo. En ambos espacios los cuadros son protagonistas. Podemos encontrar artistas de la talla de Margarita Dittborn, Gonzalo Cienfuegos, Matilde Pérez, Alejandra Prieto, Anita Schmidt, Santos Guerra, entre otros. Uno de los objetos favoritos de los dueños de casa es la alfombra del comedor, la que compraron en un viaje a Marruecos, esta narra la vida de una mujer Tuareg, por lo que ningún símbolo se repite, lo que la hace totalmente única.

Por último, la terraza y el quincho son dos lugares que la familia disfruta mucho. Los muebles de terraza fueron hechos por Francisca Varela, mientras que las sillas rojas de la mesa lateral de la terraza son de la tienda de Enrique Concha. Por último, el quincho tiene una mezcla acogedora e industrial donde destaca el piso de Baldosas Córdova. En resumen, una casa que encanta por su arquitectura, decoración y porque no tiene una edad reconocible. “Creo que hay algo muy importante que he aprendido y es a entender que la arquitectura no es desechable, hay que preocuparse de construir casas u edificios que perduren y que envejezcan dignamente. Al final, cuando la casa empieza a envejecer es cuando la arquitectura muestra su calidad”, finaliza el arquitecto.

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