GIO PONTI

viernes, 21 noviembre 2014

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Este genial creador italiano fue capaz de desenvolverse en áreas tan disímiles como la arquitectura y el periodismo, es por ello que su aporte es invaluable y aún a tres décadas de su muerte, no deja de ser inspirador.
Por: Catalina Plaza S.

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8 de noviembre de 1891
16 de septiembre de 1979

 

Se movió cómodamente entre la arquitectura, el diseño industrial, el periodismo, la poesía y la ilustración. Sin dudas, un verdadero renacentista de su época, que no se cansó nunca de aportar con todo su talento y creatividad a diversos ámbitos. Fundador de la influyente y prestigiosa revista de diseño y arquitectura Domus, Gio Ponti trabajó a lo largo de su vida para más 120 compañías como diseñador industrial, en tanto que como arquitecto construyó obras en 13 países. “Amo a la arquitectura, sea antigua o moderna. La amo por sus creaciones fantásticas, aventureras, por sus invenciones, por sus formas abstractas, alusivas y figurativas, que encantan nuestro espíritu y capturan nuestros pensamientos”. Las palabras de Ponti son parte de uno de los tantos ensayos que escribió a partir de 1957 y que demuestran cómo la escritura también fue una de sus pasiones.
Este milanés (1891) estudió arquitectura en el Politécnico de Milán, carrera que no terminó por servir en la Primera Guerra Mundial. Tras graduarse, Ponti trabajó para la fábrica de cerámica Richard Ginori entre 1923 y 1930, donde impulsó la creación de originales piezas inspiradas en el neoclasicismo italiano. Fue justamente en esos años, específicamente en 1928, en que debutó en el mundo editorial con la revista Domus. Multifacético, también dio que hablar con sus obras de arquitectura y con sus “domuses”, típicas casas que se asemejaban a las viviendas milanesas desde el exterior, en cuyo interior destacaban los espacios flexibles y modulares, tendencia típica de la época que buscaba la armonía entre forma y función. Pero aunque se confesó admirador de Le Corbusier, Ponti cultivó un estilo propio en el que las tendencias decorativas, lejos de ser miradas en menos, eran ensalzadas. A mediados de los ’50, recibe variados encargos arquitectónicos. En su portafolio figuran proyectos como el rascacielos Pirelli (1956-1960), la Villa Planchart en Venezuela(1957), la Iglesia del Hospital de San Carlo en Milán (1966) y la Catedral de Taranto (1970). Como diseñador industrial, en tanto, su legado también es amplio. Fue colaborador de Arflex o Cassina y autor de piezas emblemáticas, entre las que destacan la silla Distex (1953) y la silla Superleggera (1957). Ambos diseños se transformaron rápidamente en clásicos de su época.

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