GONZALO MARDONES & JUAN GRIMM

martes, 14 junio 2016

Aunque habían trabajado juntos en encargos menores hoy estos potentes nombres se unen en un proyecto mayor en el que esperan que arquitectura y paisaje dialoguen con un lenguaje común. En una distendida conversación con “Casas” también ahondaron en los problemas que tiene la ciudad y en cuanto les gustaría hacer mas aportes a los espacios públicos por el bien común.

Por: Catalina Plaza S.

Les gusta conversar, no le tienen miedo a la polémica ni a decir las cosas por su nombre, ambos son arquitectos, los dos estudiaron primero en la Universidad Católica de Valparaíso para luego emigrar a la Católica de Santiago. Gonzalo Mardones y Juan Grimm son de esas duplas con las que una conversación da giros insospechados. A diferencia de lo que se podría pensar, aunque se trata de dos grandes, reconocidos y premiados, los egos parecen no estar sobre la mesa en esta oportunidad. Muy por el contrario, al hablar sobre el proyecto de Inmobiliaria Indesa que los tiene trabajando juntos, los elogios se multiplican. Se trata de Viñas de Chicureo, un parque continuo con una trama de paseos peatonales vestidos de áreas verdes con especies propias de la zona como Quillayes, Peumos, Molles y Algarrobos, en el que se emplazaran 72 casas –de varias tipologías diferentes- proyectadas en terrenos de entre 4 y 5 mil metros cada uno.

-¿Cómo ha sido esto de trabajar juntos?

Juan:-Habíamos trabajado juntos en algunas cosas, pero nunca habíamos tenido una relación tan directa y esto de juntarnos a conversar, estar en terreno, de convivir un poco más ha sido una buena experiencia. Me cae bien. Me gusta lo que hace, creo que es limpio, tiene identidad, además lo que profundamente más me gusta y que lo tienen solo algunos profesionales es el respeto por la opinión del otro, ya que la toma en cuenta. No está en ese lugar de que por principio es el arquitecto y lo que dice es ley. Eso ocurre mucho, cuando se espera que el paisajista se adapte. Eso es maravilloso porque en la medida de que el arquitecto te abre las puertas, se empieza a trabajar de forma entretenida y se potencia la experiencia profesional. Eso enriquece el proyecto y la relación.

En el fondo es la cara opuesta a otras experiencias que he tenido con otros arquitectos.

Gonzalo: –El ámbito inmobiliario me ha costado mucho y vivimos como taller intentando convivir con el, ya que en varias ocasiones la arquitectura no es del interés para la mayoría de las inmobiliarias. En este caso se da la opción de sumar, después de este concurso que tuvimos la suerte de ganar porque además también suma el hecho de trabajar con Juan Grimm, que es un referente y un tipo extraordinario que ha mantenido una línea en el hacer contemporáneo, las cosas cambian.

Creo que este proyecto debiera trascender porque concreta el sueño de unir arquitectura y naturaleza sin que compitan entre sí.

Para los que seguimos siendo creyentes en este país, la naturaleza es una obra divina que va más allá del ser humano, que ha descubierto muy pocas cosas. Cuando uno tiene la posibilidad de trabajar con un arquitecto paisajista que tiene el talento de Juan y que es capaz de recuperar ese lugar, que es más bien seco, pero con lo propio del valle central, obviamente que para uno como arquitecto es un plus tremendo.

-¿Qué cualidades destacarían de este tipo de proyectos en los que la naturaleza es protagonista?

G:-La arquitectura de las casas debía respetar esa condición de el lugar que permitiese esa sensación tan profunda de hacerse de el, respetándolo y poniéndolo en valor. En esa línea optamos por usar volúmenes distintos, casas con tipologías distintas de uno y dos pisos respetando e intentando no pasar la altura de los árboles, sin embargo con una materialidad común; a saber, hormigones arquitectónicos vistos con incorporación de pigmentos de colores propios del lugar. De ahí que arquitectura y paisaje se funden en una composición en donde a la manera de la naturaleza no hay nada que se repita. Las casas tienen cada una su propia morfología y se disponen en el parque como una masa construida que da sentido a ese lugar, evitándose vulnerarse entre ellas.

-¿Comparten una visión similar de la arquitectura?

J:– Sí. Esa es otra parte muy buena con Gonzalo, porque hablamos de cosas comunes, son generaciones comunes. G:- Juan es probablemente el mayor referente, no solo en Chile, sino también en América. Puedo ser crítico de Juan como arquitecto, pero gran admirador de Juan como paisajista. Su talento, su genialidad, es que es un gran arquitecto paisajista que nos enorgullece a todos.

-En los últimos meses se han anunciado varios proyectos que esperan transformar lugares iconos de la ciudad como la Plaza Italia o la recuperación del Barrio la Chimba a través de un explanada que unirá el Mercado Central, el Tirso Molina y La Vega Chica y Central. ¿Creen que con este tipo de proyectos se salva la deuda que la arquitectura tiene con la ciudad?

J:-Es un tema que me interesa mucho, porque a mi lo que más me importa en este momento es poder hacer cosas públicas. En Chile no he podido hacer porque en todos los concursos en los que he participado he quedado en el décimo lugar. En uno de los últimos incluso recibí una carta del director del concurso en la que se me decía que el proyecto tenía algunos aspectos bien resueltos, pero que la parte central del parque era aberrante. Textual. Cuando participé por el diseño del Parque Araucano me di cuenta de que el proyecto era imposible de entender, teniendo en cuenta de que en el jurado habían personajes como la Totó Romero… El segundo concurso grande, que fue el Bicentenario, fue donde encontraron aberrante lo que proponía y me di cuenta, por el jurado, que nadie sabía mucho. Ahora estoy haciendo un paseo en la costanera de Frutillar. Gracias a este proyecto me encontré con el intendente de la Región de los Lagos que me comentó que había un proyecto en Osorno para un parque en el río Rahue. Hice un proyecto maravilloso y todos quedaron fascinados. Entonces llegó el momento de aclarar plazos, honorarios, responsabilidades, pagos, garantías, etc. Les regalé el proyecto, es la única vez que he estado al borde de hacer algo interesante en el ámbito público. No puedo trabajar con esa cantidad de multas o teniendo que contratar un ecólogo para que se encargara de las aguas. Los honorarios eran absurdos, tanto que habría tenido que poner plata de mi bolsillo para que se hiciera. Eso es lo que pasa en las ciudades.

G: –Chile tiene que ser un país de frentón en vías de desarrollo en esta materia y salir de este desinterés por el bien común. En materia urbana y de bien público vamos muy mal, yo diría cada vez peor. A los que gobiernan y a los que pretenden gobernar no les interesa el tema mas importante que es tener mejores ciudades y mejor arquitectura. Los espacios públicos tienen que ser hechos por la gente que sabe. No puede ser, por ejemplo, que Juan Grimm, que ha sido un referente, nos cuente aquí, en esta conversación que no ha realizado un espacio público. La burocracia política y la falta de interés de todos los lados ha sido muy ineficiente, los segundo pisos de los gobiernos impiden hacer proyectos de primera categoría. El gran parque que tenemos que es el San Cristóbal y que hacia el lado poniente está absolutamente botado. ¿Cómo no se dan el lujo de llamar a un concurso a los paisajistas de buen nivel para transformar lo que debiera ser un cerro maravilloso, hoy plagado de basura y delincuencia?

-Pero para eso existen los concursos.

G:- ¿Concursos de qué? El tema del San Cristóbal es atroz porque son muchas municipalidades. Trabajo en Huechuraba y ese es el cerro más nefasto, no hay ningún árbol ni interés de nadie por hacerse cargo. Hoy día lo más importante es el bien común. Para Santiago se planteó, hace más de una década, un tema fundamental y necesario que fue densificar la ciudad para recuperar el centro de Santiago. ¿Saben cómo se hizo? De la manera más nefasta, no hay veredas, no hay calles, no hay una figura urbana. El centro poniente de Santiago murió. La escala urbana de esta ciudad hoy está llena de torres inmobiliarias desproporcionadas a sus calles. Las ordenanzas se han hecho mal porque ha faltado talento, sobriedad, justeza, moderación y conocimiento de los responsables del bien público. En los países cultos cuando se trata de intervenir puntos neurálgicos de las ciudades, tanto los estamentos públicos como los privados contratan a los que realmente saben. Lo digo con humildad pero con convicción.

J:-Longueira me llama un día por el Memorial de Jaime Guzmán, que de alguna manera está inspirado en el salón Barcelona de Mies van der Rohe. Tuvimos una buena relación. Se inauguró este proyecto y a las dos semanas lo llamé para saber quien iba a mantener el proyecto y me dijo que la fundación había quebrado. Entonces, el espejo de agua es un basural, todas las luces nunca más se prendieron, los vidrios están rayados. Escasamente están viviendo los plátanos orientales que puse. Tanto esfuerzo para nada. No hay una continuidad, una visión más a largo plazo.

-¿Cómo se puede aportar desde sus distintas disciplinas para que la ciudad de Santiago tenga una identidad más clara?

J:-Volviendo a lo público y a lo que Gonzalo dice, yo no comparto su idea de que Santiago no tiene árboles. Sobrevolando Santiago, gracias a algunos clientes que me transportan, uno se da cuenta de que Santiago sí es verde.

Aún así, por clima, experiencia, historia, nadie se pregunta por la arborización de la ciudad. Santiago es una ciudad pobre, con todos lo cables a la vista y justo debajo de ellos se plantan los árboles. Es un tema no menor, hay una incultura tan grande con respecto a esto y nadie se hace cargo. Carlos Larraín hizo una tremenda obra cuando fue alcalde de Las Condes pero decidieron poner Tuliperos, lindos árboles, aunque primero que nada es un árbol que crece naturalmente en Washington D.C. por lo que desde un punto de vista lógico uno dice: “están dementes”. Se lo dije a Carlos. Es triste pero ya se están muriendo. El liquidámbar, árbol que aman todos los santiaguinos y que conocen más que el peumo, lo que es aberrante, está en todos los bandejones del barrio alto. Nadie sabe que tienen un tronco muy grueso y que es uno de los arboles más altos que existen en el mundo y que levantan las raíces a muerte. Todos los bandejones aquellos, en 50 años más van a estar inutilizables.

G:-Hay muchas maneras para aportar, ninguna de ellas fácil. Insisto que la ciudad no está en las prioridades de este país, no está en la agenda, no está tampoco en la lista de lo prioritario de los periodistas que al igual que los que legislan y gobiernan no logran detenerse en los hechos urbanos, lejos lo mas importante para nuestra sociedad, sobre todo para los que menos ingresos y posibilidades tienen. Estamos, y cada día mas, en un mundo urbano y los hechos reales de nuestras ciudades no permiten un bienestar o una vida mejor, mas fácil, mas humana. Esto último y los grandes errores de nuestra ciudad están convirtiéndola en un horror. La inseguridad, la delincuencia, la falta de tiempo para lo que realmente importa son lo propio de una ciudad que se degeneró por falta de ideas y de talento, por un engolosamiento de algunos, por la falta de interés en la belleza de una sociedad que va directo a la ceguera, por la burocracia , por el poco interés que una sociedad tiene frente al lugar que te puede dar una vida mas plena, mas feliz, mas digna, menos injusta y menos peligrosa. Ahora si nos referimos a la ciudad de los pobres, a la ciudad que habitan una cuarta parte de los chilenos caemos en la cuenta que nada se esta haciendo bien por ellos. De ahí los momentos que vive nuestra sociedad y el riesgo de que la cosa pase de gris a negro. Hemos desarrollado la ciudad de la barbarie y la injusticia cuando es tanto mas económico y fácil realizar la ciudad culta, la ciudad soñada por todos.

 

 

 

 

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