Gonzalo Pedraza: “Me molesta que algunos designen con autoridad qué es arte o no”

miércoles, 22 agosto 2018

CON VARIAS EXPOSICIONES EN SU TRAYECTORIA, TANTO COMO CURADOR Y COMO ARTISTA, SE HA EMPEÑADO EN PONER SOBRE LA MESA EL VALOR DEL “ARTE” Y LO QUE ENTENDEMOS COMO “OBRA”. CON LOS OJOS PUESTOS EN LA PRÓXIMA BIENAL DE ARTE DE VENECIA, ESPERA CONVERTIRSE EN EL PROTAGONISTA DEL PABELLÓN CHILENO DE LA VERSIÓN 2019.

Por: Catalina Plaza S. / Retrato: Matías Bonizzoni S. / Fotos obras: Jorge Bustos P.

Gonzalo Pedraza es artista, pero aunque lleva diez años ejerciendo como tal, el medio sigue pensándolo como un curador, un investigador y un historiador del arte. Hoy es uno de los siete artistas que buscan llegar al Pabellón de Chile en la 58ª Bienal de Arte de Venecia, que se realizará entre mayo y noviembre de 2019. Es el más joven, es prometedor, es el que ha forjado su carrera siendo su propio “manager”. Aunque no puede dar luces del proyecto con el que quiere desembarcar en Italia, cuenta que se vincula a lo que ha estado haciendo el último tiempo: recolectar pinturas que venden en las cunetas de la calle y transformarlas. “Lo encuentro tan poético: ocupan el mismo lugar que la basura y luego las recorto y las transformo en plantas: suculentas, arbustos y flores. Es como un reciclaje del arte, pero de un arte que de la cuneta jamás va a pasar al muro del museo: por pobre, por ordinario, por no tener pedigrí, pero como planta pasa camuflada y ese efecto me tiene muy concentrado”, dice.

–¿Tiene algo de ecología?

–Exactamente. La ecología es algo que me tiene trastornado, llegue a ella a través de los ecopoemas de Nicanor Parra –yo soy un fiel seguidor de Violeta Parra y su investigación sonora y musical– que tienen la particularidad de ser francos (son antipoemas) y tratan el pensamiento ecológico de sus bases: cómo nos relacionamos los humanos con la naturaleza y cómo nos relacionamos los humanos con los humanos. Y en ese sentido, los ideologismos –derechas e izquierdas–, como dice Parra, son hermanos gemelos, soberbios y nefastos, que quieren imponer su juego frente a otros. Esa misma cuestión pasa en el arte: si tienes formación universitaria, si expones en lugares prestigiosos, si estás en grandes colecciones, si te codeas con los grupos más cool del arte, eres un artista y tus artefactos pasan a convertirse en obras de arte. Es el mismo grado de autoritarismo que plantea el pensamiento ecológico. Recomiendo leer ‘El apoyo mutuo’, de Poitr Kropotkin”, sostiene.

Pedraza suele jugar con la idea de lo que se considera “arte”, no a modo de burla, sino poniendo a prueba al espectador, que ve cómo las obras más insignificantes pueden transformarse en un importante acervo. Sus exposiciones: Colección Vecinal (2008, Galería Metropolitana; 2009, VII Bienal de Mercosur, 2013 Matucana 100), Colección de imágenes (2011 Matucana 100; 2016 Sala Cronopios, Centro Cultural Recoleta, Buenos Aires), Colección Televisiva (2012, Matucana 100), Fósiles (2014, Galería Metales Pesados) y Colección Natural (2016, Corpartes) han sido muestras donde las etiquetas de “artista” y “obra” cambian radicalmente su sentido. ¿Qué busca transmitir hoy? ¿Hay un interés de poner en valor el arte que supuestamente no es “arte”? “Me interesa poner en discusión, más que en valor, la idea de que una persona que cuelga una pintura en su casa o que aprecia un objeto como algo especial, ya realiza un gesto fundamental. Tiene un peso biográfico, que debe ser respetado por el solo hecho de haber sido enunciado”, afirma el artista, cuya obra se encuentra en las colecciones de Juan Yarur y Fundación FAVA.

–¿Buscas atesorar el pasado y el futuro cuando transformas pinturas sin valor aparente en nuevas obras?, ¿cuando creas especies que no existen?

–Me interesa el patrimonio de todos, y me molesta la idea de que algunos designen con autoridad qué es arte o no, qué es patrimonio o no. Para decir eso hay que saber mucho, y al saber mucho te das cuenta que poco sabes, y que a veces todo es un sinsentido. La historia escrita cuenta una epopeya, y yo creo que muchos de los acontecimientos históricos fueron por suerte, por error, porque así salió de repente, porque tocó. Estas nuevas obras son encontradas, las elijo por su belleza y transmisión de algo medio misterioso: no sé si vienen con una mano educada en la pintura ni tampoco con la ambición, su internacionalización se erige en las cunetas y su transformación en plantas imaginarias responden a los primeros museos de historia natural que anteceden a los museos de arte. Las paso por contrabando y expongo el trabajo del otro, su huella convertida en pintura sobre tela, en helechos, filodendros, boldos, litres y otros, haciendo variaciones para que parezcan más a las plantas de nuestros imaginarios que a las plantas que creemos que existen.

–¿Continuará la investigación visual que has desarrollado durante los últimos años y que se vincula al coleccionismo y el gabinete en la primera modernidad europea?

–Sí, creo que es un tema fundamental, no tanto por su valor histórico –que sin dudas lo tiene–, sino porque en cierta medida me traduce. Los artistas tienen que traducir algo que llevan dentro, como decía Violeta Parra; es la vocecita que te habla. En mi caso, los museo antiguos llenos de animales y plantas, los museos humanos, los museos de curiosidades, hasta los museos de arte, todos tienen algo que me mueve dentro. Es la idea de que existe un autoritarismo –como lo mencioné con la ecología– implícito, un autoritarismo que a veces ha llegado a la crueldad y a cambios fantásticos. Por ejemplo, en las últimas obras descubrí que Santiago era un secano: un cuasi desierto y que hoy lo vivimos en verde, gracias a un grupo de personas con poder que quería implementar ese color para ser más parecidos a Europa. Los que nacimos en el siglo XX, vivimos la fantasía del otro, ellos fueron los Walt Disney de la época.

–¿Qué es lo que más te seduce de la posibilidad de ser parte de la bienal de 2019?

–Me seduce todo para ser honesto, qué artista no querría estar representando a su país en una de las bienales más importantes que existen actualmente. Siempre la he visto como las Olimpiadas –pero en su versión antigua y romana– y ese reto me fascina: ser el que va a la luchar por defender su patria. Creo que tiene algo de héroe y honor, cuestión que siempre me ha fascinado.

–¿Crees que en Chile se valora recién al artista cuando ya ha logrado esa internacionalización?

–Hay casos evidentes como Gabriela Mistral y Violeta Parra que, además de artistas, compartían la condición de ser mujeres.

–¿Cuan importante es la internacionalización de la carrera de un artista hoy? ¿Por qué se busca repercutir en la cultura internacional?

–Qué difícil… hay una respuesta que todos darían, pero me da lata… creo que pasa lo mismo que en el siglo XIX y que siempre ha pasado, pero un ejemplo sería Pedro Lira, que a su vuelta de París –con estrellitas en la solapa– logró fundar en 1885 el primer museo de arte que se llamó Partenón. Y era un edificio que copiaba esta construcción clásica que actualmente está en el Parque de la Quinta Normal. La necesidad de salir al mundo occidental es lo mismo que ocurre hasta el día de hoy cuando uno escucha un artista con un MA en arte, París. Son maneras que, de algún modo, un artista debe pasar para validar su obra y, en el fondo, para salir del confinamiento de la cuneta. Yo no me opongo… aquí habla el historiador, porque cuando uso el traje de artista creo que hay que hacer todos los malabares y sacar el conejo del sombrero.

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