Guillermo Hevia García: “La ciudad es el gran tema pendiente en la agenda política”

viernes, 5 enero 2018

Tras un exitoso 2017, avalado por el premio promoción joven que entrega el Colegio de Arquitectos y con varios proyectos en desarrollo, a sus 31 años, el arquitecto de la Universidad Católica se ha convertido en un referente de su generación.

Por: Catalina Plaza S. / Retrato: Bárbara San Martín S.

La forma no solo sigue en función al hablar de la carrera de Guillermo Hevia García, porque desde que egresó de la universidad en 2011 ha trabajado en encargos muy diversos, que abordan la arquitectura desde distintas perspectivas y que han logrado posicionarlo como uno de los nombres más destacados de su generación. Un buen ejemplo fue su proyecto “La grilla y el archipiélago” –que resultó ganador del Concurso de Vivienda Colectiva “Hábitat Colectivo”– entre más de 120 proyectos o su proyecto para YAP_Constructo 06, “Tu Reflexión”, desarrollado junto a Nicolás Urzúa Soler el 2015. Los reconocimientos también respaldan su quehacer. El Premio Promoción Joven, que entrega el Colegio de Arquitectos a un profesional menor de 35 años con una trayectoria destacada y que recibió este 2017, se suma a otros hitos: en 2015 fue seleccionado como representante de Chile en la IV Bienal de Arquitectura Latinoamericana (BAL) de Pamplona, España, y un año antes resultó ganador de la IX Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo (IX BIAU) en Rosario, Argentina, por el proyecto para el Colegio Alianza Francesa Jean Mermoz.

Se suman, asimismo, varios proyectos que verán la luz el 2018, entre los que se encuentran dos casas en Santiago, que tienen su punto de partida en preexistencias, y la primera casa construida desde cero en el sur del país. También terminará la construcción de los edificios de servicios para Aceros Chile, primera colaboración que realiza junto a su padre, el también arquitecto Guillermo Hevia Hernández. “Trabajamos en conjunto, y me tocó estar a cargo del diseño de los volúmenes cilíndricos de hormigón donde se ubican oficinas, camarines y comedor. Ha sido una experiencia muy fructífera y de gran aprendizaje”, cuenta el arquitecto.

En 2018, además, se lanzará la primera monografía de su trabajo, realizada por la editorial mexicana Arquine en coedición con Ediciones ARQ de la Universidad Católica de Chile. La obra supone una revisión del proceso creativo detrás de los proyectos de Hevia, que contempla una importante reflexión vinculada a una colección subjetiva de intereses personales, obsesiones, líneas de investigación, trabajos de arte, fragmentos de cine, piezas literarias, objetos, fotografías, pinturas o memorias, propias y regaladas por terceros. Este imaginario es el punto de partida de los proyectos y la herramienta que guía el desarrollo de los mismos, en donde la representación cobra un rol fundamental.

“Creo que la arquitectura tiene algo de autobiográfico y se relaciona con intereses personales que son subjetivos y permiten dar sentido al trabajo”.

Este sistema ha ido complejizándose en la medida en que pasa el tiempo y la colección empieza a volverse más diversa. Estos imaginarios le dan sentido al proceso de diseño del proyecto, y si bien en el inicio fue realizado de manera más inconsciente, una vez titulado empezó a volverse más sistemático. “En el último tiempo he podido establecer nuevas relaciones entre las obras y los proyectos que antes parecían menos evidentes y me han permitido construir vínculos y relecturas de lo ya realizado. Esto te permite también sostener una discusión al interior de la oficina que es bastante enriquecedora”, comenta Hevia.

Esta forma de enfrentarse a los encargos surgió en la universidad y específicamente en el taller de Sebastián Irarrázaval, a quien considera un importante maestro. “Fui alumno de su taller, luego su ayudante y, finalmente, profesor en su equipo. Fue la mejor experiencia que tuve en la universidad, por la aproximación que él tiene de los proyectos y por cómo inserta temáticas ajenas a la arquitectura”, sostiene.

–¿En qué proyecto en concreto reconoces estas referencias externas?

–En los volúmenes de Acero Chile esto se da de manera más evidente. En este proyecto empleamos como arquetipo las construcciones militares defensivas del Cinturón de Fuego del Atlántico, que está compuesta por una serie de fortalezas y bunkers que se construyeron durante la Segunda Guerra Mundial a lo largo de la costa norte de Europa. Queríamos hacer un proyecto que tuviera masa y un grado de opacidad que lo volviera resistente al exterior, que consideramos algo hostil por estar al borde de la autopista de acceso sur de Santiago, lo que genera una velocidad y un ruido del que queríamos aislarnos. De esta manera estudiamos estas construcciones en desuso y trasladamos características como la masa, el espesor de los muros, el hormigón bruto o la relación puntual y horizontal con el exterior mediante mirillas a este nuevo proyecto. En este caso, los valores se traducen en un cilindro de hormigón que tiene un patio al centro y otros cuatro a los lados. Los patios contienen jardines y generan una atmósfera interior que parece más propicia que las vistas hacia el exterior. El edificio tiene una relación puntual con el entorno, en este afán de construir una distancia con el exterior. El encargo suponía construir un único edificio que contuviera todos los servicios asociados a la industria, como oficinas, salas de reunión, camarines y comedor. Consideramos obsoleto emplear el típico esquema de edificio corporativo, que es una sumatoria de programas sin mucha relación en un mismo volumen. La decisión fue dividir este gran edificio, en pabellones cilíndricos más pequeños que contuvieran los programas específicos, lo que resultó en la configuración de cuatro volúmenes que son autónomos y que se pueden implementar en el tiempo.

–Teniendo en cuenta que puedes actuar por contraste o bien intentar que tu intervención sea lo menos perceptible posible, ¿cómo enfrentas los proyectos que parten de una preexistencia?

–Un camino sería mantener o readecuar lo existente, pero el mandante muchas veces busca actualizar los espacios y construir nuevos programas. En dos casas en las que estamos trabajando actualmente, operamos por contraste, ya que nos interesa que se pueda leer que existe una obra original y anterior. El proyecto se entiende como una unidad; sin embargo, me interesa hacer evidente lo existente y lo nuevo, lo que nos lleva a hacer patente el contraste.

–Tiene que ver con lo que pide el mandante o más bien es una filosofía de la oficina.

–Una de las casas que estamos remodelando fue proyectada por Jaime Sanfuentes y tenía muchas intervenciones posteriores que alteraban el proyecto original, restándole valor. Lo primero que hicimos fue volver al proyecto original; es decir, demoler lo añadido y reconstruir lo que se había perdido. Al momento de plantear la intervención decidimos operar por contraste, de manera de no alterar la obra original. Sanfuentes no tiene casas de dos pisos, por lo que es un desafío agregar un segundo nivel. Resolvimos el programa manteniendo todas las relaciones espaciales de la planta baja y agregamos un volumen de hormigón a la vista en el segundo piso, que funciona como una suerte de ruina, algo más neutral y silencioso.

–¿Te sientes influenciado por alguna generación de arquitectos en particular? Alejandro Aravena, Mathias Klotz y Smiljan Radic lideraron, en parte, la internacionalización de la arquitectura chilena.

–Tengo una visión positiva de lo que ellos hicieron y hacen, porque les tocó abrir una nueva discusión, siendo jóvenes, y responder con arquitectura de mucha calidad y de manera muy seria, insertando la arquitectura como tema.

–Tomando en cuenta el contexto político actual, ves real interés de los candidatos por los temas relacionados a la ciudad.

–La ciudad es el gran tema pendiente en la agenda política. No tiene que ver con una tendencia en específico, sino con que no existe interés en que estas temáticas estén en la primera línea de la discusión y de sus propuestas. Eso me parece extraño, porque la ciudad es un tema absolutamente relevante, ya que define la cancha sobre la que un elevado porcentaje de población de desenvuelve. Pero la discusión sobre la ciudad no solo debe quedarse en los grandes temas como vivienda, servicios o movilidad, sino que debe ser entendida en su total dimensión, desde lo grande a lo pequeño, desde una autopista hasta una plaza, poniendo igual atención en temas menores y más cotidianos como puede ser el cuidado que ponemos en los árboles frente a la amenaza de las compañías eléctricas que los talan de manera indiscriminada por asegurar un mal entendido servicio. El otro aspecto tiene que ver con lograr compatibilizar distintas agendas o temáticas en un proyecto total. Por ejemplo, uno de los grandes problemas de las autopistas urbanas es que centraron el problema solo en un tema de movilidad, viajar de A a B y dejaron de lado, por ejemplo, el impacto sobre lo construido o la forma cómo se relacionan con su entorno. Eso ha generado una fragmentación y segregación de la ciudad, que solo genera externalidades negativas, producto de que no miramos el problema en su real dimensión y complejidad.

–¿Cómo puede aportar tu generación para que estos temas se tomen en cuenta y que realmente la ciudad no siga siendo solo parte del debate de arquitectos y urbanistas?

–Creo que lo central es poner al proyecto, que es la principal herramienta que tenemos los arquitectos, como el eje de la discusión. Esto se logra de diversas maneras, una de ellas es participando de los concursos públicos de arquitectura, que permiten realizar proyectos públicos que tienen la capacidad de intervenir la ciudad e incidir en los habitantes. Me parece que un aspecto que siempre debe estar presente en todo proyecto es el énfasis que como arquitectos hacemos en lo común. Todo proyecto, por privado que sea, tiene una dimensión pública, que puede ser el acceso, la configuración del sitio, la relación con el vecino o el barrio, y esas son oportunidades que no debemos dejar de lado.

En mi caso vi una oportunidad de entrar con un proyecto en la discusión acerca de la vivienda colectiva y el espacio público en el Concurso Hábitat Colectivo. Nuestra propuesta ‘La grilla y el archipiélago’ resultó ganadora y nos ha permitido trabajar e investigar sobre un tema que ahora me parece prioritario. Nuestra propuesta busca insertarse en barrios existentes, no como una pieza aislada, sino como un sistema abierto a la comunidad, construyendo servicios y una sucesión de espacios públicos en primer nivel que puede adaptarse a las necesidades de los diferentes lugares, por eso la idea de archipiélago. Igualmente importante es la relación lleno y vacío que construyen los edificios, que aseguran un porcentaje de espacio abierto público, que además permite tener vistas, iluminar y ventilar todas las unidades, por eso la idea de grilla.

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