HOTEL LUCIANO K ¡NUEVA VIDA!

Lunes, 18 Abril 2016

LO QUE FUERA A COMIENZOS DEL SIGLO XX EL PRIMER RASCACIELOS DE SANTIAGO ALBERGA HOY, COMPLETAMENTE RESTAURADO, A ESTA NUEVA APUESTA HOTELERA EN LA QUE EL DISEÑO Y LA ARQUITECTURA SORPRENDEN.

Por: Catalina Plaza S. / Producción: María Teresa Weigand R. / Fotos: Matías Bonizzoni S.

Durante muchos años, los 17 departamentos de este emblemático edificio del Barrio Lastarria, hoy convertido en un hotel boutique de 38 habitaciones, fueron ocupados por estudiantes como talleres y personas que iban y venían, sin darle mucho valor a una construcción que marcó un verdadero hito en la historia de la arquitectura nacional cuando en 1928 se convirtió en el más alto de la capital y en el primero en contar con ascensor y calefacción central. El responsable: Luciano Kulczewski, un pionero que imprimió diversos estilos arquitectónicos a construcciones como la sede art nouveau del Colegio de Arquitectos, la casa estilo neomedieval de la familia Kulczewski Yanquez; el mismo de las salas de control del funicular del Cerro San Cristóbal o la piscina escolar de la Universidad de Chile y su estilo art deco. Así de polifacético, al momento de proyectar el edificio que hoy cobija al Hotel Luciano K, diseñó hasta el más mínimo detalle. La misma dedicación, casi a un siglo, es la que la oficina de arquitectura Max-A puso a este proyecto que comenzó a gestarse hace tres años y que tardó algún tiempo, ya que como era considerado un inmueble histórico, debió ingresar al Consejo de Monumentos Nacionales, a la par de que se iban afinando los detalles.

Max Noguera cuenta que el encargo llegó de una manera particular, ya que los socios del proyecto ya habían hecho un concurso previo, pero no estaban convencidos con las propuestas que habían presentado las otras oficinas, por lo que acudieron a él. Con el tiempo en contra, a bordo de un tren camino a Temuco y sobre unos planos escaneados, el arquitecto dio con una fórmula que lo puso a la cabeza del encargo. Desde ahí en adelante, un arduo trabajo de investigación, rescate, restauración y arquitectura para lograr captar el espíritu original del edificio y, además, proyectar todo el confort de un hotel boutique contemporáneo.

“En todos los hoteles que se han construido en el Barrio Lastarria y que tienen esta característica de ser patrimonio, lo que hacen los arquitectos es mantener la fachada y no rescatan nada del interior, ni ventanas ni techos ni pisos. Este es el primer ejercicio que es de rescate completo”, precisa Noguera para comenzar. “En esta línea, el proceso comenzó con una etapa de desmantelación y posterior demolición de lo que no pertenecía a los orígenes, evidenciando su espacialidad real, y permitiéndonos hacer un levantamiento completo de todos los tipos de puertas, ventanas, forjados, para saber cuál era la composición y así validar lo que habíamos propuesto y que realmente funcionara”, explica el arquitecto y agrega: “Dentro de la conformación del equipo, al principio nos asociamos con la empresa española Moguerza, especialista en restauraciones. Ellos realizaron un estudio de tres meses en el que nos hicieron un levantamiento completo del edificio, de la composición de las puertas, de las ventanas, de las fachadas, de absolutamente todo. Ellos crearon un libro con todo caracterizado que se convirtió en nuestro almanaque”.

Luego vino la rehabilitación y ahí la restauración completa.

Entre los materiales originales que hoy se pueden observar se encuentran las Baldosas Córdova; tacos de 10×10 centímetros traídos desde España antes de que la fábrica se instalara en Chile, los que se pueden ver en la entrada y en la terraza que se encuentra en el último piso; las alfombras de parquet de las habitaciones, la escalera de mármol y la totalidad de las puertas y muchas de las ventanas. Un verdadero lujo que rememora al edificio original y que converge a la perfección con la intervención actual que consistió principalmente en modificar las plantas de cada nivel para poder llegar a tener ocho habitaciones por piso, aprovechando los cinco tragaluces existentes. En estos se instalaron unas espectaculares lámparas que, además de aportar luz a cada piso, sirven de corta vistas entre algunas ventanas de las habitaciones que dan a estos espacios. La iluminación a cargo de Pascal Chautard, de Limarí Lighting Design, destaca en cada uno de los recintos, además de jugar un importante rol en las fachadas, las que también revelaron una gran sorpresa tras ser decapadas. “Ambas estaban pintadas blancas. Hicimos estudios bastante profundos y llegamos a que la fachada de la calle Merced era de color magenta y que la de La Alameda era azul. Obtuvimos los colores originales y por esos se ve algo manchada”, explica Max.

PIEZAS ÚNICAS

Dadas las condiciones de este inmueble, casi ninguna habitación es igual a la otra y, aunque se conservaron los suelos, poseen tecnología de punta como, por ejemplo, la aplicada a las ventanas, que cuentan con triple termopanel, para aislar el ruido de las avenidas aledañas.

La cuidada arquitectura interior de cada una de ellas, así como los espacios de uso público, como el restaurante y la terraza, fueron acompañados por el diseño de la arquitecta Paula Gutiérrez, que sin perder los aires art deco originales, transformó el espacio con toques contemporáneos para ambientarlo a la modernidad que se exige. Según explica la arquitecta, “planteamos un layout de mobiliario en las habitaciones, primer piso y terraza, que permitió darle mayor espacialidad y limpieza al reducido espacio interior, resultado de la arquitectura original y luego del diseño de Max-A arquitectos. Los muebles incorporados como closets y vanitorios fueron desarrollados en un espíritu contemporáneo y muebles en Carrara blanco con metal negro en vanitorios. Además, se diseñaron bow windows de espejo con escritorio inserto para habitaciones pequeñas. Mi concepto fue rescatar la época del edificio original con sus detalles particulares, ya que es uno de los pocos edificios en Chile en que se refleja la Secesión Vienesa, y llevarlo a un lenguaje actual, que le hace un guiño a ese momento en la historia cultural contemporánea”.

Gutiérrez también explica que la elección de los materiales, como el terciopelo o el diseño de las cortinas y de las baldosas del primer piso, se condicen con lo anterior. Sucede lo mismo con los diseños de los muebles que son de época, pero modernos y que “forman un conjunto armónico en que se cruzan lenguajes y culturas”, afirma la arquitecta que proyectó cada una de las piezas del mobiliario especialmente para el hotel.

Otro detalle destacable es la serie de fotografías de Gonzalo Romero que se ve en las habitaciones y otros recintos del Luciano K. Así, arquitectura, diseño, iluminación y decoración se unen a la perfección y son la mejor carta de presentación para los huéspedes que buscan una experiencia en que la ciudad se muestra en su hoy y en su ayer.

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