RESCATE PATRIMONIAL HOTEL MAGNOLIA

martes, 13 septiembre 2016

UN NUEVO ESPLENDOR

Recientemente destacada por The New York Times, la nueva apuesta hotelera marca un hito en el centro de Santiago y se transforma en un ejemplo de cómo la arquitectura contemporánea se puede sumar exitosamente a un proyecto de rehabilitación patrimonial.

En pleno centro de Santiago, a pasos del Cerro Santa Lucía, un antiguo caserón de 1929, proyectado por Eduardo Costabal Zegers, fue transformado en un lujoso Hotel Boutique en el que la bohemia de mediados del siglo pasado se encuentra con la vida contemporánea, generando un diálogo fluido, culto y que está en directa relación con el paisaje y el territorio chileno. La arquitecta Cazú Zegers lideró el equipo detrás de esta restauración patrimonial, que tras dos años de obras, le regala a la ciudad un edificio completamente rehabilitado que, sin perder el espíritu de la época en que fue construido, suma arquitectura contemporánea a una parte de la ciudad en la que aún escasean intervenciones como esta a nivel hotelero. La arquitecta trabajó en estrecha colaboración con Carolina Delpiano, quien estuvo a cargo del diseño interior y también con uno de los dueños del hotel, José Villanueva.
El punto de partida del proyecto fue, según explica Cazú, la posibilidad de recuperar toda esa magia que tuvo el centro de Santiago en el pasado. “Me interesó rescatar esa bohemia y efervescencia que existió en la década de los 50 y 60 para que el hotel se transformara en un lugar donde se lanzaran libros, donde hubiera mucha intelectualidad y cercanía con la cultura, tomando también en cuenta la proximidad con el Teatro Municipal. Propusimos muchos espacios que estuvieran abiertos a la comunidad, donde pudieran pasar distintas cosas, en las que el hotel se prestara, como los antiguos, a ser un centro social y de encuentro”, explica la arquitecta que desarrolló el proyecto junto a los arquitectos Ian Hsü y Gabriel Rudolphy.

Hotel Magnolia

“La posibilidad de hacer el primer hotel que tuviera que ver con el centro histórico fue alucinante, sobre todo para nosotras como fanáticas de la zona, por su historia y arquitectura. Lo de la bohemia fue el tema principal y por esos diseñamos espacios comunes, como una gran biblioteca; una mesa generosa, en la que la gente se pueda sentar a conversar; el sector de la chimenea, el bar y su barra y el piano… La idea fue volver a ciertas cosas que estaban en un hotel en el centro”, comenta Carolina Delpiano.

La impronta de esa época debía resonar en el proyecto que tenía que incorporar tres nuevos pisos al edificio existente. “Partimos pensando en reflejar el cielo, porque la idea era hacer desaparecer los pisos nuevos, para que el edificio patrimonial quedara con sus proporciones. Luego, surgió la idea de imprimir en los vidrios de la fachada de los pisos nuevos, la foto de la fachada original tomada por Carlos Eguiguren, para así lograr que lo moderno resonara sobre lo antiguo”, comenta la arquitecta. José Villanueva agrega que “el gran mérito del trabajo de Carlos Alarcón, de la empresa Glasstech, fue tomar partes o el total de esa foto, hecha por Carlos Eguiguren, imprimirla en más de 400 vidrios y hacer que esas imágenes coincidieran a la perfección. Por ejemplo, la fachada del edificio de los pisos 4, 5 y 6 es la imagen (foto) de la fachada de los niveles 1, 2 y 3, pero puesta invertida”.
En sus interior, estos tres nuevos pisos fueron concebidos a modo de buhardilla y por ello las habitaciones están forradas en madera de eucalipto. En los pasillos, en tanto, se reutilizaron los antiguos pisos para revestir los nuevos muros y los existentes fueron raspados para dejar a la vista los añosos ladrillos.

Hotel Magnolia

Este tipo de recursos en el interiorismo, específicamente el uso de la madera en las habitaciones logran un cometido muy importante para Zegers y Delpiano: la conexión de la arquitectura con el paisaje de la ciudad y el territorio, lo que entrega un contenido especial a los pasajeros que en su mayoría son extranjeros. “Se trata de poner en valor lo que somos, que es súper potente. Yo había trabajado en el interiorismo de la Fundación El Observatorio Lastarria y de alguna manera ya había estado pensando en esta zona, pero por sobre todo en Chile, en quiénes somos y qué país queremos construir. Cuando llegó este proyecto, después de haber hecho el Hotel Tierra Patagonia, que es absolutamente territorial y natural, apliqué el mismo concepto en lo urbano”, dice Cazú. Carolina, en tanto, acota: “Me interesa que los proyectos en los que me involucro hablen del lugar donde están emplazados, que tengan algún sentido. Por lo mismo, aquí hay más que decoración, es algo más profundo porque tiene contenido. No se trata de llegar y disponer un par de muebles, sino que previo a eso ha habido un trabajo de investigación, de búsqueda de un concepto, de cómo tiene que ser la experiencia”. La filosofía de las profesionales se tradujo en detalles como los respaldos de cama de lenga, intervenidos por la artista Macarena Illanes Aguirre. Además, en cada una de las 42 habitaciones se respira una atmósfera que remite al sur de Chile, gracias a la elección de muebles de líneas muy simples, una iluminación delicada, el uso de colores neutros y al trabajo de la escultora Jessica Torres, quien diseñó los tiradores de madera de alerce. Todo eso hace que la madera sea la protagonista. “Es un lujo encontrarse con un hotel en el que tu pieza está completamente revestida en madera y también tratada bajo la mirada de la luz, porque es clara, y puesta de una manera muy contemporánea. Eso podría situarte en el sur, pero tiene que ver más con el concepto de la buhardilla. Lo que pasa en las habitaciones tiene mucho que ver con lo que pasa con el Cerro Santa Lucía”.Sumada al rescate del pasado del centro de la capital y al vínculo de este con el presente y su entorno, la iluminación del Hotel Magnolia fue una pieza fundamental a la hora de proyectar su nueva arquitectura. Al tratarse de una casona antigua, era muy difícil hacer que entrara la luz y por eso se usaron los patios de luz existentes, además de proyectar las escalas como otra fuente de luz. Todo esto se complementó con el trabajo de Paulina Sir y la elección de las lámparas Wireflow de Vibia que se reparten en distintos espacios del hotel.

Hotel Magnolia

Para terminar, Cazú comenta que otro elemento clave de este proyecto fue el trabajo artístico que hay en el hotel, ya que la colaboración de profesionales vinculados a diversos ámbitos fue fundamental. El diseño de los muebles incorporados estuvo a cargo de Orlando Gatica (doseles, closets, vanitorios). El vitralista Iván Carrión hizo 42 ventanas, ya que las originales estaban en muy malas condiciones y hechas con plomo, material que hoy no se utiliza por ser muy tóxico para las personas. La escultora y ceramista Lise Moller realizó los lavamanos, bandeja de amenities y vasos de los baños. La artista Soledad Valdivieso se hizo cargo de los estucos del comedor y del revestimiento de los baños públicos, en tanto Camilo Vargas fue el restaurador de la fachada.

En resumen, un trabajo en equipo que hoy da como resultado un edificio que cuenta con toda la sofisticación y elegancia del tiempo en que fue construido, pero que abre sus puertas dialogando con el siglo XXI listo para convertirse en epicentro de un nuevo esplendor.

Hotel Magnolia

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