Jacinta Besa: Delicada Revolución

martes, 25 septiembre 2018

TRAS 10 AÑOS DE TRABAJO CON PLASTICINA, LA ARTISTA REALIZA SU PRIMERA MUESTRA INDIVIDUAL EN SALA GASCO, ARTE CONTEMPORÁNEO, DONDE PRESENTA –HASTA EL 28 DE SEPTIEMBRE– “HERENCIA CONTRADICTORIA”, UNA EXPOSICIÓN EN LA QUE REFLEXIONA EN TORNO A LOS ESTEREOTIPOS DE GÉNERO MOLDEADOS POR VALORES CULTURALES Y RELIGIOSOS.

Por: Catalina Plaza S. / Retrato: Matías Bonizzoni S.

La plasticina es el material que acompaña a Jacinta Besa desde hace 10 años. La moldea y la mezcla, creando ricas paletas cromáticas que luego emplea para dar vida a sus obras. Al ser un material asociado a la entretención de los niños, no existe una oferta sofisticada, por lo que es la propia artista quien de alguna manera la reinventa. Su trabajo es metódico y pulcro, casi obsesivo, son horas de horas encerrada a diario en su taller. Sus huellas están en cada centímetro de estas creaciones que van mucho más allá de la composición. Si bien el simbolismo ha estado presente a lo largo de toda su trayectoria, y en un comienzo se guió por el Diccionario de Símbolos de Juan Eduardo Cirlot, en la actualidad se ha flexibilizado. “Lo usé mucho al principio, pero dejé de trabajar la metáfora de manera tan rígida. Finalmente, se me volvía un poco duro. Las metáforas dependen de las vivencias de cada uno y eso condiciona la interpretación”, explica la artista de la Universidad Católica.

A través de la intervención de objetos y fotografía digital, Besa presenta hoy una manera nueva de acercarse al simbolismo, aunque el tema de la mujer y sus roles sigue siendo una constante que hoy “moldea” sobre nuevos soportes, poniendo el foco en personajes y objetos propios de la Europa de inicios del siglo XX. De esta forma, en su primera muestra individual, “Herencia Contradictoria”, presenta 23 obras de pequeña y gran escala, que tienen por objetivo abordar el tema del rol de la mujer y su “deber ser”, recomponiendo símbolos que encarnan diversos estereotipos que han acompañado a la sociedad chilena a lo largo de toda su historia. Todo comenzó a gestarse en Berlín, ciudad donde Besa residió entre 2016 y 2017. Tras recorrer ferias de antigüedades y mercados de las pulgas, y fotografiar los clásicos puestos donde se exhiben gran cantidad de objetos de diversas procedencias, la artista cayó en la cuenta de que esas imágenes serían la base para su primera exposición individual. Partió comprando algunas cosas para su casa y luego se decidió a captar a través de la fotografía esas instalaciones que esconden diversos mundos. “Siempre me ha gustado mucho el tema de las ferias. Mi papá colecciona antigüedades mapuche y mi abuelo materno tenía una casa con muchas cosas. En las ferias montaban todo de manera muy bonita, sobre terciopelo (eso le daba una paleta de color a la escenografía); todo estaba muy bien puesto. Empecé a adueñarme de estos mundos y la primera serie que salió de eso fue ‘Mira lo que Encontré’. Todavía no tenía tan claro para dónde iba el proyecto, pero tenía que hacer andar la máquina. Luego empecé a sacarle fotos a las figuras femeninas, a las que están en situaciones muy hogareñas o, como mucho, bailando. Siempre en un contexto de delicadeza máxima. Esa fue la base para la serie ‘Iconografías prestadas’. Los nombres de las obras aluden a eso, a una mujer que tiene que ser casera, una mujer que tiene que ser casta y devota. Por eso mismo, la exposición se llama ‘Herencia Contradictoria’. Nosotros recibimos el legado de Europa, heredamos cultura y religión y una serie de costumbres que allá están obsoletas, pero que aquí siguen muy arraigadas al estereotipo de la mujer. Frente a es eso la idea es cuestionar el porqué”.

–¿Cómo surgió la posibilidad de hacer esta exhibición?

–Me fui un año a Berlín, con una visa working holiday y desde allá gestioné esta exposición. Le escribí a la Daniela Rosenfeld, directora de Sala Gasco, Arte Contemporáneo, para preguntarle cómo se postulaba y me pidió que le mandara un proyecto. Se cumplían 10 años de mi trabajo con plasticina, así nació la idea de mostrar toda la producción. No creo en las personas que se quedan en el taller esperando a que lo llamen. Uno tiene que ser una vitrina propia y autogestionarse.

–¿Cómo ha evolucionado tu trabajo en estos 10 años?

–Mi primera obra con plasticina era horrible. Partí usándola en el primer semestre de mi segundo año en la Escuela de Arte. Hice tres retratos a cuatro colores. Algo muy básico. Luego comencé a investigar de manera más profunda. Una profesora muy importante en mi carrera fue la Verónica Barraza, con ella partí trabajando con el surrealismo, porque ella trabaja mucho con el tema del inconsciente. Ella fue mi profesora de taller por dos años, la que me introdujo a Jung y me incentivó a investigarlo. Desde ese momento hasta ahora he pasado por muchas etapas y diversos lenguajes visuales, usando siempre la plasticina como medio, y todo finalmente converge en un mismo statement.

–¿Cómo influye salir del país y vivir otras realidades?

–Fue muy enriquecedor estar allá, no solo por estar en Europa, cerca de todo, sino porque me parece desafiante partir de cero, teniendo en cuenta que acá uno tiene contactos y redes. Allá no tienes a nadie. Me moví con muchos amigos chilenos, salvo mi flatmate que era alemana. Los primeros meses estuvieron destinados a la investigación y luego, en una segunda etapa, me dediqué a trabajar. Junto a un grupo de 11 artistas, todas abocadas a medios diferentes a los tradicionales, terminamos armando la muestra “Expanded en SomoS Art House”.

–¿Cómo evalúas la situación que vive la mujer en Chile respecto a lo que sucede fuera?

–Todo lo que hemos heredado en muchos aspectos está absolutamente obsoleto, con respecto a Berlín, que es mi punto de comparación. Las mujeres reconstruyeron la ciudad después de la guerra y demostraron hace años que pueden solas, pero llego acá y veo un retroceso en todo sentido. En Chile jamás vas a ver a un hombre saliendo de su trabajo para ir a buscar a su hijo al jardín, en cambio allá es lo más común del mundo. Falta que el hombre evolucione. Los últimos 10 años las mujeres sacamos la voz. El carro de la equidad hay que moverlo ya y quizás los resultados los verán recién mis nietas; si es que alguna vez tengo hijos, lo que no tengo claro.

–Siempre te preguntan por eso y eso habla de la desigualdad, porque es una pregunta que no se le hace a los hombres.

–Las mujeres somos las que hacemos la pega. Hay una cosa social también. Soy de las pocas mujeres de mi grupo de amigas que no está casada y no sé si quiero tener hijos. Si es que se da, perfecto. No siento que tenga que estar buscando marido. Antes era así. Cuántas mujeres se casaron para no quedarse solas. Antes tenían hijos y era obvio que las mujeres los tenían que cuidar. Si no voy a tener coparentalidad, no los tendré. Amo lo que hago y no quiero dejarlo de lado. Lo que hace falta ahora no es que nosotras sigamos revolucionando, sino que el hombre evolucione. Ese es el tema.

–¿Qué proyectos tienes en carpeta?

–Tengo mucho material para seguir trabajando. Mis temas siempre han sido los mismo: la memoria, la mujer y los contrasentidos. Dentro de eso recolecté muchas diapositivas de familias. Me pasó que compré cajas de las mismas familias en distintas ferias. Esas fotos familiares son muy colectivas porque uno tiene las mismas fotos de cuando era chica. Me gustaría hacer un cruce con eso.

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