Javiera Eyzaguirre: Tiempo compartido

lunes, 30 julio 2018

LA DESTACADA FOTÓGRAFA NACIONAL DIVIDE SUS JORNADAS ENTRE SU ESTUDIO Y SU CASA, LUGARES DONDE SE ENCUENTRA IMPRESO SU SELLO, EL QUE LA HA TRANSFORMADO EN UN REFERENTE EN LA INDUSTRIA DE LA MODA Y LA PUBLICIDAD, Y QUE AHORA, POSIBLEMENTE, QUEDE GRABADO ADEMÁS EN UNA SERIE, CON VARIOS GUIÑOS AUTOBIOGRÁFICOS, PROYECTO EN EL QUE SE ENCUENTRA TRABAJANDO ENTUSIASMADA.

Por: Equipo Casas / Fotos: Matías Bonizzoni S.

Se ha transformado en un referente y por delante de su lente han desfilado los principales “rostros” o “celebrities” del acontecer nacional en diversas campañas publicitarias y editoriales de las revistas más connotadas. Su trabajo es pulcro y su manejo de la luz, en muchos casos, la acerca al arte. No es casualidad, Javiera Eyzaguirre viene de una familia muy vinculada a la estética y al arte, es nieta de la actriz Delfina Guzmán e hija del cineasta Joaquín Eyzaguirre y de la directora de arte Guadalupe Bornand y, por lo mismo, hoy ve que sus fotografías pueden ir un paso más allá de lo editorial o publicitario. Enmarcadas, en gran formato, son protagonistas de su estudio.

Javiera estudió fotografía y comenzó su carrera trabajando en cine, haciendo fotografía fija para películas como “Cachimba”, de Silvio Caiozzi; “La mujer de mi hermano”, del mexicano Ricardo de Montreuil; “Casa de remolienda”, de Joaquín Eyzaguirre, y “El regalo”, de Cristián Galaz y Andrea Ugalde. Llegó a la moda tras pasar también por la fotografía de teatro, de la mano de grandes directores nacionales y, hoy, versátil como es, prepara el guión para una serie de televisión.

Su vida transcurre entre el Estudio Fe, donde trabaja junto a destacados fotógrafos, entre los que se cuentan Nacho Rojas, Paola Velásquez, Cristóbal Palma, Nain Maslun, Martina Keenan; y los directores Diego Fried y Hernán Kesselman. No ha sido un camino fácil, comenzó junto a su hermana Francisca y su marido Jorge Jofré en un lugar que les prestó su mamá. Hace cinco años sumaron a una cuarta socia que es Karina González. “Era un lugar muy improvisado y después de un tiempo nos empezó a ir bien, teníamos ciertos clientes, y decidimos comprar una casa. Vistamos muchísimas, no teníamos un gran presupuesto, y llegamos a esta, en la calle Monseñor Eyzaguirre, lo que era muy gracioso por la coincidencia de nombres. Estaba en malas condiciones, pero a muy buen precio. Además, coincidía con lo que necesitábamos: una construcción adelante y patio trasero amplio para poder construir el estudio. Nos gustó, vimos el potencial de la casa y la compramos hace 11 años”, relata Javiera, que hoy se encuentra en plena etapa de expansión, porque sumará al estudio, una nueva casa que se encuentra justo en frente. “La compramos para construir un estudio más ‘limpio’. A pesar de que pudimos armar esta casa con lo que podíamos, hemos hecho un lugar súper acogedor y que encanta a todo el que viene, pero hay necesidades técnicas y hemos quedado cortos en relación al estudio, porque somos muchos fotógrafos y como nos va bien, el estudio no siempre está disponible y a veces tenemos fotos al mismo tiempo y tenemos que arrendar otro. Decidimos que construiremos un espacio netamente de estudio. La idea es que sea un lugar cálido, que tenga corazón, porque uno pasa jornadas eternas y no puedes no generar, por lo menos, ganas de quedarte. Es un ingrediente muy importante para el trabajo, que además incide en lo que puedo lograr con la persona que tengo al frente. Si se siente mal, eso se transmite y por eso los lugares son muy importantes”.

–La fotografía está presente en todos los lugares.

–Hacemos publicidad audiovisual y de fotos, esa es nuestra expertise. Nos rodean las imágenes todo el tiempo, es lo que habita en nuestras vidas, pero llega un momento en que uno genera imágenes que no son publicitarias y que tienen que ver con lo que quiero transmitir y por eso les quise dar un valor, para que solo habiten en una revista. Cuando imprimes una imagen y pasa a otro formato, se transforma en otra cosa y eso es lo que pasó cuando imprimí esas fotos. Al verlas en grande, enmarcadas, en una pieza, creo que se transformaron, las vi como piezas artísticas. Quiero empezar a vender ciertas imágenes mías, pocas copias por imagen, porque quiero que trasciendan un poco.

–¿Cómo conviven tus tiempos entre el estudio y la casa?

–Vivo en La Reina alta y me demoro 25 minutos al estudio. Al comienzo era poco orgánico, porque cuando estás comenzando una empresa, le pones toda tu energía, entonces creo que vivía más acá. Era un hombre orquesta, estaba en todo. Ahora es tiempo compartido y no necesariamente vengo todos los días, porque puedo trabajar desde el computador en mi casa, donde tengo un espacio que es súper cómodo y en donde encuentro la privacidad necesaria para concentrarme. En mi casa anterior no lo lograba. Tengo cuatro hijos (Camilo, de 23 años; Emiliano, de 15; Domingo de 13, y Salvador de 6) y es bien difícil decirles “no me hablen”. Ahora, tengo un lugar muy bien pensado arquitectónicamente hablando. Compramos esta casa hace ocho meses y me enamoré de su arquitectura (la casa fue proyectada por el arquitecto Hernán Edwards). Es moderna, pero tiene algo nórdico, también muy playero, quizá dado por la madera, material predominante. Además, se construyó para una familia que tenía la misma cantidad de miembros que la mía, por lo tanto tiene un segundo piso para las piezas de los niños, más una sala de estar, un primer piso con comedor, cocina y mi pieza. Se usan todos los espacios, está hecha para que uno habite los espacios comunes y no para estar en las piezas encerrados. Toda mi vida viví en La Reina en casas de Fernando Castillo Velasco. Andábamos en busca de una arquitectura diferente, así que fue una súper bonita transición. Estoy muy feliz con mi casa.

–¿Cómo ha ido cambiando el estudio en estos 11 años?

–Cuando compramos, la casa era horrible. Estaba llena de separaciones y nos ayudó un constructor, porque no teníamos plata para contratar a un arquitecto. Fue una cosa bien atrevida, porque lo hicimos todo a pulso. Aprovechamos todo el patio trasero, que era un basural. Al comienzo el estudio era un cubo blanco y después, con el tiempo, pusimos ventanales y cambiamos el techo. La casa ha seguido cambiando y va teniendo temporadas. Pasamos tanto tiempo acá, que uno se va a aburriendo; además, los lugares se van gastando, por lo que cada cierto tiempo hay que hacerle una mejora y para mí lo estético es lo primero. Tiene que ser un lugar donde sea agradable estar. Si el lugar es feo, uno se deprime. Empezamos una nueva remodelación hace tres meses.

Tenemos una directora de arte que trabaja con nosotros y que se llama Daniela Huidobro y estamos re armando la página web, enfocándonos en un lado más artístico, vincular nuestro trabajo más con el arte y no solo con la publicidad y por eso tomamos todos los espacios y dejamos de utilizar las oficinas con nombre y apellido. Ya no existen los puestos de trabajos, todos los lugares son móviles. Nos dimos cuenta de que las oficinas hoy son portátiles y que cada lugar debe ser acogedor y entregar las herramientas para que puedas trabajar.

–Hacen fotografía y cine publicitario, ¿hay intenciones de abrirse al cine no comercial?

–Estoy trabajando en un guión porque quiero filmar un piloto para una serie.

–Estás influenciada por el lado de tu papá (Joaquín Eyzaguirre) y por el del marido de tu mamá (Silvio Caiozzi).

–Mi papá tiene una cosa con la luz y la estética que es maravillosa, pero tienen narrativas muy diferentes. Creo, en todo caso, que esto de la ficción, tiene que ver con una necesidad, con que las cabezas que estamos detrás de la creación de imágenes, necesitamos expresarlo. La publicidad no te lo permite; es otro el lenguaje. No me gusta ningunearla, porque es lo que me da de comer y es lo que hace que yo tenga este lugar, que mis hijos vayan al colegio.

–¿El guión es secreto aún?

–Sí, pero puedo decir que es súper autobiográfico. Va a actuar mi abuela (Delfina Guzmán); esta súper referenciado en mi familia, hay una cosa que existe de las familias italianas donde las personalidades son súper exuberantes y súper intensas y, desde ahí con mi primo, Andrés Eyzaguirre, estamos trabajando juntos. Como es parte de mi familia, hablamos sin hablar. Sabemos para dónde queremos ir y ha sido un proceso súper bonito. Estoy muy entusiasmada con eso.

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