KARIM RASHID “HAGO TODO LO POSIBLE POR EVITAR MODAS Y TENDENCIAS”

viernes, 28 noviembre 2014

Con tres décadas de exitosa trayectoria en el panorama del diseño internacional, el reconocido profesional admite que gran parte de su éxito se lo debe al talento, pero en la misma medida a su rigurosidad al momento de diseñar. Cálido y cercano, conversó fluidamente con Casas en su oficina en Nueva York.

Texto, retrato e ilustración: Manuel Santelices / Fotos: Gentileza Karim Rashid.

karimHace unos días visitamos a Karim Rashid en su estudio en la calle 54, en Nueva York. El prolífico diseñador, ganador de centenares de premios, con 300 diseños en producción y colaboraciones con decenas de marcas, incluyendo Samsung, Christofle, Alessi, Citibank, Kenzo y Hugo Boss recibe a sus invitados en lo que a primera vista parece una tienda a la calle, con un pequeño living ahí, a vista y paciencia de los transeúntes. Adentrándose un poco más allá en el espacio, se encuentra una docena de asistentes y diseñadores trabajando en sus computadores, repisas repletas de prototipos de productos, una impresora 3D y, en un balcón en el segundo piso, su oficina coronada con un gigantesco escritorio negro, brillante y ondulado. Todo el lugar, como era de esperarse, es muy Karim Rashid: colorido, seductor, ligeramente retro–futurista.
Ahí, separados por el escritorio, conversamos con el diseñador que, como casi todos los días, estaba vestido completamente de blanco, incluyendo anteojos, reloj y zapatillas. La única nota de color la ponían sus calcetines de un tono intensamente fucsia.
2–En el “manifesto” que publicas en tu sitio web hay dos elementos básicos, uno filosófico y otro práctico. ¿Cómo los combinas en tus proyectos?
–Mi naturaleza es muy pragmática, y por eso creo que estoy probablemente en la profesión correcta, porque en el diseño hay muchos elementos prácticos que considerar. Incluso, en el caso de una botella de perfume, que es un objeto casi escultórico, hay que pensar que debe ser puesto a la venta y ser atractivo para el consumidor. Es necesario mantenerse lejos de los extremos. Es un balance, y en mi caso creo que ese equilibrio viene de mis padres. Mi padre era un artista, un hombre muy poco práctico, muy creativo; y mi madre es muy práctica y racional. Yo soy una mezcla de los dos. Uno debe mantener activos los dos lados del cerebro. Si usas sólo el lado derecho, tus ideas serán quizás demasiado creativas para un mercado industrializado y probablemente tendrás problemas aceptando los criterios, restricciones y las limitaciones que todo diseñador debe enfrentar. Un trabajo como el mío está repleto de limitaciones, incluso cuando se trata de un escritorio como éste. El lado izquierdo del cerebro tampoco puede funcionar por sí solo. En mis primeros años después de la universidad, trabajé en una firma que sólo sabía decir sí, sí, sí y sí a sus clientes y no ofrecía ninguna otra perspectiva o posibilidad. Eran proveedores de servicio, y eso puede ser muy frustrante para una persona creativa.

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–Tú tienes un estilo muy particular y fácilmente reconocible, ¿de dónde viene tu estética?
–No lo sé. Supongo que todos nosotros tenemos algo dormido en nuestra alma, algo que pertenece a nuestro ADN. De niños, por ejemplo, todos dibujamos distinto. Uno conoce a mucha gente muy exitosa en el área creativa, que no tiene mayor educación académica; muchos arquitectos que nunca estudiaron arquitectura, muchos artistas que nunca estudiaron arte. En mi caso, creo mucho en la academia, así que fui muy riguroso en ese sentido. Pero a veces basta con eso que llamamos talento. Yo decidí recurrir al talento que pudiera tener, educarlo lo más posible y presionarlo a ir un poco más allá. Creo que el 50 por ciento de mi sensibilidad, de mi preferencia en colores, de cómo veo las cosas, viene de mi propio carácter y personalidad, y el otro 50 se debe a mi interés en el análisis. Yo trabajo mucho en el campo comercial, y estoy siempre pensando en cómo cambiar las cosas, quebrar el esquema establecido. Me parece importante que digas que mi obra es reconocible, porque es algo que me tomó mucho tiempo conseguir. Tengo 54 años, ya no soy un niño. He trabajado como diseñador durante más de tres décadas, pero probablemente en los primeros 10 años nadie habría reconocido mi trabajo porque ni siquiera yo sabía quién era realmente.
–¿Cuándo sentiste que habías alcanzado tu madurez creativa?
–Hay gente que madura muy joven. A mí me tomó mucho tiempo, probablemente hasta que llegué a mis 40. Siempre sentí que había algo dentro de mí que quería expresar, pero no fue hasta entonces cuando supe que ese algo podía ser interesante para el diseño y mis clientes.
–Tu aspecto también es muy único. ¿Cuándo decidiste crear un look para ti mismo?
–Fue en 1999, participé en un panel en una conferencia con cuatro o cinco personas más, todas vestidas de negro. Yo durante años me vestí mucho de blanco, combinándolo con color –me encanta el color–, como rosados intensos o naranjos. Aun así, tengo todavía muchos trajes negros de Yohji Yamamoto y Comme des Garçons que usaba en ese momento, contrastándolos con colores. Pero tenía miedo del color. Tenía miedo de no calzar bien con el resto.
–¿Temías no ser tomado en serio?
–Claro. En la comunidad del diseño es difícil que te tomen en serio si no “te ves serio”. Es algo que aprendí con el tiempo. Ahora me pongo lo que quiera, porque ya me toman en serio por mí. Después de ver el video de la conferencia que te menciono, decidí vestirme constantemente de blanco porque me hacía diferenciarme del resto y la gente, quizás sin notarlo, me prestaba más atención. Igual como en Wall Street hay un uniforme de trajes rayados, en el mundo del diseño hay un uniforme muy particular, siempre de negro. No me gusta esta idea que se nos impone desde niños de conformarnos a un molde. Desde que tienes 2 años, tus padres están tratando de que seas como el resto, y es una idea que se filtra a través de toda la educación.
–Es raro que eso persista incluso entre los creativos…
–Exacto, y siento mucha aversión hacia esa idea. En la universidad tuve un profesor de dibujo, un diseñador muy famoso, y nos hacía practicar con el lápiz moviendo la muñeca en cierta manera, de modo que todos terminábamos dibujando igual. Estábamos estudiando en un campo creativo, ¿por qué todos teníamos que hacer lo mismo? Lo mismo ocurría con los arquitectos; todos los planos terminaban viéndose igual, porque los obligaban a hacer hasta el mismo tipo de letra. ¿Quién eres en definitiva? ¿Qué te hace distinto? ¿Por qué alguien decide contratarte a ti y no a otra persona?

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–Con un estilo tan claro en tu diseño, ¿cómo lidias con modas o tendencias?
–Estaba pensando en eso esta mañana, porque vi una silla que un cliente mío está vendiendo que se parece a todas las sillas que están de moda en la actualidad, mezclando plástico y madera. Para mí, eso no tiene sentido y en cierto modo lo encuentro vergonzoso, porque sigue claramente una tendencia. No me gustan las tendencias. Si estoy haciendo bien mi trabajo, mis diseños tienen su propio lugar. Y lo mismo corre para cualquier buen diseñador; todos deberían tener su propio sitio. Pero las modas y tendencias son tan seductoras, especialmente en esta era visual, que es muy fácil caer bajo su encanto. Hago todo lo posible para evitarlas.
–Tu carrera se ha desarrollado en un momento muy interesante para el diseño, cuando se ha vuelto más democrático y accesible; ahora todos saben de diseño.
¿Qué te parece ese fenómeno?
–Me parece excelente. Hace 20 años, cuando llegué a Nueva York, nadie sabía quiénes eran los diseñadores. Mencionabas la palabra, y te nombraban a diseñadores de moda. Nadie sabía nada al respecto. Yo fui muy persistente desde el principio, incluso escribí sobre esto, diciendo que el diseño tenía que ser tan apreciado y conocido como la música popular.
–¿Por qué crees que finalmente fue así?
–Creo que es una combinación de elementos, pero quizás el más importante tiene que ver con la tecnología. La tecnología nos permite ahora hacer mejores productos y más baratos y, por lo tanto, llegar a mucha más gente. Creo que todo comenzó con el reloj Swatch en 1984: gran diseño, gran calidad y a un precio muy asequible. Desde entonces marcas como Nike o Ikea han hecho que todo se haga más democrático. Es fabuloso.

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