La nueva pasión de Benmayor

viernes, 21 diciembre 2018

HACE UN PAR DE AÑOS, EL PINTOR DESCUBRIÓ QUE LA FOTOGRAFÍA ERA UN CAMINO CREATIVO INEXPLORADO PARA ÉL. Y COMO ES CURIOSO, APASIONADO Y UN POCO OBSESIVO, ENTRÓ A ESE MUNDO SIN MEDIAS TINTAS. “QUIERO SER FOTÓGRAFO”, DICE AL EXPLICAR QUE CUALQUIERA PUEDE SACAR FOTOS, PERO LA MAGIA ES QUE “TENGAN ESPÍRITU SANTO”.

Por: Claudia Alamo / Retratos: Matías Bonizzoni S.

Tiene la risa de un gozador. A sus 62 años, Samy Benmayor, uno de los pintores icono de la generación de los ’80, va por la vida irradiando una energía que contagia. Llega en bicicleta a su taller de barrio Italia. Bajo el brazo, un paquete de cigarrillos que acaba de comprar. Cigarrillos y agua mineral para ser exactos.

En ese taller donde pinta, cocina y riega una huerta exquisita, ahora hay fotografías propias y ajenas.

Y es que hace un par de años se le desató una verdadera obsesión por las fotos. Comenzó como cualquier mortal de estos tiempos. Con su teléfono móvil empezó a sacar fotos y le gustó lo que capturaba. Luego, un viaje a la India le desencadenó las ganas y la necesidad de empezar a retratar momentos, personas, lugares, luces, colores. Y, claro, para un pintor como él, que ha estudiado la luz, los contornos, la composición, se le abrió una puerta desconocida. Seguramente esa puerta siempre estuvo ahí, pero ahora se mostraba para ser abierta.

Y, claro, Samy Benmayor abrió esa puerta y llegó al gigante mundo de la fotografía. Empezó a leer, a comprar cuanto libro especializado se le aparecía; descubrió a varios insignes retratistas y se entregó a largas conversaciones con fotógrafos nacionales para conocer sus tips. Ya estaba ahí, decidido a seguir en ruta.

¿Pero cómo seguir? ¿Cómo hacer de ese nuevo lenguaje una expresión artística? Samy se lo tomó en serio. Se compró una cámara y le pidió a su amiga, la fotógrafa Macarena Minguell, que lo instruyera en la técnica y en los secretos de ese oficio.

“Uno siempre busca aquello que reconoce”, va diciendo el artista mientras prepara un café en su taller. Ya va en el segundo cigarrillo, quizás el tercero, y va contando que a veces se va al centro de Santiago solamente para tomar fotos. No es un mundo ajeno. Es su barrio. Alameda, San Martín, Amunátegui, son las calles donde el pintor nació y creció. “Nací en el centro. Al lado de un circo. De verdad, para mí, el centro es mítico, maravilloso. Saco miles de fotos. Es que reconozco todo… Parece que en la apreciación del arte, eso es muy importante. Quizá por eso he vuelto a los lugares que conozco. En la medida que reconoces algo que estás viendo, entonces todo te hace sentido. Uno ve lo que está en uno”.

–¿Por qué un pintor con tanta trayectoria, busca otra manera de comunicar su arte?

–Uno cree que descubre cosas nuevas, pero en realidad uno vuelve sobre los mismos intereses. A mí siempre me interesó la fotografía, incluso te diría que fue desde el colegio. No me había dado cuenta o no le encontraba la pasión. Y de repente empecé a sacar fotos.

–¿No es que te faltaba algo y la pintura ya no es suficiente?

–No. La fotografía se agrega, se suma.

–Quizá amplifica la cosa creativa en ti.

–Totalmente. Claro, también me gustaría escribir, pero no tengo el talento. También me gustaría tocar el piano, pero no tengo dedos para eso. ¿Sabes lo que pasa? A mí me gusta todo. Me interesa todo. No hay cosas que no me interesen. Y tengo un solo límite y es que para mí las cosas se dividen en dos: buenas y malas. No hay más.

–Eso es como de los tiempos de la Guerra Fría, ¿no? Como que ya nada es tan bueno y malo…

–Evidentemente que este mundo ya no nos pertenece. Eso de todas maneras. Lo tengo súper claro. Nosotros somos de una época en que no había ni televisión. Pero a mí me sigue interesando todo. Por lo tanto, siento que puedo participar en todo. Nada va quedando fuera. Las cosas se van sumando. Y en esta etapa de la vida, uno es muy libre. No hay que demostrarle nada a nadie. Ya hicimos lo que tuvimos que hacer. Si te gusta bien, si no, adiós. Da lo mismo.

Leyes de Instagram

–Y en este momento de tu vida, ¿qué te está aportando la fotografía?

–La fotografía es una cosa muy instantánea. Te permite ser creativo en todo momento y en cualquier lugar. Eso es fantástico. Se te activa la creatividad en forma permanente. Miras algo, ves cómo le pega la luz y sacas la foto. Pero para eso he mirado, he estudiado a muchísimos fotógrafos.

–¿Y qué aprendiste?

–Mucho, pero en lo esencial, los fotógrafos se dividen en dos o tres: hay unos híper lateros, que son los técnicos y que generalmente son más o menos. Y están los que saben de la cosa artística. Para ellos, da lo mismo a qué le saques una foto, lo que importa es la luz, la composición, la forma. Ese es el raye. También están los temáticos. Algunos solo fotografían paisajes, o relaciones de humanos con animales, a otros les interesa fotografiar enanos, gigantes, gente rara. Está lleno de fotógrafos con distintos intereses.

–¿Y tú tienes algún interés particular?

–No. Nunca me han interesado los temas por sí mismos. Es simplemente una luz, un momento, una expresión. Siempre estoy con la cámara. Siempre. La llevo a todos lados desde que soy fotógrafo.

–¿Hace cuánto que eres fotógrafo?

–Dos o tres años.

–Tus fotos muestran gente. Tu pintura no tiene rostros…

–Nunca.

–¿Giraste en la mirada?

–No lo sé. Cuando compré la máquina, le mostré mis fotos al gallo de la tienda y me dijo que yo era un “street fotographer”. Y yo no sabía que era un “street fotographer” de esos que andan por la calle sacándole fotos a lo primero que ven. Lo que sí me pasó es que me empezó a interesar la gente por la expresión, por la luz. Y también un amigo fotógrafo, gran profesor, me dijo una cosa muy maravillosa: “Samy, todo ya está hecho. Fotografía lo que tienes alrededor, lo que está a tu lado. Es tuyo y nadie lo ha hecho”. Entonces, yo le saco fotos a los amigos, a las personas que encuentro en el barrio, a todo lo que es más mío.

–¿Pero esto es más que un hobby?

–Absolutamente. Yo quiero aprender. Yo quiero ser fotógrafo.

–¿No es reinventarse tampoco, o sí?

–No. La pintura sigue funcionando perfectamente y estoy cada vez más interesado y entretenido. Me he ido haciendo abstracto en la pintura y cada vez más estoy preocupado de ese mismo tema: creo que las artes visuales tienen que acercarse cada día más a la música…

–¿A la música? A ver, ¿cómo es eso?

–Sí. Para mí, la música es lo esencial. Es lo más potente de todas las artes. La música es una manera de manifestar los sentimientos humanos sin obviedades, sin cháchara. Es lo más verdadero porque te permite sentir todas las emociones, todos los estados de ánimo y sin que te diga nada. Y eso se parece a lo abstracto también. O sea, son ritmos. Y yo siento que la fotografía y la pintura, mientras más se acercan, se integran en un solo interés: en el interés de expresar, pero no lo obvio, sino que expresar lo sutil, como la música.

–Hay algo que funciona como al revés. La pintura nace desde tu interior. La fotografía es como robar algo desde el exterior.

–Sí, pero la mirada no. Y eso es lo maravilloso de la fotografía. Todos tenemos una cámara y todos podemos sacar fotos. La gracia es que la foto tenga espíritu santo. O sea, que tenga una magia, algo que no se puede describir.

–Imagino que no le sacas el ojo a tu familia, a tus amigos.

–¡Sí! Mi mujer me dice que quiero más a la cámara que a ella. Es que no la suelto nunca. Le sacó fotos a todos. Los tengo locos. Pero esto tiene sus reglas…

–¿Cómo?

–Yo tengo un Instagram público y uno privado. En el público tengo como mil fotos. Son más artísticas. En la ley del Instagram privado lo primero es que tengo que conocer las casas de las personas. Tienen que ser amigos cercanos porque van a ver mis fotos más privadas, ¿entiendes?

–Sí, claro.

–Y otra de mis leyes para el Instagram privado es que si alguien no me pone un “me gusta” en 6 meses, lo borró. En el público, puedes no decir nunca nada. No me importa. Pero si en mi privado pongo una foto de mi nieta y no me ponen “me gusta”, cagaron.

–¿Por qué?

–Porque poner tus fotos en Instagram es como exponer todo el rato. Y a uno le gusta mostrar su trabajo, compartirlo. La fotografía pasó a ser eso para mí una manera de compartir, pero también una pasión. Y eso implica poner en juego la cosa creativa. Trabajar, verse involucrado, enfrentarse a los problemas, y la segunda parte es la mirada del otro. Hacerlo partícipe de tu trabajo. Por eso, a los míos, les exijo que me pongan un like. Al final, es una forma de diálogo.

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