Livia Marín

lunes, 3 febrero 2014

La íntima relación que establecemos con algunos objetos cotidianos es parte de la temática que cruza la obra de la destacada artista que, en su muestra reciente, explora el ámbito de lo abstracto, apelando a la memoria, los recuerdos y las ausencias. Un giro hacia lo sutil y lo experimental.

Por: María José Mora D. / Fotos: Matías Bonizzoni S.

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Entrar al taller provisorio que tiene esta aclamada artista –radicada hace varios años en Londres– es toda una aventura. Si bien quedan pocas obras en este lugar, mirarlas y entender el proceso de creación de cada una de ellas es realmente apasionante. En “Faltas”, nombre de la exposición que la artista acaba de presentar en la Galería Patricia Ready, Livia mezcló distintas técnicas y se adentró en el mundo de lo abstracto, explorando así nuevas posibilidades. Pero que haya empezado a buscar y explorar no significa que la temática de su obra haya cambiado. Por el contrario, Livia sigue profundizado en el tema que siempre le ha llamado la atención: los objetos cotidianos que acompañan nuestras vidas.

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“Si junto lo objetivo con lo subjetivo, me atrae el mundo de los objetos, pero de aquellos que se desvían de la moda, del mercado. Me gusta cuando están dentro de una esfera de intimidad, ésos son los objetos que me llaman la atención. Cuando estudiaba arte, yo salía harto a los bazares, ferias, etcétera y vi el cambio que se produjo cuando comenzó la importación masiva. Todo lo singular se empezó a reemplazar por el anonimato fatal que traen lo malls. Me empecé a interesar entonces en la mutación que tienen los objetos, porque ahora la lleva lo virtual y el mundo inmaterial. Lo material es relevante, porque a través de ciertos objetos construimos un mundo”, comenta Livia.

Respecto a la muestra, la artista explica que fue una especie de bisagra entre una investigación anterior y una completamente nueva. “Del trabajo anterior rescato el tema de las fotografías que muestran objetos rotos parchados, los que son ‘arreglados’ con un achurado en color dorado. Este trabajo pretende mostrar cómo nos relacionamos con los objetos que se estropean y la idea del cuidado y de las ganas de recuperarlos cuando éstos se rompen. Por otra parte, la nueva investigación se basa en la idea de la ruina, la memoria, los recuerdos y las ausencias. Aquí los objetos no están presentes como tal, ya que pierden de alguna manera su forma. Así se crea un juego que permite que el espectador intuya, aunque no esté muy seguro, qué es lo que esta viendo”, explica Livia sobre su reciente trabajo.

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–Esta es la primera vez que entras el mundo abstracto, ¿cómo ha sido la experiencia?

–Ha sido tremendamente desafiante, porque mi trabajo ha sido súper formal y muy reconocible. Nadie me hubiera asociado con lo abstracto. Lo que hacía era tomar un fragmento del día a día, un labial, una taza, tetera, etcétera y hacía un ejercicio de extrañeza a través de éste, pero el espectador siempre sabía lo que estaba observando. Acá surgen dudas: ¿Será un peluche o no? Hay un juego con el tema del reconocimiento y esto abrió un aspecto nuevo en mi trabajo. Hay una ausencia-presencia que logra una interacción entre la forma y la pérdida de la misma.

–¿Por qué la muestra se tituló “Faltas”?

–Me gustaron las distintas acepciones de la palabra. En cierto sentido, a todos los objetos le falta algo, un fragmento o su forma, pero también me interesaba mucho la idea de la falta como un error, como un accidente. La falta también insinúa al tiempo y a cómo estos objetos de segunda pasan a una esfera sentimental, en la que el valor que se les entrega va más allá del estado en el que se encuentran. Es un valor que está fuera de los códigos del mercado, porque las personas crean un mundo entre el objeto y ellos.

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–¿Qué técnicas y materiales usaste en tus distintas obras?

–En el caso de la fotografía, usé una técnica mixta, que mezcla fotografía y bordado, mientras que los libros los hice en látex. En general voy inventando técnicas en el transcurso de mi trabajo, siempre me guío por las tradicionales, pero al mismo tiempo voy mezclando e inventando según mi necesidad. Por ejemplo, el látex se ocupa principalmente para hacer moldes, pero en este caso yo lo usé como un material de registro, que se vuelve la obra. Esto no es una reproducción ni el registro tridimensional del libro, es algo entremedio, hay una presencia-ausencia del libro y todo lo que registra el látex le pertenece al libro, yo no agrego nada. En el caso de los peluches, les quité su blandura gracias a un baño de yeso y a la técnica del pan de oro o doradura, la que incluye un lento proceso de diferentes capas que se van lijando para lograr una cierta textura y finalmente para que el objeto esté listo para darle su baño de oro.

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–¿Qué connotación le das al color dorado presente en esas obras?

–La primera vez que introduje este color fue en mi trabajo de las fotografías y las cosas rotas. Este código de color estuvo influenciado por el restaurado de cerámico que se hacía, sobre todo, en la cultura asiática. Antiguamente, si se quebraba una pieza, se la restauraba con oro, lo que le entregaba un valor mayor. Se creaba una ambigüedad, en el sentido de que un jarro nuevo tenía menos valor que el arreglado, porque en éste se había invertido tiempo y un metal valioso como el oro. Eso me parece muy interesante, porque se ve cómo se valora el objeto y porque no se pueden comparar. Así partí con el hilo de oro y después seguí con el tema del pan de oro, ya que era una nueva técnica antigua y que implica darle un cuidado especial a una pieza específica. Por otra parte, el oro no sólo tiene un valor económico, sino que también tiene una presencia que cruza a todas las culturas: es un metal que implica poder, estatus, algo sagrado que tiene un gran valor que va más allá del dinero.

–¿Qué intentas mostrar a través de tu obra?

–Más que querer transmitir un mensaje o mostrar algo, lo más interesante es producir una reflexión, que el espectador se sienta parte del trabajo y genere algún pensamiento respecto a la obra. Me llama la atención que se reflexione en torno a cómo nos relacionamos con los objetos cotidianos y la materialidad, ya que es una relación invisible, pero continua. Mi trabajo busca interrumpir ese espacio invisible de relación con lo material. La idea es poder mirar las conexiones que establecemos con estos objetos fugaces.

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