En Londres: Absolutamente genial

viernes, 23 marzo 2018

Después de dos años de una precisa remodelación de una antigua tienda por departamentos en Brixton, el estudio de arquitectura Squire & Partners inaugura sus nuevas instalaciones.

Por: Amalia Valdés y Juan Pablo Nazar

Buscando un mejor espacio a un precio conveniente, lo que ya es mucho pedir en la capital inglesa, los socios de la oficina de arquitectura Squire & Partners pusieron sus ojos en esta antigua construcción abandonada. Visionarios, apostaron por el antes deteriorado barrio de Brixton, hoy convertido en uno de los polos más creativos y apetecidos de Londres.

Michael Squire fundó en 1976 su primer estudio en un pequeño subterráneo en el centro de la ciudad. 42 años después, trabaja junto a más de 200 profesionales, siendo una de las 10 oficinas de arquitectura más grandes de Inglaterra. En su quehacer, abordan diferentes escalas, desarrollando variados proyectos que van desde el urbanismo al diseño de interiores, con clientes en todo el mundo. Se han ganado su reputación siendo categorizados como realizadores de una arquitectura educada, ya que afrontan sus proyectos desde una mirada sensible e integradora con respecto al entorno en donde proyectan. Eso es lo que se puede apreciar en una de sus más recientes obras, su propio espacio de trabajo: The Deparment Store.

El edificio construido en 1876 –inspirado en el opulento edificio del Bon Marche en París– sirvió por medio siglo para su propósito inicial: una tienda de departamentos, pero luego sufrió diversas modificaciones así como variados usos, quedando finalmente abandonado el 2012. Su nueva apertura, a mediados de 2017, no busca recrear una versión perfecta del pasado, sino más bien dar cuenta de la historia del edificio a través de los diferentes usuarios en el tiempo. Limpiando capa por capa, la restauración implicó dejar el edificio en sus huesos, con muros descubiertos de ladrillo, mármoles y pisos de parquet, así como raídos graffitis. Además, se volvieron a abrir las vistas hacia la calle, mostrando gran parte de la sala de maquetas por medio de las antiguas vitrinas metálicas, completamente restauradas y pintadas de un negro brillante. Asimismo, en la recepción se dejó al descubierto la pátina cromática en muros y se rescató el antiguo mobiliario de la tienda, dando como resultado un espacio impresionante, vivo y contemporáneo.

El edificio no solo se plantea como una gran oficina, sino que además contempla diferentes áreas de uso común, como por ejemplo un café-bar en el piso superior con una azotea con amplias vistas a la ciudad. Ambientado con mobiliario metálico clásico, pero muy colorido, se puede almorzar o tomar una copa, disfrutando de un ambiente relajado y distendido.

Se habilitó también el nivel subterráneo de 3.000 m2, como una sala de eventos, otorgándole más vida y movimiento al sector, así como a los mismos arquitectos que trabajan para la firma. Se puede encontrar también una tienda de vinilos usados, un café, estacionamientos para bicicletas y camarines con duchas disponibles, además se realizan clases de yoga dos veces por semana.

La renovación del patio no deja de sorprendernos, cuenta con un encino de 70 años especialmente traído desde un vivero especializado en la ciudad de Hamburgo, Alemania. El pavimento fue rescatado de las mismas excavaciones durante la obra, y corresponden a antiguas piedras bellamente labradas. En los pisos 1, 2 y 3, se encuentran las oficinas y salas de reuniones, conectados por la espectacular escalera original e iluminadas por una gran cúpula vidriada, que viene a reemplazar a la antigua de estructura metálica. Nada fue dejado al azar, cada detalle fue previamente estudiado y desarrollado para hacer de esta intervención algo realmente excepcional. Se efectuaron estudios con respecto a los motivos en cerámicas, marquetería en pisos, y coloridos presentes en el edificio original. Se diseñó una señalética especial, siempre presente y ejecutada en bronce. Se rescataron molduras originales, así como carpinterías metálicas muy características del estilo eduardiano.

El mobiliario fue también cuidadosamente seleccionado. De carácter contemporáneo, se compone de piezas clásicas y materiales nobles como maderas y fibras naturales, además de alfombras hechas a mano y algunos sillones de los años 60. Todo es bello y de calidad, las lámparas de cobre son ediciones limitadas de Louis Poulsen y el mobiliario es de la firma danesa Carl Hansen o de Vitra. En las salas de reuniones y en varios otros espacios de encuentro, juegos de té y café especialmente escogidos, complementando antiguas piezas con otras más contemporáneas vienen a cerrar la enorme intervención desde el más pequeño de los detalles.

Una oficina para compartir, para crear y desarrollar proyectos de primer nivel. ¡Buen trabajo!

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