Mapa arquitectura, la luz como detonante

jueves, 20 abril 2017

Ubicado en el corazón de Providencia, en la calle Rafael Cañas, este edificio se inserta en un barrio con más de 70 años de historia. Con una propuesta contemporánea, que se refleja tanto en su fachada como en el interior de sus 7 departamentos, los arquitectos tomaron la luz natural como eje central del proyecto.

Por: Catalina Plaza S. / Fotos: Nicolás Saieh

Los arquitectos de la Universidad Católica Matías Madsen y Cristián Larraín fueron los encargados de renovar por completo este edificio de la década de los 50 que permaneció deshabitado por 30 años. Se trató de un autoencargo que surgió tras la curiosidad que les despertó encontrar una construcción en completo abandono. Luego de averiguar quiénes eran los propietarios y encontrar inversionistas que los apoyaran en la idea de darle nueva vida al inmueble, comenzaron las obras que concluyeron en 2015.

La inquietud por desarrollar un proyecto inmobiliario rondaba la mente de los socios de Mapa Arquitectura, por
lo que concretar esta renovación los llenó de satisfacción.

“Siempre hemos tenido este interés inmobiliario, siendo bastante críticos de cómo se desarrolla normalmente, porque muchas veces es una repetición sin mucho pensamiento detrás; pero creemos que la ciudad se compone de estos y se puede hacer un aporte”, explica Cristián Larraín, socio, junto a Matías Madsen, de Mapa Arquitectura (www.mapaa.cl – @mapa.a) “Técnicamente habíamos hecho trabajosa de renovación en unidades de 120 o 180 m2 y una última de 500 m2, por lo que teníamos las claves para entrar a un encargo como este”,acota Madsen.

Respecto al proyecto de arquitectura propiamente tal, la gran interrogante fue cómo insertar una nueva pieza en un contexto consolidado y muy valorado por la comunidad, un barrio que no había sufrido intervenciones en las últimas siete décadas. Los arquitectos contaron con bastante libertad y su contraparte, la inmobiliaria, cedió ante argumentos que privilegiaban la búsqueda de una construcción que aportara al entorno. “Ellos entendían que estábamos frente a un edificio que tenía características que se habían detenido en el año 80, por lo tanto, las instalaciones debían ser reemplazadas. La idea era rentar estos departamentos, por lo que ellos querían los menores problemas posibles”, explica Larraín. La distribución espacial de los siete departamentos originales cambió por completo, lo mismo que las ventanas, piezas claves en la nueva arquitectura de los recintos. “El tema de la luz era muy importante. Si bien es cierto que algunos departamentos tenían buena orientación, era un edificio muy oscuro. Necesitábamos ampliar las ventanas para permitir el ingreso de la luz y además buscar más amplitud, teniendo en cuenta que los departamentos no tenían ni terrazas ni balcones. Nos parecía interesante trabajar con esta idea de estas ventanas rebajadas, tipo bowindow, para que pudieran utilizarse como un espacio nuevo”. Esa decisión estuvo vinculada directamente a la nueva fachada de la construcción, ya que hubo que demoler y pensarla con criterios nuevos.

Esta terminó convirtiéndose en un elemento muy diferenciador del edificio. Se oponían a pintarlo porque el barrio, de la década de los 40, está compuesto por construcciones que tienen impresa la pátina del tiempo y ninguno está pintado, por lo que el ladrillo les daba la posibilidad de incluir un factor diferenciador desde el punto de vista del mismo barrio, pero, al mismo tiempo, ser conservadores al utilizar un material que consideran noble. Ahí surgió el tema del enchape de ladrillo. “El ladrillo, además, permitía evitar el tema del graffiti, muy propio de esa zona. Absorbe mucho y es poroso, por lo que el artista no logra el objetivo… Se trataba de apostar por argumentos que fueran beneficiosos y por entregar un valor agregado automáticamente como resultado de la arquitectura”, explica Madsen. El gran plus que le dio este enchape, más allá del ladrillo en sí como un material tradicional, está dado por el corte que se diseñó: el ladrillo se dividió diagonal- mente en cuatro partes para obtener piezas de forma trapezoidal.

Estas se dispusieron en hileras, una sobre otra, en el sentido contrario, logrando una textura atípica a la fachada que hace alusión a las mol- duras o detalles de estuco de las construcciones clásicas presentes en la zona y que, además, genera un juego de movimiento, luz y sombra. “La inmobiliaria había aprobado un enchape de ladrillo industrial que tiene un costo comercial más alto que el tradicional. Propusimos mantener o reducir el costo al usar este último. Surgió la idea de partirlo en cuatro y luego incorporar la diagonal. El desafío era tener una fachada innovadora para obtener una respuesta positiva, que el edificio se autoprotegiera, lo que no se lograba con el enchape tradicional, y después resolver la variable costo”, sostiene Larraín.

Este edificio cuenta con siete departamentos de 75 y 35 m2 y funciona por medios pisos, lo que implica que cada departamento tiene independencia absoluta y no hay puertas enfrentadas. La decisión del ingeniero que lo construyó, responde al desnivel que existe entre las calles José Miguel Infante y Rafael Cañas. La construcción original contaba con un jardín en el primer piso y dos patios de luz. Estas aperturas jugaron a favor de la remodelación, ya que dotaron de luz natural a los departamentos tras su nueva distribución. “El ejercicio constante de este edificio es que los espacios se abren como dobles crujidas, favoreciendo la iluminación y generando una ventilación cruzada”, comenta Madsen.

En el caso de los departamentos más pequeños, la intervención realizada por Mapa Arquitectura contempló la idea de un mueble isla que separa los ambientes y que ubica el baño y la cocina al centro de un gran espacio, logrando que en un departamento tipo estudio se logren dos ambientes. En los departamentos más grandes se decidió trabajar con la idea de un único espacio común, que uniera living, comedor y cocina, permitiendo la entrada de luz por ambas orientaciones.
La oficina de diseño Quebrada trabajó en el diseño de algunos muebles para así lograr la flexibilidad espacial propuesta por los arquitectos. De esta forma, los muebles pueden ser redistribuidos sin hacer grandes intervenciones, los closets funcionan como roperos más que como piezas empotradas. “Ellos están básicamente desarrollando muebles en madera y fierro, reutilizan maderas de demolición, que son muy nobles. Diseñamos una línea específica para este edificio para dar respuestas nuevas”, sostiene Madsen.

“Lo más entretenido de este proyecto es que todas las primeras ideas se pudieron concretar y la apuesta permitió que se transformara en una buena inversión. Durante la obra, el edificio despertó interés y ya terminado, se demoró poco tiempo en estar habitado completamente. Nos toca ir mucho porque ha sido muy atractivo para la llegada de otros inversionistas. Es como el experimento comprobado”, concluyen los arquitectos.

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