Marcela Serrano: “Cada collage es una pequeña historia que estoy contando”

viernes, 7 julio 2017

La escritora presenta –en la Galería Artespacio– “Cuentos”, exposición que reúne 80 collages que ha desarrollado desde que terminó su última novela y que la han vuelto a conectar con sus raíces como artista. Cada obra, una historia construida a partir de recortes de revistas, diarios, papel de envolver o cartón, que da cuenta de su particular mirada.

Por: Catalina Plaza S./ Retrato: Bárbara San Martín

Si no construye historias con palabras, Marcela Serrano lo hace con recortes, piezas que une con esa agudeza que la caracteriza y que se transforman en la prueba más firme de que su imaginario es inagotable. No se trata de un pasatiempo ni un ejercicio azaroso, la incursión de la escritora en el collage tiene que ver con sus instintos más primarios y su primera vocación: el arte. Después de todo, esa fue la carrera que estudió en la Universidad de Chile y en la que destacó específicamente a través del body art en los 80. Más de tres décadas después, con una exitosa carrera en el mundo literario, con más de diez novelas publicadas, su pasión por la estética despierta completamente renovada y se manifiesta a través de las 80 obras que expone en la Galería Artespacio. Marcela está feliz y aunque hasta hace un tiempo le hacía el quite a las entrevistas y a las giras promocionales de sus libros, pareciera que cuando se trata de hablar de arte y de la exposición las cosas han cambiado. “Lo que me agobia es hablar de mí”, confiesa con humor y agrega: “He dado algunas entrevistas que no habría dado nunca antes, pero que tienen que ver con la cosa visual. Tengo la siguiente obsesión: he vuelto a mi origen, el de las artes visuales, con los collages, y siendo bien puritana creo que en la medida que los muestre públicamente, se convierten en trabajo. Como tengo justo la edad en la que las mujeres empiezan a buscarse un hobby porque se latean, la idea de que los collages fueran un pasatiempo me daba horror. Por eso me decidí a exponer”, explica Serrano.

Sentada en el living de su departamento en Providencia, repasa con la mirada la mesa del comedor y otra más pequeña, donde se encuentra la maqueta de la sala de la Galería Artespacio. Aquí trabaja a diario en sus collages y, si no está en Santiago, replica la práctica en su casa en Mallarauco. Aunque su incursión en esta técnica es reciente, Marcela cuenta que hace poco tiempo una de sus hermanas llegó con un hallazgo inesperado y que explica de alguna manera este quehacer que ha surgido con tanta fuerza. Se trataba de un sobre con recortes que apareció en uno de los libros de su papá. Datan de los tiempos en que pasaban vacaciones en un campo sin electricidad y en los que o tenían imaginación o morían del aburrimiento. Marcela solía recortar las páginas de las revistas Paris Match que le llegaban a su mamá u otras publicaciones que encontraba en la casa para confeccionar historietas que le entregaba a su hermana Sol por capítulos, siempre con un “continuará”. “Se me deben haber mezclado las dos expresiones muy tempranamente. Es raro cómo uno repite las historias. El collage me lleva a lugares maravillosos y tan primarios. Lo paso demasiado bien, lo disfruto tanto. Si todo el mundo analiza en profundidad los años de la infancia va a encontrar alguna capacidad olvidada”, reflexiona Marcela.

–¿Cuándo comenzaste a hacer los collages que presentas en la exposición?
–Estábamos en México con mi marido y una noche me puse a leer un artículo sobre el collage en una revista. Me interesó mucho y no lo solté por un buen rato. Me debe haber quedado dando vuelta en la mente sin que me diera cuenta, porque al día siguiente de terminar el manuscrito de “La Novena”, empecé a hacer collages. Estaba muy cansada porque las novelas me dejan exhausta. Había terminado de escribir un viernes y el sábado en la mañana me fui a una librería y compré cartulinas, tijeras, goma, y empecé a registrar. Me senté en la mesa del comedor e hice cuatro collages el primer día. Estaba con una amiga que miraba y me decía: “Marcela, de donde te salió esto”. Estan raro como aparecen potenciales que no sabes que tienes. Lo que creo es que son distintas partes del cerebro las que funcionan para lo visual y para la palabra escrita. Se me ocurre que estaba tan cansada usando esa parte del cerebro, escribiendo la novela durante dos años, que debo haber buscado el equilibrio usando otra área.

–¿Cómo han sido las críticas a nivel familiar?
–Mis hijas han sido muy reforzadoras, especialmente Elisa que es arquitecta. Ella opina bastante. Pensé que mi marido, que es tan intelectual, iba a mirar en menos esta expresión. Empezó a encantarse en el camino. Los mira muy sorprendido y ha terminado muy fascinado. Muchas veces llega y me dice: “Regálame este”.

–Por la cantidad de obras que has hecho pareciera que el collage se transformó en un trabajó tan apasionado con el que realizas con la escritura.
–Me empecé a obsesionar. Todo lo que miro, lo miro con cara de que lo voy a recordar. Sin embargo, hay un trabajo maravilloso que se hace con lo malo, con lo que se supone se va a botar. Uso mucho diario y me he dado cuenta de que termino trabajando más con los papeles malos, con los colores mal impresos. Nada es basura. Me fascina crear un mundo nuevo y eso es tan literario, por eso le puse “Cuentos” a la exposición. Mi impresión final es que cada uno de los collages es una pequeña historia que estoy contando. Los que empezaron, los dadaístas, eran todos escritores. Hay alguna relación bastante cercana entre la escritura y el collage. He estado más atenta ahora a la cantidad de escritores que pintan.

–¿Te sientes más cómoda en el mundo de arte o en el de las letras?
–Hoy día haciendo los collages, porque estoy en eso. Hace dos años, mucho más en la escritura.

–Llegaste a ganar un premio en el Museo de Bellas Artes,¿por qué dejaste de hacer arte?
–Es casi un tema de hedonismo. Simplemente no me hacía feliz.
Estábamos en dictadura, haciendo cosas muy rupturistas y jodidas para Chile. Era un arte bastante doliente. Seguí ligada porque he estado siempre siguiendo la obra de mi íntima amiga Loty Rosenfeld.
El trabajo del Bellas Artes estaba centrado en las mujeres yaganes. Lo que hice fue sacarme una enorme foto en el valle central con la cordillera atrás, vestida solo con una pollera negra, desnuda para arriba, y con el cuerpo pintado exactamente con los mismos signos que ellas utilizaban.
“El planteamiento era que la historia del arte no había empezado con el mulato Gil de Castro en Chile, sino que con los cuerpo de las mujeres yaganes. Eso fue lo último que hice. Cuando fuimos a una fiesta después de la inauguración en el museo, andaba con el diploma en la mano y me acuerdo que se lo mostré a Antonio (su segundo marido) y le dije que hasta ahí no más llegaba. Una sicóloga decía que eso tiene que ver con no resistir el éxito”.

–¿Crees que la mujer tiene más reconocimiento en el mundo del arte que en el de la literatura?
–Si te pido que me nombres tres pintoras internacionales en la historia va a ser más difícil que si te pido a tres escritoras, esas me las dices al tiro. Las mujeres han sido más discriminadas en la pintura.

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