Más allá de zamudio

martes, 17 enero 2017

A través de la muestra “No habrá testigos”, hasta el 28 de enero en Galería Die Ecke Arte Contemporáneo, el artista español Jesús Monteagudo Guerra invita a reflexionar en torno a la Ley Antidiscriminación y a entender que, si se quiere ser verdaderamente libre, hay que dejar que el mundo entero lo sea.

Por: María José Mora.D / Fotos: Matías Bonizzoni S.

Jesús Monteagudo Guerra llegó hace cuatro años a nuestro país oriundo de Barcelona, España. Allí estudió Bellas Artes en la Universidad de Barcelona con especialidad en imagen y en grabado. “Desde pequeño dibujaba y, al mismo tiempo, mi madre me enseñó a bordar, por eso esta técnica me es familiar y la he utilizado como soporte artístico en mis últimos trabajos”, explica Jesús.

Es así como en “No habrá testigos” usa el bordado en tres obras para, como cuenta el artista, “hacer de un tema duro algo más sensible”. Esta técnica también está presente en su exposición “Synonymus” la que presentará en Taller Bloc de manera simultánea a la muestra en Die Ecke. “La idea es hacer circuito entre Taller Bloc y Die Ecke, ya que están muy cerca la una de la otra. Es interesante que el público pueda transitar y ver diferentes propuestas del mismo artista en distintos espacios”, asegura Jesús, quien ha expuesto de manera individual y colectiva tanto en Chile como en el extranjero. En nuestro país ha expuesto individualmente en el Museo de Arte Contemporáneo (“Sinónimos”, 2015) y colectivamente en el Museo de la Solidaridad Salvador Allende (“Selección Española”, 2014) con la performance “Hasta los huevos” y en Matucana 100 (“Lente al natural”, 2013), entre otras.

El trabajo de Jesús Monteagudo niega la equivalencia entre sexo, género y sexualidad, y propone una práctica de estudio de la figura híbrida. De esta premisa parten la mayoría de sus trabajos. Una inversión del concepto de minoría que pretende prolongar en sus proyectos en curso, hacia la normalización de prácticas sexuales más libres. En “No habrá testigos”, el artista español reflexiona en torno al contexto chileno, tomando como punto de arranque la muerte de Daniel Zamudio y la res- puesta estatal con la promulgación de la Ley Anti- discriminación. Esta muestra ha sido realizada bajo el acompañamiento curatorial de Andrea Pacheco, quien ha escrito para la ocasión el texto “La letra con sangre entra” y quien explica claramente cómo Jesús articula esta obra. “La exposición que presenta en Galería Die Ecke es también una respuesta a este contexto –el chileno– en el que Monteagudo ha vivido los últimos cuatro años y donde el caso de Daniel Zamudio le resultó paradigmático. Tres bordados de gran tamaño reproducen imágenes aleatorias que Monteagudo encontró en Internet utilizando frases extraídas de la Ley 20.609 como motor de búsqueda. Evidentemente, las frases sueltas y descontextualizadas (El imperio del derecho, Goce y ejercicio), ofrecieron imágenes inconexas, dentro de las cuales el artista decidió seleccionar las que le resultaron más ‘amables’. Como contrapunto frente a esta clase de violencia que inspira todo su trabajo, el artista optó por las imágenes que, de alguna forma, ‘respiraban cierta bondad’”, dice Pa- checo y agrega: “Las otras dos obras presentes en la exposición operan, sin embargo, desde la absoluta literalidad. Una piedra de 7 kg en medio de una sala puede significar muchas cosas. En este caso, simboliza la peor de todas: es el cuerpo del delito o uno de ellos más bien, con toda la carga que impone su posibilidad de convertirse en un arma letal. Lo mismo que el rojo oscuro con el que el artista ha transcrito el texto de la ley sobre el papel. Monteagudo ha utilizado 250 ml de su propia sangre, como tinta para esta serie de serigrafías donde pueden leerse los 18 artículos de la Ley Zamudio. Un gesto que compromete su organismo, en representación de tanta sangre derramada, para estampar una serie de palabras que continúan siendo inútiles. Pese a la agilidad y el empeño de sus impulsores, este texto legal no ha logrado todavía detener la violencia machista, auténtica epidemia de nuestro tiempo”. –Mucho de tu trabajo está relacionado con la discriminación y las minorías. ¿Hay algunas diferencias entre el mundo gay chileno y el español? –Chile tiene una particularidad que me ha llamado muchísimo la atención, y es que el chileno no acostumbra exteriorizar verbalmente sus sentimientos y en eso se incluyen los insultos. Es poco común que alguien te grite en plena calle “maricón”; sin embargo, una de las maneras para insultar al gay es hacer un silbido, que también se usa para piropear a las mujeres y eso es muy curioso, porque al final, como dice el texto de la curadora Andrea Pacheco, es una violencia machista. En España te gritarían directamente “¡maricón!”. Pero también al maricón o al gay se le insulta y se le agrede porque está más cerca de lo femenino, del sexo “débil”.

–¿Por qué la muestra se llama “No habrá testigos”?

–Todas las obras de la muestra están tituladas con extractos de la Ley Zamudio. Para mí, fue un paradigmática la creación de la ley en sí. En primera instancia que no existiera y, en segundo lugar, que naciera de un hecho tan escabroso y mediático. Se creó por la presión que generaron los medios y la comunidad finalmente. Mucha gente desconoce que esta ley engloba mucho más que la discriminación por opción sexual, esta ley protege varios tipos de discriminación, como por religión, política, raza, etcétera. Es sorprendente, y triste al mismo tiempo, que tenga que existir una ley que nos obligue como sociedad a portarnos bien, a respetar las elecciones del otro, algo que debería ser “natural”.

–¿Por qué elegiste el bordado para hablar de un tema tan duro como la discriminación?

–Porque es una técnica con la que estoy muy familiarizado y me siento cómodo. Me gusta confrontar esas dos realidades, el insulto es una cosa dura, la oralidad es un puñetazo en la cara, mientras que el bordado es lo opuesto; es lento, suave, delicado. En una muestra anterior llamada “Sinónimos”, bordé diversos insultos hispanoamericanos que se le hacen a los gays. Palabras y expresiones como: maricón, trolo, julay, eto, camina por la acera de en- frente, pierde aceite, se le apaga el calefón… Como decía la crítica Sonia Fernández Pan en el texto que escribió para esa muestra, bordo para afectar el insulto y así no dejarme afectar por él. Reapropiarse del término para llevarlo con orgullo y bajarle la carga negativa. Con esta serie es lo mismo, quería generar dos contrastes, por un lado la parte blanda y noble, que son los bordados de escenas a gran escala, los que están contrastados con la piedra de 7 kilos y la serigrafías en sangre. La materialidad en ese caso es dura. Finalmente fue con una piedra de siete kilos que le rompieron las piernas a Zamudio. Funciona como símbolo.

–¿Por qué usaste tu sangre?

–Por el hecho de comprometer mi propio cuerpo en representación de tanta sangre derramada en la historia y en cierto modo utilizar esa serie como un autorretrato.

–¿Qué te gustaría transmitirle a los observadores de esta muestra?

–La idea, como en cualquier muestra, es que la gente reflexione sobre lo que se está mostrando y que analicen su entorno, su contexto. Lo más bonito es que cada uno interprete como quiera, pero interprete, reflexione, tome una postura. En definitiva, que se cree una inquietud. Que se salgan del crimen de Zamudio y vean lo que implica la ley, que entiendan que esta ley va mucho más allá de la sexualidad. Mi ideal sería que después de ver las muestras, el público sintiera que hay que ser más respetuosos y tolerantes los unos con los otros

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