Mathias Klotz PERDURABLE

lunes, 7 abril 2014

_MG_4013ES UN REFERENTE DE NUESTRA ARQUITECTURA A NIVEL MUNDIAL Y UNO DE LOS POCOS DE SU GENERACIÓN QUE HA LOGRADO PROYECTAR EN LUGARES TAN DISÍMILES COMO CHINA Y LÍBANO. RECIENTEMENTE PÚBLICO “KLOTZ”, LIBRO QUE RECORRE TODA SU CARRERA. EN EL PRÓLOGO, ESCRITO POR SU GRAN AMIGO EL ESPAÑOL MIQUEL ADRIÀ, SE RESALTA LA “DECIDIDA PARQUEDAD” DE SU OBRA, QUIZÁS LA CLAVE PARA ENTENDER SU EXITOSA TRAYECTORIA.

La oficina de Mathias Klotz se encuentra en una tranquila calle del barrio Pedro de Valdivia Norte. A primera vista, la casa donde se ubica el centro de operaciones de este profesional, no llama la atención. Nada indica que detrás de las rejas se encuentra una construcción moderna y limpia, que posee un agradable estanque lleno de peces dorados. La oficina es simple, funcional y tiene detalles que sorprenden al visitante, todas características que Klotz pone en cada proyecto. Y es con ese estilo que Mathias ha logrado darle un sello a sus obras y así ganarse la confianza de sus clientes. Las personas que acuden a este arquitecto saben que aquí no hallarán arquitectura de moda, ni menos algo extravagante o estridente. Lo que aquí se encuentra es una obra que prioriza el paisaje, el lugar donde se emplaza y las necesidades de sus habitantes, por sobre la forma y las tendencias.

–“Su obra nunca abandona su decidida parquedad”, dice Miquel Adrià en el prólogo del libro. ¿Estás de acuerdo con esta afirmación?

–Por supuesto, creo que es un halago. A mí la estridencia en la arquitectura me agobia, me cansa… La arquitectura no es, aunque se haya transformado pos Guggenheim, un bien de consumo, no es así porque permanece en el tiempo, por lo tanto no tiene una utilidad inmediata que luego se pueda

desechar. Me pregunto qué se hace con las cosas de que se construyeron por una moda y que después de un tiempo quedaron obsoletas. Botar un edificio no es tan fácil y por eso, yo asocio la parquedad con sencillez y austeridad. Mis obras son perdurables, son bien fomes en el fondo, ya que lo importante es el espacio, no la forma.

–¿Cómo conociste a Miquel Adrià y cuál es tu relación con él?

– A Miquel lo conocí hace muchos años, cuando fui invitado a dar una conferencia en México a una universidad que pertenecía a los legionarios. Recuerdo que me llamó la atención la vestimenta de sus alumnos, parecían estudiantes de derecho y no de arquitectura, eran muy formales. Fue ahí cuando empezó nuestra relación y nos empezamos a hacer amigos. El es un gran arquitecto y, además, dirige la editorial Arquine, por lo que tenemos intereses en común. De hecho, mi actual libro nació gracias a Miquel. El me propuso hacer una monografía de mi obra en Arquine y así el libro comenzó a tomar forma. En ese momento justo me ofrecieron hacer una exposición en Berlín, entonces pensé en unir la expo con la monografía, así que  lo que se mostró en Berlín es lo mismo que aparece finalmente en el libro.

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“El nivel de la arquitectura chilena es muy bueno, pero nuestro fuerte es la arquitectura de escala menor dentro de entornos naturales potentes”, asegura Klotz.

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–¿Qué sentiste al terminar tu primer proyecto?

–Un alivio inmenso de que la casa no se hubiera caído durante la construcción. Yo empecé muy joven a construir; de hecho, ni siquiera estaba titulado. Me acuerdo que en la noche pensaba que construía los muros de la casa y que éstos en algún momento se tenían que topar con el techo y me daba ¡vértigo! Yo creo que en toda mi primera época sufrí de angustia constructiva. Siempre estaba dudando de si lo que estaba haciendo era lo correcto o no. Además, los maestros me preguntaban cosas que yo no sabía responder, porque la verdad es que una persona recién salida de arquitectura no tiene idea de construir. Al final se aprende con la práctica, pero por suerte tuve unos constructores –amigos y amables–, que me salvaron de varias.

–¿Hay algunas características que creas importantes de poseer para ser un buen arquitecto?

–Número uno: ser perseverante. Es una profesión que no es instantánea, uno la desarrolla con los años, lo que es una gran ventaja, porque un arquitecto a los 30 años es joven y a los 70 años sigue vigente. Esto es inusual, ya que en otras profesiones –como las asociadas al comercio– la gente a los 30 años, si ya no es millonario o no ha vendido su empresa tres veces, es un fracasado. En la arquitectura es al revés, por eso la perseverancia y la paciencia son claves. Por último, también es muy importante desarrollar el sentido común para no hacer cosas absurdas.

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Proyecto Singular junto a Socovesa.

 –Has proyectado en varios lugares fuera de Chile. ¿Qué desafíos implica construir en esas condiciones?

–En el mundo occidental no hay problema, ya que, aunque el idioma sea distinto, los códigos son los mismos. Pero es en Oriente donde la cosa cambia. Cuando construí en el Líbano no tuve mayor problema, pero en China ha sido complicado, ya que hay códigos y costumbres muy distintas. Lo normal para nosotros es que al hacer un proyecto exista un solo interlocutor durante todo el proceso, pero en China la cosa es completamente diferente, cambian los requerimientos, el equipo… son bien complejos, pero tampoco es que pidan estructuras distintas a las de Occidente. Al final del día, la manera de vivir es muy similar en todas partes y los chinos no son la excepción, ellos quieren ser occidentales, quieren tener una parte de Occidente, por eso nos contratan a nosotros.

–¿Crees que nuestra arquitectura está lista para ser exportada?

–Yo creo que hay muchos profesionales que hacen grandes obras en Chile y que podrían hacerlas en cualquier parte del mundo, no veo que haya ningún pendiente al respecto. El nivel es muy bueno aquí y en cualquier parte, pero nuestro fuerte es la arquitectura de escala menor dentro de entornos naturales potentes. La arquitectura que se publica afuera y que nos ha hecho conocidos está relacionada en general a ese tipo de proyectos. Por ponerte un ejemplo, qué edificio de oficinas ha llamado la atención afuera, el de Izquierdo–Lehmann, ningún otro. Si tú vas afuera a vender el Costanera Center, nadie lo compra, porque hay mil iguales alrededor del mundo, es muy común, pero si entras a hoteles construidos en entornos naturales como el Remota de Germán del Sol, eso sí llama la atención. Lo mismo pasa con las segundas viviendas. Donde sí hay una deuda es en la primera vivienda y en el desarrollo de las ciudades, que aún no generan un gran interés, aunque de a poco hemos ido mejorando. Si vamos por la costanera vemos los nuevos edificios y si bien no hay ninguno tremendamente descollante, son muy pocos los malos y bastantes los que son correctos.

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Biblioteca Nicanor Parra

 

–¿Cómo ves la ciudad de Santiago hoy y cómo la proyectas en el largo plazo?

–Creo que vamos lentamente en pos de una ciudad más integrada para todos. Por lo menos ya es una discusión a nivel de Estado. La política nacional de desarrollo urbano que se acaba de promulgar, significa un gran cambio. Este no lo vamos a notar en los próximos dos años, pero sí en 20 años más. Igualmente pienso que cualquiera de nosotros se da cuenta de que la calidad de vida en las ciudades de Chile ha mejorado, el solo hecho de que haya mucha gente andando en bicicleta por las calles lo demuestra, ya que ese acto hace que se desarrollen iniciativas como más ciclovías o que se cierren ciertas calles los fines de semana, cosa que hace 5 años era impensable y que ya no es posible revertir. Creo que vamos construyendo un camino positivo, lo único que me parece negativo es que se haya ampliado el radio urbano y se hayan integrado 20 mil hectáreas más, creo que eso fue error garrafal.

–¿Por qué siempre se tiende a ampliar el radio urbano?

–Por dos cosas; una porque es un buen negocio para los especuladores de la tierra, ya que transformar campos en sitios urbanos aumenta muchísimo su valor. Además, porque para los proyectos grandes es más fácil entrar a trabajar a un terreno pelado que comprar varias casas a distintos dueños, donde uno se opone, otro quiere vender más caro, etcétera. La operación es mucho más compleja y al final el proyecto es más caro, pero si la gente quiere vivir en una ciudad con mejor calidad de vida, tienen que entender que los precios en esa ciudad van a aumentar. Piensa que hoy hay gente que prefiere quedarse a vivir en Providencia, por ejemplo, pagando una cifra ridícula por una casa chica, que irse por la misma plata a una casa mucho más grande, con piscina en Chicureo. La gente no se va, porque ya no quiere pasar todo el día arriba del auto, con tacos y pagando peajes. Hay un cambio en la mentalidad de las personas. Ese cambio se debe traspasar a las autoridades, ya que mientras más se amplía el radio urbano, más se diluyen los recursos. Piensa en el transporte. Este sería mucho más eficiente si se concentrara en un centro urbano más compacto y de alta densidad. Cuando la ciudad crece, en los barrios hacia donde ésta se expande, aumenta la tasa de motorización, porque una persona que compra un terreno ahí se da cuenta de que el transporte público no le sirve de mucho y que necesita de manera urgente un auto, lo que produce mayor contaminación y mayores atochamientos. Aparte, si se quiere que el Transantiago llegue a los nuevos radios urbanos, hay que poner más recursos y eso implica un alza en el pasaje.

DESEMBARCO INMOBILIARIO

Actualmente, Mathias Klotz se encuentra trabajando en los salones VIP de Lan-Tam en Argentina, Colombia, Chile y Sao Paulo, también en un conjunto de edificios residenciales en Valparaíso y varias casas particulares en Chile y Uruguay. Asimismo, hace poco entregó el anteproyecto de un edificio de oficinas en China y, por último, por primera vez se encuentra construyendo un condominio en alianza con Socovesa llamado “Singular”. Este se encuentra en el sector de Chamisero y es un conjunto de 180 casas aproximadamente, donde la oficina de Klotz proyectó desde la urbanización hasta los distintos modelos de casas.

–¿Es la primera vez que participas en un proyecto ligado a una inmobiliaria?

–En Argentina he hecho proyectos que me han encargado inmobiliarias, pero en Chile es la primera vez, nadie es profeta en su tierra, tuve que llegar a tener 48 años para que me encargaran uno.

–¿Pero eso se debía a una decisión personal o a que nunca te habían llamado de una inmobiliaria?

–La verdad es que nunca me habían llamado, el mercado no me había reconocido.

–¿Qué te llamó la atención de este proyecto?

–Nosotros participamos en todo tipo de proyectos donde creamos que podemos hacer algo. De hecho, le estamos haciendo unos espacios comerciales a Samsung. Yo haría hasta un mall, ahora cómo hacerlo es el tema, si yo tengo un interlocutor con el que uno pueda proponer algo y que cumpla con todo lo que tenga que cumplir y podamos hacerlo desde nuestra visión, no hay ningún problema.

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