Max Núñez Sin fórmulas

martes, 26 noviembre 2013

El nuevo Museo Regional de Atacama, un refugio en Portillo y casas en distintos lugares del país son parte de la nutrida obra en desarrollo de este arquitecto de la  Universidad Católica. Con sólo 37 años, su prestigio ya traspasa fronteras.

Por: Catalina Plaza S. / Retrato: Matías Bonizzoni S. / Fotos: Gentileza Max Núñez arquitectos.10x10-2

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Competir con casas de Steven Holl y Sou Fujimoto, es competir con los grandes de la arquitectura a nivel mundial y aunque Max Núñez hace hincapié en que sólo se trata de una buena publicidad, el premio a la mejor vivienda privada entregado por la revista Wallpaper a principios de este año –por la casa 10×10 proyectada junto a Nicolás del Río– es un reconocimiento que vale la pena destacar. Sobre todo si dentro del jurado se encontraba el Premio Pritzker Wang Shu. “Fue bien sorpresivo. De partida, no es que nosotros hayamos mandado la información, sino que ellos nos pidieron los antecedentes de esta casa que no había sido publicada. A las dos semanas, nos avisaron que iba a aparecer en esta selección de lo mejor de 2012. El nivel de la competencia era inusualmente bueno y en el jurado estaban Wang Shu, Premio Pritzker, Ferran Adrià y el artista Julian Opie, por lo que no eran sólo arquitectos, sino que gente del mundo de las artes. Fue entretenido y algo anecdótico”, comenta Núñez que proyectó la casa 10×10 en conjunto con Nicolás del Río cuando aún funcionaban como DRN arquitectos. En el 2010, Max se fue a hacer un posgrado a la Universidad de Columbia en Nueva York y Nicolás a Inglaterra, “y eso fijó la separación de la oficina”, explica Núñez, que además de su labor como arquitecto hace clases en la Universidad Católica y es invitado recurrente a exponer su trabajo a distintas universidades tanto en Chile, como en Argentina, Ecuador, España y Estados Unidos.

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Este 2013 ha sido especialmente prolífico para Núñez, que se encuentra proyectando el edificio para las artes MAD Building, para el colegio Grange; y distintas casas en Portillo, Chicureo, La Dehesa, Pirque y Beranda, además de una de las 16 casas para la etapa de Ocho al Cubo en Los Vilos. A principios de año, además, ganó el concurso público para el nuevo Museo Regional de Atacama, convocado por la DIBAM y que espera comience a construirse el próximo año.

“Este museo se emplazará en la Alameda Antonio Matta de Copiapó, que tiene una muy buena calidad de espacio público, algo escaso en las ciudades del norte. Nuestra primera idea fue que el edificio tuviera cierto peso y presencia en la calle, y por ello optamos por armar una fachada continua, pensando en que esa va a ser la morfología predominante cuando se desarrolle el sector. Por otro lado, lo que pretende el edificio es prolongar el espacio público de esta alameda hacia el interior del edificio, hacia un patio público interno. La idea es que este patio sea un lugar sombrío, donde se puedan reunir los visitantes, y que sirva de antesala al recorrido”.

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–¿Te harás cargo de la museografía también?

–El problema es que las licitaciones de la DIBAM definen la museografía como un proyecto aparte y eso se licitará el próximo año, junto con la construcción. Es una especialidad muy distinta, pero también planeamos presentar un proyecto.

–Teniendo en cuenta que has proyectado en diversos lugares de Chile, entre los que se cuentan Chiloé, Farellones, Ritoque, ¿cómo definirías el sello que tiene la oficina?

–Más que un estilo o forma reconocible, nuestro sello está en la manera de afrontar el trabajo, en definir y solucionar de manera radical y sensible el problema de diseño que está en juego. Para nosotros lo que define el problema es el lugar, el clima, las condiciones de la topografía, y las necesidades que pone el cliente. A su vez, nos interesa cierta expresividad material y estructural que creo está presente en todos nuestros proyectos. El manejo de todas estas variables se traduce en una diversidad en nuestra obra. Me gusta que cada proyecto sea un nuevo rompecabezas que hay que armar entre todas esas variables.

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“No tenemos una sola manera de hacer las cosas, por ejemplo en condiciones de paisajes imponentes, como Portillo, Chiloé o Ritoque, hemos optado por estrategias muy distintas frente al escenario. Si el Chalet C7 en Portillo es casi mimético e intenta perderse en la pendiente, la casa de La Baronia, cerca de Ritoque, o la Punta Chilen en Chiloé, operan por contraste con el paisaje, como objetos extraños que irrumpen con lo preexistente. No somos de fórmulas, cada respuesta se construye caso a caso”.

–Dada tu experiencia en varios proyectos de vivienda unifamiliar, ¿cómo crees que ha cambiado la familia chilena y su manera de vivir los distintos espacios de la casa?

–La respuesta no es fácil y es muy difícil generalizar. Creo que la única generalización es que todas las familias son muy distintas. Más que de la familia chilena, creo que ha habido cambios globales. Si antes los recintos eran espacios muy fijos, determinados por un uso específico, hoy día la flexibilidad es un aspecto cada vez más importante. Los edificios y las construcciones en general deben poder adaptarse a distintas necesidades y usuarios en el tiempo y evitar la obsolescencia. Este es un tema que se cruza con la sustentabilidad, porque el hecho de que un espacio sea flexible y se comporte de diferentes formas para distintos usuarios es una condición básica de lo sustentable. Ese es un aspecto del que los “expertos” en sustentabilidad no hablan, porque no está forrado en plantas…“LAS INMOBILIARIAS CONSTRUYEN UNA CIUDAD QUE NO ES LA QUE UNO DESEARÍA”

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–Se critica mucho el modelo de ciudad que se está generando en el país, ¿crees que es un tema relevante para las autoridades y especialmente para los políticos?

–La ciudad es “el” tema, pero sigue en manos de las inmobiliarias. Creo que debería ser un problema de discusión pública, salir de las cartas al director de los diarios y de verdad ser una discusión a nivel político. Las herramientas que existen para poder revertir esto son la ordenanza general de urbanismo y construcción y los planes reguladores de cada comuna. Las herramientas están, pero falta voluntad política para poder modificar esto y cambiar el panorama actual en el que las inmobiliarias construyen una ciudad que no es la que uno desearía. Hay una predominancia de los intereses privados por sobre los públicos, y un urbanismo que todavía se origina desde la lógica individual del automóvil.

–Lo que pasó con el mall de Castro demuestra que sólo se toman cartas en el asunto cuando las decisiones ya están tomadas.

–Me sorprende que le hayan preguntado a la gente de Castro y que todos hayan dicho que estaban de acuerdo con el mall…Son esos contrasentidos inexplicables los que hacen dudar de la participación ciudadana como método para definir el destino de las ciudades y deja en evidencia la poca relevancia de los arquitectos y urbanistas.

–La bienal de arquitectura es una instancia que debería generar debate respecto a estos temas, ¿crees que cumple su función?

–La bienal no cumple en absoluto esa función. Debería tener una mejor curatoría y que ésta no dependiera del colegio de arquitectos, que está amarrado –cada dos años– a publicarle las obras a sus miembros. El colegio tiene esta cosa muy inclusiva y políticamente correcta de mostrar todo, cuando en dos años no hay más de 15 o 20 proyectos buenos. La curatoría no ha tenido la independencia necesaria para armar cierto discurso y decir algo a través de la muestra. Los temas nunca han sido relevantes o han estado desligados de la exposición. La bienal se transforma en una mirada enciclopédica de lo que se ha hecho los últimos dos años, pero no dice nada. Lo único que recuerdo de las bienales son algunos invitados notables que se han traído. No se trata de eso, se trata de poder armar un discurso relevante a partir de obras o ideas realmente significativas de arquitectura.

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