Neominimalismo

viernes, 27 enero 2017

Por: Cristián Preece @cristianpreece

No existe como corriente, pero sí existe para mí, y desde hoy estoy seguro que comenzará a sonar fuerte. Es una tendencia que he denominado neominimalismo, al revisar proyectos cuyo resultado agrupa una serie de características que da forma a esta nueva manera de decorar.

El minimalismo como tal fue nombrado por primera vez en los años 60, refiriéndose principalmente a piezas de arte. Tiene que ver con reducir a lo esencial, despojándose de todo elemento sobrante. Es bonito y tiene sentido si lo leemos. Me seduce, de hecho, dejar la esencia de las cosas, algo así como, si pensamos en interiorismo, construir el alma de un lugar para poder vivirlo y disfrutarlo. Sin embargo, en decoración empezó a adquirir un hábito, a mi juicio, fatal. Lugares carentes de toda alma y, muy por el contrario a lo que sí leemos, se empezaron a generar espacios vacíos, fríos, con un eco muy poco acogedor.

El minimalismo en los años 70 tomó mucha fuerza en Estados Unidos y, en Chile, lo oí mucho en los ’90, donde todos querían un espacio “moderno y limpio”, dejando atrás la era de los 80, para mí muy deprimente, oscura y café. Me hace entonces sentido esa necesidad que tuvieron las personas de cambiar y de mostrar aires nuevos, decorando las casas de manera vanguardista. El piso blanco de material duro, con un sofá por acá, una mesa por allá y una pieza de arte importante, lo único que rescato de esta tendencia pura y dura. ¿Cuál era el afán de habitar los espacios así? ¿En qué minuto se perdió lo esencial que tiene que ver con el disfrute? Casas todas iguales, con cuero rojo y negro, con mucho cristal y mármol.

He tenido la suerte –o mala suerte– de habitar, por pocas horas, espacios decorados minimalstyle y déjenme decirles que lo he pasado pésimo. No puedo concebir el goce en lugares que contengan tan poco.

Con el paso del tiempo, los espacios fueron mutando y el minimalismo dejó de ser una tendencia que la gente pedía a gritos, ya que estoy seguro, sin ser psicólogo, pero lo intuyo, que las personas estaban carentes de espacios amables. Se introdujeron nuevamente géneros ricos al tacto, colores acogedores que completaban los espacios, alfombras de colores… Se empezaron a armar ambientes con maderas que aportan calidez indiscutida a los recintos, y empezamos a tener espacios más llenos, cargados de historias y ricos para vivirlos y compartirlos con los demás. Lugares que se pueden tocar y desordenar. Lugares con vida, con alma.

No obstante, también siento que todo tiene un ciclo y que, al igual que la moda y la ropa, hay cosas que vuelven, pero mejoradas, y eso es justamente lo que veo está entrando con fuerza, sobre todo en espacios de personas jóvenes, cuyo poder adquisitivo es cada vez más alto. Son personas que tienen un backup de viajes importante y que se preocupan de los detalles. Disfrutan sus casas como nadie más lo sabe hacer, convidan amigos y los deleitan mediante los sentidos. Este grupo social es el que está rescatando lo que en verdad importa del minimalismo, pero haciéndolo amable, rico de estar. Sin sobrepoblar los ambientes, sino que cada elemento brille por sí mismo, y que en su conjunto dialoguen perfectamente haciendo un recinto idílico, lujoso en cuanto a experiencias de vida se refiere.

Son espacios que en su base son pocos elementos, pero buenos, mucho uso de materiales nobles, como el mármol, pero en estado natural, nada de brillos; el cristal, la madera también en estado natural, el cuero café, las plantas de interior, buenas piezas de arte (que no tiene que ver con su valor monetario) y adornos dentro de la gama cromática que aportan vida a los recintos, dejando de ser espacios inertes.

El neominimalismo es una tendencia que, creo, de a poco se apoderará también de espacios públicos, como restaurantes, hoteles y tiendas de ropa. Insisto, esto es un juicio personal y no es una tendencia definida como tal. Hasta ahora.

¡Hasta el próximo número!

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