Night Fever 
Designing Club Culture
 1960 – today: Que la fiesta no pare

martes, 9 octubre 2018

HASTA ESTE MES SE PRESENTÓ EN EL VITRA DESIGN MUSEUM ESTA VIBRANTE MUESTRA QUE EVIDENCIA LA ÍNTIMA RELACIÓN DEL DISEÑO CON LOS CLUBES NOCTURNOS A LO LARGO DE LAS ÚLTIMAS DÉCADAS.

Por: Jonathan Reyes / Fotos: Mark Niedermann

Entrar a LeBain, el mítico club y rooftop del Hotel The Standard en Nueva York, es ingresar al lugar donde Madonna grabó su último videoclip, “Bitch I’m Madonna”, con distintas personalidades del mundo de la moda y la música, entre ellas el diseñador Alexander Wang. En LeBain uno no solo se va de fiesta, el impresionante jacuzzi con el que cuenta el lugar, teniendo una vista privilegiada de Manhattan, y la replica del caballo blanco con el que Bianca Jagger hizo su triunfal entrada en el Studio 54 a fines de los 70, no son casualidad. Cruzando por un pasillo se llega hasta Boom Boom, otro club en el que la arquitectura y el diseño nos trasladan de inmediato a los años del Gran Gatsby, con sugerentes barras doradas y lujo por donde se le mire. Y es que la historia de la estrecha relación del diseño y el interiorismo con los clubes nocturnos no es nueva. Sin ir más lejos, en Santiago un ex cine que se ubica literalmente debajo de la tierra cumple 25 años haciendo bailar a generaciones de chilenos. La Blondie se corona como la reina indiscutida del under capitalino, logrando sobrevivir a los tiempos, a cualquier crisis económica y a las modas. Entrar a este lugar es adentrarse en un mundo aparte. En sus primeros años, la gente bailaba en un piso de tierra, después llegaron las gárgolas y toda la recreación de un templo gótico que alberga los acordes de grupos como Pulp, Depeche Mode, The Smiths y The Cure, entre otros.

Hasta este mes se presentó en el Vitra Design Museum la muestra “Night Fever Designing Club Culture 1960-Today”, que a modo cronológico mostró la relación de los clubes nocturnos con el diseño, destacando el trabajo de artistas, diseñadores y arquitectos entre los que destacan François Dallegret, Gruppo 9999, Halston, Keith Haring, Arata Isozaki, Grace Jones, Ben Kelly, Bernard Khoury, Miu Miu, OMA (Office for Metropolitan Architecture), Peter Saville, Studio 65, Roger Tallon, Walter Van Beirendonck y Andy Warhol. Y si hablamos de orden cronológico, tenemos que comentar la impactante presencia de los clubes “Electric Circus” en Nueva York y el “Space Electronic” en Florencia, vinculado a la corriente del antidiseño en Italia a fines de los 60, pasando por Il Grifoncino en el mismo país europeo para llegar a la verdadera fiebre del disco y el desenfado con Studio 54 en 1977 en Manhattan y Le Palace en París, la respuesta francesa a su par neoyorquino (porque la decadencia parisina nunca fue más glamorosa que en ese lugar). En estos lugares, la pista de baile era la protagonista, por lo que los diseños podían variar de los clásicos cuadrados de colores hasta creaciones que recreaban una hedonista fiesta de la época dorada del Imperio Romano. La película “Fiebre de sábado por la noche”, en 1979, mostró muy bien la relación que el mundo del diseño tenía con los clubes por esos años. Diseñadores de moda como Stephen Burrows y Halton creaban la ropa ideal para los que lograban entrar en los exclusivos reductos de entretención.

Los años 80, con el auge del new wave y el new romantic, también albergaron alucinantes diseños de los mejores artistas; pero si en los 70 los clubes se caracterizaban por un diseño y una arquitectura pensada exclusivamente para hacer sentir al asistente en otra galaxia (la escenografía nunca fue más importante que en el Studio 54), en la década de las hombreras y los peinados extravagantes las discos respondían básicamente a un lugar amplio, pero sin mayores pretensiones. En los 90 y 2000, con el surgimiento de la música electrónica, el panorama cambió. Ahora, antiguas iglesias, hospitales y empresas eléctricas eran el epicentro ideal en donde el rave combinado con una puesta escena espectacular llevaban a los asistentes a un viaje muchas veces sin retorno. Así fue con la creación de Berghaim en el Berlín de 2004. En funcionamiento hasta el día de hoy muchos entran, pero no logran salir y pocos son los que logran entrar. Fácilmente, alguien puede estar en su interior unas 30 horas y según cuentan, “lo que pasa en Berghaim queda en Berghaim”. Pero fue en el Manchester del año 82 cuando el arquitecto y diseñador Ben Kelly creó la catedral posindustrial del rave con el famoso Club Hacienda. Casi a velocidad de la luz esa música se expandió por el Reino Unido, que venía dejando de lado el auge del punk. Lo de Berghaim en Alemania demuestra que se puede crear una atmósfera ideal entre rendijas del tejido urbano, espacios desocupados y algo lúgubres. En la exposición presentada en ese mismo país, los clubes se presentan como espacios en los que la arquitectura y el interiorismo se fusionan con la iluminación, el sonido, la moda, el diseño gráfico y los efectos visuales para crear una obra de arte total de la época contemporánea, porque nunca fue más entretenido irse de fiesta que en las últimas décadas.

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