PABLO FERRER: EL SITIO

jueves, 6 agosto 2015

RECUERDOS DE LUGARES QUE EXISTEN, PERO QUE AL MISMO TIEMPO ESTÁN TEÑIDOS POR LA SUBJETIVIDAD DEL TESTIGO. ESE ES EL EJE QUE SUSTENTA LA NUEVA EXPOSICIÓN QUE PRESENTA EL ARTISTA, HASTA EL 30 DE AGOSTO, EN EL MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES.

Nuestra mente siempre está llena de recuerdos, sería muy triste vivir sin ellos, para muchos casi imposible… Por eso, la memoria y las imágenes son claves para entender la nueva muestra del artista Pablo Ferrer, quien por primera vez exhibe su trabajo en el Museo de Bellas Artes. Si bien este hecho de por sí es un gran honor, no obnubila a Ferrer, quien prefiere abstraerse de este lugar. “Este museo tiene una carga tan potente, que prefiero no pensar mucho en eso. No voy a pintar mejor por exponer aquí, pero sí tengo muy presente que la Sala Chile del museo es el lugar perfecto para ‘El sitio’”, cuenta Ferrer. En la muestra se desplegan 25 pinturas –12 de ellas de gran formato– y una maqueta. A través de estas obras, Ferrer muestra un arte más parco que trata temas más reales o más cercanos, si se prefiere. Atrás quedaron las pinturas por las que se hizo conocido, las cuales mostraban escenas de la historia del arte, las que eran protagonizadas por juguetes. Ahí los colores, texturas y tamaños utilizados daban como resultado una muestra espectacular y bastante kitsch. Todo lo contrario ocurre en su actual exposición, la que usa colores más “pálidos” y retrata situaciones, lugares y personas comunes. Aquí nos encontramos con sitios eriazos, piezas, plazas, lugares por los que Ferrer deambuló o quizás solo presintió. Aquí ya no se basa en una fotografía como en trabajos anteriores, sino que retrata sus recuerdos y así su memoria. Los cuadros llevan al espectador a lugares propios, ya que todos nos podemos conectar con los espacios que Ferrer muestra en “El sitio”, si estos lugares desatan tristeza, nostalgia o curiosidad, dependerá de cada uno. ¿Cómo describirías esta nueva exposición? –Esta es una exhibición bastante más parca que las anteriores, ya que antes trabajaba con imágenes mucho más fotográficas, lo que las hacía más espectaculares a ojos de ciertos espectadores. Las obras tenían mucho más color, más brillo, detalles propios de ese mundo de plástico que las hacía muy llamativas. Me interesaban mucho los efectos de superficie y de volumen, todo estaba exacerbado para aumentar la idea de que todo era un montaje, todo era falso.

Al ver algunas de las obras que expondrás inunda una sensación de nostalgia y soledad. ¿Qué sentimientos generan en ti las imágenes creadas?

Me pasan muchas cosas, tengo una relación intensa con estas imágenes, pero no pretendo mostrar una biografía, no quiero que la gente conozca mi historia. Lo único que me interesa de estas imágenes en cuanto al arte es que tengo con ellas una relación profunda y creo que eso me ayuda a hacer una mejor pintura. La imagen que recuerdo me da mucha información acerca del ambiente, las texturas, los gestos de las personas retratadas, eso es lo que quiero mostrar, parte de un recuerdo subjetivo.

Dijiste hace un tiempo que “hay tantas razones para no pintar, por lo que si uno lo va a hacer hay que hacerlo con cuestiones que tengan sentido”. ¿Qué tiene sentido para ti hoy?

Siempre es complejo el qué pintar y siempre he creído que salen cosas interesantes al pintar temas con los cuales uno tiene una relación intensa, le tengo más confianza a lo que puede ocurrir, a los hallazgos que se pueden producir. Creo que es mejor hurgar en uno mismo que dejarse invadir por la ansiedad de la novedad. Por eso decidí trabajar con algo que para mí fuera intenso, por ejemplo imágenes que se me quedaron grabadas y que al revisarlas son verdaderos cuadros. No es una foto mental de un momento exacto lo que yo recuerdo, sino que más bien, imágenes que toman cosas de distintas escenas y que mi mente mezcló creando un recuerdo único. “Puede haber sido una foto que se te mezcló con un relato, con un lugar, etcétera. Esto termina configurando una especie de escena y la relación que uno tiene con ella es misteriosa, porque uno no sabe de dónde viene esa intensidad, simplemente uno siente que hay un misterio en torno a esa imagen, pero lo curioso es que cuando uno trata de resolverlo, se encuentra con nada. Me pasó ir a un lugar que TEMPERAS Y ÓLEOS SON LOS MATERIALES PROTAGONISTAS DE LAS OBRAS DE FERRER, QUIEN EN ESTA NUEVA MUESTRA EXPLORA SUS RECUERDOS Y MEMORIA. DE AHÍ NACEN LAS IMÁGENES QUE VEMOS, LAS QUE RETRATAN LUGARES SIMPLES, SENCILLOS, CON LOS QUE TODOS –DE ALGUNA FORMA U OTRA– NOS PODEMOS CONECTAR.
Retraté y al llegar darme cuenta de que lo que recordaba y plasmé en el cuadro era bastante insignificante. Muchas veces los recuerdos son más sublimes que su fuente, de lo que en verdad son”. –Las obras de “El sitio” difieren bastante de tus anteriores trabajos. ¿Crees que esto se debe a una madurez natural o a otra cosa? –Tiene que ver con un concepto y algo biográfico también. Mi casa colindaba con un sitio eriazo y con mis amigos jugábamos ahí. Era el lugar prohibido, donde había que tener cuidado, era un espacio donde todo podía suceder y donde se jugaban situaciones de orden moral. Era el lugar donde quizás dabas tu primer beso, donde quizás veías a una niña sin ropa o donde le pegaste a alguien, era un lugar salvaje donde había una ley distinta. Lo interesante es que esta especie de país de las maravillas era delimitado por panderetas, las que aparecen en diferentes obras de la muestra . Estas son un límite, una frontera, que divide dos mundos completamente opuestos, pero que a su vez es muy permeable, ya que puedes traspasar ese límite sin mayor problema, incluso puedes caminar sobre esa frontera. Un amigo historiador del arte –Gonzalo Arqueros– me contaba que solía subirse a las panderetas y sentarse, por lo que le quedaba una pierna en cada lado. Una daba al lado del lenguaje, las reglas, la ley del padre, y la otra quedaba al lado del descampado total, de lo peligroso y lo distinto. Esa idea me gusta, ya que la exposición se divide entre interiores y exteriores. El interior es un lugar que te acoge y te protege, pero también es un lugar donde pasan cosas siniestras. En ellos utilice la témpera, ya que, al ser más opaca, hace a estas obras más permeables al ojo. Por el contrario, el exterior está hecho con óleo, lo que lo hace más suelto y le entrega brillo, haciendo que estos lugares salvajes y descampados, que reflejan un lugar donde todo es posible, se sientan como vistos desde una vitrina.

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