Parque Calmahue, pensar en grande

Viernes, 28 Abril 2017

Tras cuatro años de gran dedicación por parte de su dueño y del paisajista Nicolás Sanchez, este parque ubicado en la ladera del volcán Villarrica no solo sorprende por su belleza, sino también por la cantidad de variedades nativas y lagunas que han hecho que diversas especies lleguen al lugar, generando un ecosistema único. 

Por: Catalina Plaza S./Fotos gentileza: Nicolás Sánchez

Un parque se define por el contexto y por la inter- vención, elementos que en el caso de Calmahue se conjugaron para pensar en un proyecto a gran escala, uno que se desarrollara a largo plazo y que, en diversas etapas, fuera conformando un lugar único. Con 8 hectáreas, este es uno de los proyectos más grandes que ha realizado, tanto en diseño como en ejecución, el paisajista Nicolás Sánchez, quien tuvo como maestro a Juan Grimm y que desde hace cinco años trabaja de manera independiente, tiempo en el que ha hecho numerosos jardines y parques en edificios residenciales, edificios corporativos y fábricas. Este proyecto lo entusiasmó porque el mandante estaba muy interesado y desde hace cuatro años han trabajado en conjunto, incluso con la gente de la zona, que también se ha ido sumando al andar, ayudando con la mantención y con la producción en terreno de algunas de las especies que hoy lo conforman. “El cliente muchas veces quiere cumplir metas y hacer una especie de check list, pero este mandan- te ha sido muy proactivo y le encanta su lugar, se baja del avión y lo primero que hace cuando llega a su casa es recorrer el jardín. Me manda fotos para mostrarme cómo va el proyecto; participa mucho. Estamos siempre contactados. Eso entusiasma. Es un tremendo empuje para uno y para que el par- que se vaya manteniendo”, explica Nicolás.

El desafío detrás de Calmahue era importante, porque como cuenta Sánchez, el contexto está dado por un macro paisaje, por lo que todas las intervenciones que se hicieron fueron a gran escala. “Si bien hay mucho de jardinería, en cuanto a plantas, no se trataba de poner 20 verónicas, sino mil… y todo el manejo era en grandes volúmenes, por eso la intervención tiene la connotación de parque”, explica el paisajista de la Universidad Central. Calmahue tiene 8 hectáreas, pero el proyecto comenzó con 3, ya que se ha ido desarrollando en etapas con- secutivas. “En algún momento hicimos el switch y empezamos a hacer las plantas en el mismo lugar y a incorporar muchas especies nativas también”, cuenta Sánchez. No ha sido una tarea tan sencilla, ya que como se trata de suelo volcánico, hay poca materia orgánica, lo que impide el crecimiento de algunas especies, como por ejemplo de los ñires, los que, a pesar de darse a nivel de nieve, tuvieron un proceso más lento hasta que finalmente se aclimataron. “El suelo se puede mejorar, pero como son 8 hectáreas, estamos hablando de volúmenes muy grandes. El guano de las ovejas nos ayudó a fertilizar, por ejemplo. Ha sido un proyecto muy laborioso, de mucho trabajo en terreno”, comenta Nicolás. El tema de los cubresuelos también fue muy importante, porque como el suelo volcánico se calienta, se evapora mucha agua y esta es limitada. “Mucha gente tiene la idea de que como en el sur llueve mucho, no se riega. Eso pasaba antiguamente, hoy hay tres o cuatro meses en que puede no caer ni una gota. Empezamos a meter el cubresuelo, que para 8 hectáreas es muchísimo, y lo empezamos a reproducir en el mismo campo”, afirma el paisajista.

Respecto a la organización del parque, originalmente había muchas azaleas, verónicas y éricas cerca de la casa, jardín que Nicolás desarmó para luego reutilizar estas mismas flores en el resto del terreno. “Definimos una parte, la más cercana a la casa, como un jardín, para poco a poco ir soltándolo e ir logrando que pasen otras cosas con los arbustos más grandes y las especies nativas. La idea es que se entienda que es una unidad y que existe una cohesión para que no se sienta que hay una estampilla, sino un gran parque con un lenguaje común. En un punto, empiezan a desaparecer las verónicas, pero se empiezan a intercalar, por ejemplo, con murtas, y de repente se pierden. Uno tiene una lectura espacial de los grandes árboles como coihues, robles y ñires, y después de todos los arbustos que empiezan a repetirse”, sostiene el paisajista.

En el parque hoy se encuentran cuatro lagunas, originalmente solo existía una en forma de ocho que tenía un puente justo en el medio. Además, había una vertiente que inundaba algunas zonas. “Quise cambiar la forma para abrazarla y rodearla. Luego la ampliamos e hicimos otras. Cambiamos los niveles, los taludes, hubo un trabajo que fue muy des- gastante, porque un año entero desarmamos lo que existía para luego volver a hacer”, recuerda Nicolás. Respecto a la fauna, habían gansos, pero hoy han llegado caiquenes, taguas, taguitas, patos silvestres, picaflores y otras aves, además de gran numero de insectos como abejorros nativos. Lo que era un pastizal se transformó en todo un ecosistema, donde hay muchas especies que antes no habitaban ahí. Sánchez comenta que la intervención no es solo estética, sino también funcional para un ecosistema que puede ser reducido, pero que atrae y cobija una gran cantidad de especies. Esta ha sido una sorpresa tanto para Nicolás como para el dueño del parque, quien apostó por un proyecto a largo plazo que solo es posible cuando se deja la ansiedad de lado y se disfruta de cada etapa con entusiasmo, entendiendo que la labor de un paisajista muchas veces es más artesanal que lo que podría pensarse. Ese es justamente el valor de este proyecto: el compromiso personal detrás de cada espacio de Calmahue.

Escrito por

Ultimos Articulos COSAS