Parque Las Nalkas

Viernes, 18 Julio 2014

BUCHUPUREO  TROPICAL

Casas arriba de los árboles, cabañas de arquitectura balinésica, senderos de trekking que se pierden entre los bosques nativos y con un microclima veraniego, el Parque Las Nalkas se suma como una atracción más a Buchupureo. Detrás de este proyecto está el surfista de 31 años Paulo Lombardi, quien llegó como un adolescente a la zona, atraído por las perfectas olas de la costa y que hoy se ha convertido en el protector de los bosques del lugar.

23

Una pasarela de madera roja que se adentra por un bosque de nalcas hasta llegar a una piscina vigilada por un buda y rodeada de palmeras, ibiscus, bugambilias y árboles nativos. La rodean un complejo de bungalows con altos techos en punta, un cielo sin ninguna nube y un calor constante. La imagen calza con cualquier postal balinésica. Pero estamos lejos de Indonesia. Ubicado en la Octava Región, al interior de Buchupureo, el Parque Las Nalkas es una especie de portal al trópico donde no importa cuánto viento y nubes haya en la costa, el buen clima es seguro.

[adsense]

Acostumbrado a pasar temporadas enteras surfeando las olas de Buchupureo, Paulo Lombardi, su propietario, nunca se había adentrado por el cajón de árboles nativos, casas de campos y huasos paseando a caballo que escondía el Valle Talcamávida. “Estaba en busca de un terreno cerca de la costa para hacerme una casa cuando el dueño del único almacén del lugar me convenció para ir a ver un campo que tenía a la venta”, cuenta el surfista. Al adentrarse en el valle, Paulo quedó inmediatamente impresionado por el paisaje y el microclima del lugar. Después de recorrer bosques de nalcas y helechos, ver cómo brotaba el agua por las acequias, y las plantaciones de papayas, cuenta que sintió una tranquilidad que no experimentaba hacía tiempo. Paulo le dio las gracias por el paseo al vendedor pensando que el terreno de 32 hectáreas que abarcaba desde la vega del río hasta la cima de los cerros sería incomprable. “Cuando me dijo el precio, no lo podía creer. Costaba lo mismo que mil metros en la costa”. Lombardi no lo pensó dos veces, firmó los papeles, llevó su casa rodante, buscó la mejor vista y la emplazó para no moverla nunca más. A partir de ésta, construyó el resto de su casa, y desde su terraza con vista al valle y tomando mate sigue contando su historia: “Nada de esto ha sido pensado. Las cosas han ido saliendo de manera espontánea. Todo ha sido por intuición, sin planes, hechos desde el corazón”.

IMG_2354

De a poco Paulo empezó a descubrir el terreno, a caminar por los cerros y a encontrar cascadas, árboles de 300 mil años, bosques de helechos y decenas de pájaros distintos. Fue haciendo senderos para trekking, puentes y amplios miradores. Uno de éstos se transformó en la plataforma para la primera construcción del parque: una casa colgando sobre una cascada. “Subimos los materiales con bueyes, los vidrios en colchones… Íbamos inventando sobre la marcha”. Hoy esa casa es como un templo, dice Paulo. Escondida en el bosque y con el constante ruido de la cascada que pasa por debajo, el surfista asegura que quedarse una noche en ella es terapéutico. Y más allá de todo, esa primera construcción le dejó clara una cosa: con un poco de imaginación podía levantar lo que quisiera.

A medida que veía el potencial del parque, decidió hacer bungalows y una piscina para ofrecer alojamiento. Sus constantes viajes a Indonesia le dieron la inspiración: dos cabañas que emulan la arquitectura balinésica con sus techos en 45 grados, una piscina con un intrincado muro de piedra laja (en el que estuvieron meses trabajando) y un club house son el centro del hotel.

IMG_2431

Mientras habla, Paulo muestra referencias de sus ideas: fotos de viajes, postales y afiches. En una añosa imagen en blanco y negro se ven unas casas africanas construidas arriba de los árboles. “Cuando vi esto quise hacer lo mismo”. Así surgieron las dos cabañas totalmente equipadas edificadas sobre eucaliptos y pinos que son lo primero que se ve al llegar al parque y que se han convertido en el símbolo de Las Nalkas. “La idea es que cada tipo de alojamiento ofrezca una experiencia totalmente diferente”, comenta.

De a poco, Paulo ha ido adquiriendo más terrenos de nativos, hoy son 67 hectáreas las que completan el lugar: un verdadero pulmón en medio de las forestales. “Al final pasé a ser un protector de bosques. Me lo empecé a tomar más en serio y me quiero adjudicar todo lo que va quedando de flora nativa. Quiero que el parque quede con reservas importantes de bosques”, dice.

Por ahora, Las Nalkas funciona en marcha blanca y en septiembre será la inauguración oficial del lugar.

www.parquelasnalkas.cl

Escrito por

Ultimos Articulos COSAS