Paula De Solminihac: “el arte es un catalizador de muchas cosas”

Viernes, 17 Febrero 2017

En mayo participará de la Bienal de Artesanía REVELATIONS que se realizará en París y en la que Chile es el país invitado, y en agosto tendrá una muestra individual en Sala Gasco. El 2017 se vislumbra muy bien para esta artista que sorprende con sus obras, las que tienen un interesante ideario y metodología de trabajo.

Por: Catalina Plaza S. / Fotos: Matías Bonizzoni S.

El modo cíclico de la naturaleza se ha transformado en uno de los pilares fundamentales detrás del trabajo y la vida diaria de la artista Paula de Solminihac, que tanto en sus obras como en su gestión en Fundación Nube, institución dedicada a proyectos de arte y educación, busca que todo residuo o incluso ideas que quedan en el aire, tomen nueva forma y den vida a nuevos proyectos.

Esta filosofía se conecta de manera especial también con la cerámica, protagonista de gran parte de su trabajo, ya sea de manera formal a través de objetos, o desde el punto de vista del proceso. En esa misma línea, hoy se encuentra trabajando en las obras que expondrá en Sala Gasco en agosto próximo y que combinan ambas maneras de abordar el material. Se encuentran los grandes paños que, tras contener los restos de la cerámica por un buen tiempo, son abiertos y muestran los rastros de la descomposición presente; los hongos, las huellas, verdaderos mapas que han dado paso a otras obras que se basan en fotografías –de estas mismas telas– que Paula invierte digitalmente y quedan como resultado imágenes oscuras en las que las manchas emergen con más fuerza aun. “Es un gesto mínimo que corresponde a la misma idea de no modelar, de que las cosas salgan solas. La cerámica aparece y desaparece. Siempre digo que es el proceso de la cerámica lo que me ha movido y el fuego como un momento clave. Hubo años, que coinciden con el nacimiento de mis hijos, en los que no metí las manos al barro, que hice fotos y mucho trabajo en papel. Para mí, es lo mismo. El clic de la foto puede ser similar al momento en que la cerámica entra al fuego. Sigue siendo protagonista de todo, desde donde todo emana”, explica Paula. Lo anterior se ve en su trabajo reciente, el que surgió tras la exposición “Los nombres secretos” que realizó el 2005 en Galerie Dix9 en París y la residencia de 2006 en Galápagos. “Fui invitada a participar de LARA (Latin America Roaming Art). Este es un programa de residencia y coleccionismo ideado por Graeme Briggs y su hija Amanda. Él es un coleccionista australiano que hace algunos años quiso empezar a armar una colección de arte latinoamericano y por eso creó este programa que cada año se realiza en un país dierente y es curado por un profesional local que elige a 8 artistas, en este caso el curador Rodolfo Kronfle en Ecuador. Todo esto es dirigido por José Roca, quien es el curador general del proyecto. La residencia contempla la estadía de dos semanas en un lugar específico y una exposición posterior que muestra el resultado de ese tiempo de trabajo. Me invitaron y se armó un grupo de artistas increíble y en septiembre pasado fue la exposición en Quito. La obra tiene que ver con lo que a uno le queda como artista tras la experiencia. Te dan un monto para la producción, lo que da mucha libertad creativa. Antes de irme a París tenía ganas de hacer una serigrafía de estos hongos que aparecen en la oscuridad. El hongo tiene una vida subterránea y aparece para liberar las esporas antes de morir. Hice unas serigrafías con tinta fluorescente, que solo eran visibles cuando se apagaba la luz. Eso me llevé a París, pero quedó la otra imagen dando vueltas en el taller. Cuando volví, aparecieron las fotos negras, me las llevé a Galápagos, sin saber bien qué podía hacer con ellas”, relata la artista y profesora de la Universidad Católica. En Galápagos existe una gran preocupación por la conservación, por lo que no se puede tomar nada que se encuentre en la naturaleza. Paula decidió usar las fotos que había llevado para envolver todo lo que le había llamado la atención en la playa y, el día antes de irse, las abrió y se trajo las fotos que ya tenían huellas de esa experiencia. “Lo que más me gusta es que eso tocó algo, es todo lo contrario de la foto que solo registra. Tiene que ver con la huella que es como la piel, deja pasar y también protege y se marca. Me vine con mi carpeta y para la exposición trabajé en tres piezas: la forma primaria de la cerámica que es la vasija, una cuelga de fotos y otras que se instalaron en tierra local. Lo bonito de todo esto fue la posibilidad de experimentar y la libertad para poder crear”, afirma Paula.

–¿De dónde crees que nace tu conexión con la cerámica?
–Visto hoy, creo que tiene que ver con la contención, con la maternidad. Desde ahí se despliega mi interés por la cerámica. Me he dado cuenta, también, que la cerámica y la educación están absolutamente relacionadas, porque en la cerámica necesitas dar forma, lo mismo que con los niños.
–¿Cómo ha evolucionado tu trabajo como artista desde que empezaste? ¿Cómo has ido cambiando tú?
–Lo que he ido cambiando, ha sido el cambio en el trabajo. Veo inevitable la aparición de las obras como evidencias de las cuestiones más pulsionales, o sencillamente de la vida cotidiana que me mueven. Así, hay tiempos en que trabajo más con papeles y otros con cerámica, a veces cocida otras cruda, como ahora que llevo un par de años viendo el universo de lo húmedo y su contrario, las cenizas. A veces me da por dibujar esquemas y algoritmos y otras, por dibujar con los ojos cerrados. En general veo que progresivamente la cosa se ha ido ‘ablandando’, con el espíritu de dejar que ciertas cosas pasen, en una onda más fluida entre el mundo interno y el planeta exterior, pero tampoco sé si eso es una línea o más bien una cuestión oscilante.

–Estás trabajando con lo concreto de la huella, un rastro indeleble que queda en tu trabajo… Vivimos en un mundo donde todo es desechable y vertiginoso, ¿crees que tu obra intenta ir en contra esa corriente?
–Mi contracorriente va más dirigida a aprovechar lo que tenemos a la mano, que es un montón. Ese principio que ahora llaman ‘economía circular’, que es bien propio de la cerámica, pero también bien de la casa encuentro yo, como el arreglo ‘chasquilla’, hacer una rica comida con las sobras de los días anteriores, gozar con los detalles cotidianos y cosas de ese tipo. Pero mi trabajo con los materiales y con las huellas que quedan, tiene que ver más con reconocer el cuerpo, o sea, nuestro yo más concreto, como una fuente de recursos poéticos encarnados en el mismo cuerpo, eso es, que no se separan por ningún motivo, y que quedan visibles en la piel. Todo lo que estoy haciendo últimamente tiene que ver con superficies que se texturan, se marcan, se pliegan, no dejan ver claramente de qué material, confunden el adentro con el afuera… Entonces, esas son características de la piel: marcarse, dejar pasar y proteger. Mi trabajo son como pieles encarnadas.

–Afirmas que la cerámica está presente en tu trabajo aun cuando la obra no tenga ni rastros de este material. ¿Cómo explicas esto?
–Es porque la cerámica no es un material, sino también un proceso. Cuando está cruda, cuando es barro, se llama arcilla y el fuego la convierte en cerámica, que es otra materia, opuesta al barro: si el barro es lo dúctil y que pareciera estar desordenado, en todas partes, húmedo y con apariencia sucia, la cerámica es lo contrario, es el vaso, el plato, el contenedor; por lo tanto, lo que ordena y guarda es como un archivo y tanto es así que vemos constantemente en arqueología cómo son usados pequeños fragmentos de cerámica que datan de miles de años para hacer historia material. Y ese proceso que oscila entre lo crudo, lo cocido, lo podrido, lo quemado, lo contenido, lo desparramado, atraviesa todo mi trabajo.

Arte y educación

Hace cuatro que años que nació Fundación Nube, institución que, al alero de la Corporación de Educación de la Municipalidad de Las Condes, creó un programa curricular para niños de quinto básico que tienen una clase de arte diferente. Nube propone una metodología de enseñanza basada en el trabajo colaborativo entre el artista y los niños. Tal ha sido el éxito del programa, que se expondrá el caso en el marco del Seminario Arte y Educación que se realiza durante el Festival Internacional Santiago a Mil 2017. La instancia busca reflexionar acerca de las metodologías de aprendizaje y la importancia del aporte que el desarrollo artístico puede entregar a los niños y niñas en etapa escolar. “Trabajamos junto a sus profesores, intentando incorporar las dinámicas del arte contemporáneo. Una de nuestras primeras definiciones tenía que ver con la idea de crear una relación horizontal en el aprendizaje, pero con el tiempo se ha ido completando con las nociones del contexto como recurso y la idea de la economía circular, concepto que está agarrando cada vez más vuelo y que para nosotros tiene que ver con una noción ampliada del reciclaje.

–¿Han pensado en que el modelo se replique en otras municipalidades?
–No por ahora. Sí hemos abierto otros programas interesantes. Este año tuvimos los sábados en la mañana una iniciativa que llamamos Nube Abierta, en nuestro taller ubicado en el Parque Padre Hurtado y que era un plan familiar, un laboratorio de procesos creativos. Fue bien entretenido porque iban abuelos, papás, niños, personas de todas las edades. Ahora estamos recibiendo nuestra primera donación de una empresa privada para hacer un proyecto que se llama Nube Plaza y que espera entregar a la comunidad juegos–escultura especialmente diseñados para los espacios públicos. La idea es aprender a través del juego y que sean los niños quienes diseñen junto a artistas y arquitectos y así poder hacer algo que la comunidad sienta propio. La idea es poder ir replicando el proyecto regionalmente en países como México, Perú, Colombia. Acabamos de publicar nuestro primer libro con Hueders…

–¿Cuál es el balance tras cuatro años de experiencia?
–Queremos hacer un proyecto de investigación para intentar sacar un manual que recoja metodológicamente todo lo que hemos hecho hasta ahora. Lo que hablamos mucho con Francisco de la Maza, quien siempre fue muy visionario y me invitó a desarrollar este proyecto en el 2012 en plena crisis de la educación. Él veía que, a través del arte, se podía hacer una innovación inmediata en la educación. Hemos trabajado por lo menos con mil niños y seguimos escuchando comentarios de papás que siguen muy impresionados con lo bien que les hizo a sus hijos este taller, no solo en términos creativos, sino que porque el arte es, sobre todo, una posibilidad de expresión. Cuántos niños van al sicólogo buscando poder expresarse… Aquí usan el cuerpo, corren, dan vuelta las cosas de su universo… el arte es un catalizador de muchas cosas. Para nosotros como artistas es una devolución muy gratificante. El trabajo colaborativo en arte es inusual y esta forma de trabajo permite dar y recibir todo el tiempo.

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