Paula Dittborn: “No quiero ser una pose”

viernes, 22 junio 2018

LA ARTISTA Y DOCENTE PRESENTÓ CON ÉXITO LA MUESTRA “MADRE PERLA”, EN GALERÍA XS. EN ELLA INCURSIONÓ EN NUEVOS MATERIALES Y FORMATOS, DÁNDOLE NUEVA VIDA A TÉCNICAS MILENARIAS, COMO LAS PLUMARIAS Y EL ENCONCHADO, DEMOSTRANDO QUE SI BIEN LA PLASTICINA ES PIEZA CLAVE EN SU HISTORIA, HOY ES TIEMPO DE UN CAMBIO.

Por: María José Mora D. / Fotos obras: Sebastián Mejía / Retrato: Matías Bonizzoni

Entrar al taller de Paula Dittborn (40) es sinónimo de color, orden, patrones y materiales bastante poco comunes como plumas, plasticina y celuloide imitación nácar. En esta pieza, a la que se accede luego de subir por una escalera bastante empinada y precaria, es donde la creación y la inspiración hacen su magia, dando como resultado diversas piezas de arte. Paula estudió paralelamente Licenciatura en Letras y Licenciatura en Arte en la Universidad Católica, graduándose de ambas carreras. El dato no es menor y da pistas acerca de la prolijidad y constancia de la artista, cualidades que se pueden ver en su trabajo, el que necesita mucha paciencia y minuciosidad. “Entré primero a estudiar letras, creo que en el fondo me daba miedo estudiar arte de buenas a primeras, sentía que tenía que tener otra postura frente a la vida antes de estudiarlo, le tenía susto a la carrera no sé por qué. Hoy veo que mis estudiantes no tienen ningún miedo, pero yo en ese minuto sí, sentía que tenía que tener un mayor bagaje inicial”, cuenta la artista. Estos conocimientos le han permitido deambular por ambas especialidades sin problema, ya que además de ser artista, Paula es docente en dos universidades –Universidad Alberto Hurtado y Universidad Católica– en las carreras de Licenciatura en Arte, Pedagogía en Artes Visuales y Licenciatura en Teoría e Historia del Arte, lo que le ha permitido tener una cierta estabilidad económica que le ayuda a crear con mayor independencia y menos preocupación por el éxito económico de su arte. “Nunca me sentí atraída por la creación o investigación literaria, pero recién egresada comencé a hacer clases en diversas universidades en el área de literatura y tiempo después en historia del arte. Eso me permitió generar ingresos para poder vivir, ya que, como le pasa a muchos artistas (sobre todo cuando recién egresan), cuesta mucho encontrar trabajo, porque es muy difícil vivir del arte en general. Igualmente disfruto mucho haciendo clases y dialogando con los y las estudiantes, esto sumado a que los horarios son bastantes flexibles, me permite seguir desarrollando mi trabajo artístico de manera constante”, asegura Paula.

La artista ha expuesto en diversas e importantes galerías y museos de nuestro país y el extranjero, como Galería Animal, Galería Gabriela Mistral, Galería XS, Matucana 100, entre otras. Hoy acaba de terminar con éxito su más reciente muestra individual, la que la llevó a explorar distintos materiales. Paula es reconocida en el ámbito artístico por su interesante trabajo con plasticina, el que la marcó por muchos años, pero que hoy está en stand by hasta nuevo aviso, dado que seguirá explorando con nuevas materialidades, tal como podremos ver en su próxima muestra en octubre junto al artista Marcos Sánchez en Sala Gasco.

–Estudiaste paralelamente Licenciatura en Letras y Licenciatura en Arte. ¿Crees que ambas se conjugan de alguna manera en tu trabajo?

–Al principio pensé que le iba a dar un sesgo más literario a mi trabajo artístico, pero lo que de verdad se terminó mezclando fueron los contenidos de los cursos relativos a la semiología (pertenecientes a la línea lingüística de la carrera), su preocupación por la imagen en tanto símbolo, su cuestionamiento por las maneras de significar. Con esa materia enganché más a la hora de realizar mi trabajo, la semiología y ese rollo. Al momento de hacer clases me gusta pensar los fenómenos artísticos en relación a los fenómenos literarios que se estaban produciendo en una misma época, pero en mi obra me pregunto mucho por las maneras de significar de las imágenes, la tensión entre lo que muestran y lo que significan, la manera en que están hechas y lo que eso implica, algo que es más propio de los estudios semióticos que literarios, diría.

–Tu primera exposición individual fue en Valparaíso en la Galería de Artes Visuales h10 (gestionada por los artistas Vanessa Vásquez y Pedro Sepúlveda) que ya no existe, y en esa muestra presentaste un trabajo hecho con plasticina. ¿Qué te llama la atención de ese material? ¿Por qué lo elegiste?

–La verdad fue una decisión bastante lógica, ya que se supeditó a mis necesidades. Yo tenía ganas de hacer una imagen por partes que fuera tramada y autosustentable, que no necesitara de un soporte, por decirlo así; esas eran mis inquietudes cuando me gradué. Me pareció que la plasticina era volumétrica, no dependía de un soporte como el caso de la pintura, era colorida, podía mezclarse para obtener otros colores y, por último, era pegajosa, lo que creí que me permitiría adherirla y desadherirla a diversas superficies. Eso último claramente no funcionó, ya que si bien se puede pegar, después se va rompiendo al sacarla, por lo que finalmente necesité de un soporte. Pero lo que más me importaba era que el material fuera volumétrico, colorido y muy atractivo visualmente, y que generara en el espectador el deseo por tocar las piezas; deseo que finalmente se frustra dado que las piezas están protegidas por un vidrio.

–¿Tocaste alguna temática especial con este material?

–En mi primera exposición individual en Santiago (Galería Animal, el año 2009) trabajé con una secuencia de una película en particular: “Blow Up”, de Michelangelo Antonioni. Dentro del argumento de la película, el protagonista realiza una ampliación sucesiva de una misma imagen con el propósito de descubrir un crimen, pero que finalmente lo lleva a vislumbrar solo los componentes de esa imagen. Me pareció, en ese sentido, que había una preocupación por la trama, muy adecuada para lo que estaba trabajando en ese momento.

–¿Cómo era el proceso de creación con este material?

–Lo que hacía era sacar una foto con un rollo de diapositivas a la escena del filme que me interesaba, luego proyectaba esa imagen y con ella me guiaba, intentando atenerme lo mejor posible al color de cada parte de la imagen. No me interesaba tanto el contenido de la película como las particularidades formales de esa toma. Por ejemplo, los subtítulos, que antiguamente aparecían superpuestos a la imagen y que, muchas veces, atravesaban las caras de los protagonistas. De hecho hice un cuadro que funciona así. En general, las películas que elegí son bien canónicas; eran películas que me gustaban, pero que también eran mencionadas reiteradamente al trazar una historia del cine. Nunca traté de basarme en películas que podríamos considerar en ese sentido “alternativas” o “raras”, películas B, gore, pornográficas, caseras. De ser así, la atención hubiera estado dada en otra cosa, en la elaboración de un canon personal, por ejemplo. No quería ser una pose.

–Recientemente expusiste en la Galería XS “Madre perla”, muestra en la que exploraste nuevos materiales. ¿Cómo fue este proceso?

–Lo que pasó es que estuve mucho tiempo haciendo cuadros de plasticina. Visto muy a la ligera, pareciera que estuve trabajando en lo mismo, pero en realidad he estado haciendo variaciones que al menos para mí resultaron sumamente significativas, como la alternancia con tramas de color magenta, o la reducción del tamaño de los módulos, etc. El año 2015 fui invitada por Alexia Tala a participar en la IV Trienal Poligráfica de San Juan, en Puerto Rico, y sentí que mi relación con la plasticina había acabado, por lo menos por un tiempo indefinido. Me pareció en ese momento que cualquier otra obra en la que utilizara ese mismo procedimiento sería una reiteración de lo mismo, ya había experimentado lo suficiente. Paralelamente, me empecé a interesar por unas técnicas muy antiguas que se usaban en el virreinato de Nueva España en el siglo XVI. Una de ellas era la plumaria, consistente en la elaboración de pinturas utilizando plumas, mientras que la otra era el enconchado, consistente en la elaboración de cuadros con incrustaciones de nácar. Así fue como empecé a investigar cómo se trabajaban los materiales y qué imágenes eran mejores parar trabajar con ellos. En el caso de las plumarias noté una cierta similitud con las pinceladas del óleo y eso me gustó mucho. Naturalmente uso plumas sintéticas, por un tema de respeto a la naturaleza y también económico. Lo mismo con el nácar, ya que uso celuloide imitación nácar, que en palabras simples son uñetas para tocar guitarra o bajo. Para cada técnica usé diferentes imágenes. Las plumas las usé con patrones, ya que quería algo abstracto, geométrico y, al mismo tiempo, figurativo, tomado de un patrón real. Para lograr esto utilicé patrones de unos manteles antiguos, bien setenteros. Lo interesante es que la gente les da su propia interpretación, muchos creen que es un motivo islámico, otros precolombino. Por ejemplo, el crítico de arte Waldemar Sommer dijo que se parecían a los bordes de los manuscritos medievales, comparación que me gustó mucho. En cuanto a los enconchados, elegí siluetas de objetos que contrastaran notoriamente con un fondo más opaco.

–¿Qué quieres generar en el espectador que se planta frente tu obra?

–Me interesan los trabajos que son raros, que generan una extrañeza poco verbalizable, que va más ligada a un material y un uso poco habitual del mismo que a un motivo dado. Me gusta generar una tensión entre el espectador y la obra.

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