Pérez y Elton: Mirene & Mirene

jueves, 12 julio 2018

PROTAGONISTAS DE DISTINTOS PERÍODOS DE LA HISTORIA RECIENTE DE LA ARQUITECTURA, CON UNA VASTA EXPERIENCIA Y TRAYECTORIA, LAS ARQUITECTAS REFLEXIONAN SOBRE LOS CAMBIOS QUE HA EXPERIMENTADO SU QUEHACER EN LAS ÚLTIMAS DÉCADAS.

Por: Catalina Plaza S. / Retrato: Bárbara San Martín S.

Madre e hija, un solo nombre, arquitectas las dos, Mirene Pérez y Mirene Elton han dejado huella en diferentes momentos de la historia reciente de la arquitectura chilena. Desde su ejercicio profesional, ambas han visto cómo ha ido cambiando la sociedad y la manera en que viven los chilenos y cómo las arquitectas han logrado hacerse un espacio relevante en la escena. Repasar sus carreras es imbuirse en los cambios radicales que estas han experimentado. El mejor de los ejemplos: cuando Mirene Pérez entró a estudiar a la Universidad Católica de Santiago (terminó la carrera en la Universidad Católica de Valparaíso) solo habían 15 cupos para las mujeres, hoy Mirene Elton, como docente, entra a aulas donde el porcentaje entre hombres y mujeres es muy similar. Está convencida, además, de que el espacio para las mujeres es absolutamente igualitario en el mundo actual. “Creo que cuando trabajas con profesiones en que la pasión está ligada al talento, como son todas las profesiones artísticas, y en donde se encuentra la arquitectura, el género desaparece”, explica la arquitecta de la Universidad Católica que, además, realizó un magíster en la Universidad de Londres. La manera en que han vivido su profesión también ha sido distinta, porque mientras la primera trabajó sola por cuarenta años, abocada a las casas particulares; la segunda lo ha hecho acompañada por su socio, Mauricio Léniz, los últimos 25, recibiendo encargos vinculados a la educación y la cultura, las oficinas, los espacios comerciales y, por supuesto, las viviendas. Su último logro: ganaron el primer lugar en el Concurso de Anteproyecto para el Campus Educativo de la Academia de Guerra de Chile. Su “arquitectura” también es diferente: mientras las casas de Mirene Pérez –llegó a construir más de 350– destacan por el uso del ladrillo, los amplios ventanales que se encuentran en las esquinas y que abren la casa al jardín, los medios pisos que generan una espacialidad diferente y que le entregan un movimiento muy distintivo a las fachadas; las obras de Mirene Elton y Mauricio Léniz son muy variadas y aunque todas responden a un estilo contemporáneo, se adaptan a distintas zonas geográficas y encargos, variando en materialidad, forma y programa.

–Han trabajado de maneras muy diferentes, una sola y otra con el mismo socio durante los últimos 25 años. ¿Cómo han sido sus experiencias?

M.P: –Siempre trabajé sola. En mi taller eran solo dibujantes, nunca trabajé con arquitectos. Al que admiro mucho, aunque nunca trabajé con él, ni en ninguna oficina de arquitectura, fue mi suegro, Jorge Elton. De él aprendí mucho. Nunca me ofrecieron hacer clases ni ninguna cosa. Me dediqué a las casas particulares por encargo, que es el proyecto más importante de vida para muchas personas, lo que es muy demandante. Tenía todo un sistema de cosas que repetía y otras que incorporaba. Si miras las casas rápidamente, puedes decir que todas son iguales, pero para mí son súper distintas porque cada familia es diferente. Hice unos edificios en La Serena, pero me di cuenta de que no podía seguir cambiando los detalles hasta el final. No existe esa conversación con la dueña de casa, cuando le dices: “Ahora compremos esto que te va a durar para siempre”. Los inmobiliarios tienen otro enfoque.

“Dejé de trabajar hace tres años y si me preguntan qué hago en el día no sabría qué decir, solo que me falta tiempo. No me había dado cuenta lo saturada que estaba. Esta es una carrera bien demandante”.
M.E.: –Cuando me preguntan cómo hemos trabajado con Mauricio por tanto tiempo y de tan buena forma es porque aprendimos a hacer arquitectura juntos. Estudiamos en la misma universidad, con los mismos profesores, por lo que hay una cosa muy simbiótica desde un comienzo.

–¿Qué características admiran la una de la otra?

M.P.: –Para la Mirene debe haber sido difícil tener una mamá conocida o con un estilo tan fuerte, por lo que admiro que siempre tuvo un estilo absolutamente distinto, no como una cosa de rebeldía, sino que sus obras son súper diferentes. Aunque me dice que tienen algunos elementos que los aprendió de mí, lo encuentro una gracia enorme. En mi caso tengo muchas cosas de mi suegro.

M.E.: –Algo que siempre destaco que aprendí de mi mamá es el rigor profesional y, al mismo tiempo, el cariño que tenía por sus clientes y el que ellos sienten por ella. Cómo los recibía, cómo los escuchaba, la importancia de entender que esa familia tiene todo en ti… Aprendí que el cliente es un aliado con el que se forma un equipo. También admiro su dedicación a cada detalle y todo el tema de las medidas, que maneja muy bien. Cuando chica la acompañaba a las vistas de obra y me impresionaba el respeto que le tenían. Ella llegaba y estaba el constructor, el jefe de obra y el cliente esperándola para que viera lo que habían hecho y si le gustaba o no. Si no le gustaba, no se discutía, había un gran reconocimiento por su trabajo. Esa es la herencia en lo profesional, pero lo más importante que heredé de ella es el amor por la arquitectura, la pasión.

–¿Cómo ven el fenómeno que vive hoy la arquitectura gracias a las plataformas digitales?

M.P.: –A mí me parece fantástico, porque se puede ver lo que se está haciendo en todos lados. En mi época, solo llegaban las revistas internacionales a la biblioteca de la universidad y había acceso a muy pocos libros. No teníamos información, salvo la que nos daban los profesores.

–Hoy los clientes llegan con más ideas.

M.E.: –Yo lo veo como algo positivo, porque trabajamos con el imaginario del cliente. Antes, hacíamos unos esfuerzos enormes y encargábamos unos libros de arquitectura carísimos. Hoy, en cambio, buscas lo que quieras y hay un acceso que es mucho más democrático. Los clientes de hoy tienen mucha más información y saben lo que quieren porque han visto mucho más arquitectura. Con ellos trabajamos a la manera de un collage recopilando imágenes que nos orienten hacia su propia identidad, que es uno de nuestros principales objetivos. Si uno sabe tomarlo en forma positiva, trabajarlo y entenderlo es una gran ayuda.

M.P.: –Mi época fue la de la locura por las casas chilenas. Mi idea es que mis casas no responden a ese tipo. Creo que mi aporte, más que si tienen tejas o no, es el de los medios pisos. Nunca en mis casas se sube a un segundo piso, se suben nueve peldaños o se bajan. Eso lo hice en casas mediterráneas o en las otras. Eso no me lo enseñó nadie y podría ser mi aporte. En todo caso, mis clientes también llegaban con recortes.

–¿Cómo Ha cambiado la forma de vivir de los chilenos, desde sus distintas experiencias?

M.P: –A mí no me alcanzó a tocar que me pidieran una cocina integrada al comedor, por ejemplo. Eran casas muy grandes y ya integrar living y comedor era casi una revolución. A cada familia uno le proyecta los espacios que necesitaba y quería, no los puedes obligar tampoco.

M.E: –A mí me tocan clientes de todas las edades, pero en el caso de los hijos de los clientes de mi mamá, me refiero a esa generación, se ve que hay un cambio. Les pasó a varios de ellos que vivían en casas donde los livings y los comedores no se usaban y no quieren repetir eso. Lo hemos visto evolucionar en estos 25 años. Dimos una charla en Concepción hace poco y hablando sobre las diferencias de las casas que hacíamos cuando empezamos respecto a las de ahora es evidente que hoy se da una duplicidad de actividades en los mismos recintos. En el living está la televisión, así que también es una salita; el comedor está integrado a la cocina y también es un lugar donde se hacen tareas. Las personas quieren que los espacios se usen. Lo que también ha cambiado mucho es que uno recibe en su casa a la familia y amigos más íntimos, no al jefe. Como son tus amigos, puedes tener un living comedor cocina integrado. Si quieres hacer algo más formal puedes ir a un restaurante. Antes no había tantos lugares donde ir. Aparecieron espacios públicos que satisfacen mucho lo que antes se tenía que hacer dentro de las casas. Las áreas de servicio se han reducido por lo mismo.

–Otro cambio importante tiene que ver con la tendencia de reciclar o remodelar.

M.P.: –Me tocó más al final. Es entretenido, porque pueden quedar muy bien. Quizás muchos nunca me lo pidieron. Claro que no iba a remodelar una pieza, pero cuando era un proyecto más grande lo hacía feliz. Hay un cambio súper grande en eso. Ahora muchos compran casas en barrios antiguos y las remodelan. Mi época era de muchos loteos nuevos, la persona se compraba su sitio y cada uno se construía su casa. Muchas veces le gustaba la que yo estaba haciendo y entonces me llamaban. Ahora casi no hay loteos individuales, son todos condominios de distintas inmobiliarias.

ME: –Hay una valorización de los lugares centrales, de comunas como Vitacura y Providencia, y en barrios construidos hay que remodelar. En otras partes del mundo ese es fundamentalmente el trabajo: restaurar y remodelar.

–¿Cómo evalúan el panorama que vive a arquitectura chilena?

M.P. –En lo que es arquitectura de vivienda creo que estamos muy adelantados y hay toda una generación de arquitectos que encuentro geniales.

M.E.: –Está muy destacada la arquitectura particular, pero a nivel urbano es de una escasez enorme. La contaminación demuestra el nivel de pobreza de políticas urbanas, no hay transporte público de calidad, en eso falta mucho. Para la categoría de diseño en arquitectura que hay, el abismo con las políticas urbanas es impactante. En oposición a la falta de planificación urbana, cuando hay espacios como parques y museos, se llenan porque la gente esta ávida de vida cultural.

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