Plena vida de campo

lunes, 12 noviembre 2018

UBICADA A LAS AFUERAS DE SANTIAGO, INSERTA EN UN PAISAJE ÚNICO, ESTA CASA IMPACTA POR SU ARQUITECTURA Y POR SU INTERIORISMO, PROYECTOS QUE FUERON DESARROLLADOS POR FG ARQUITECTOS Y LUIS FERNANDO MORO, RESPECTIVAMENTE, Y QUE SE CONJUGAN CON GRAN ARMONÍA, DANDO COMO RESULTADO ESPACIOS LLENOS DE CREATIVIDAD Y CALIDEZ.

Por: Catalina Plaza S. / Fotos: Matías Bonizzoni S. / Producción: Rosario Arístegui

Recorrer las pesebreras, detenerse en el jardín que comienza a mostrar todo el esplendor de la primavera o simplemente sentarse en la terraza a disfrutar de la linda vista… Esta casa invita al relajo y a la contemplación del paisaje circundante. Sus interiores, en tanto, a pasar un agradable momento, porque aunque se trata de una casa grande, llama la atención la fluidez con que se comunican los espacios. La calidez de la madera contribuye a lo anterior, a través de las vigas que el dueño de casa fue recolectando durante cinco años en el sur de Chile, pensando en un proyecto futuro. Lo mismo con los adoquines de la entrada o las tejas que, luego del terremoto de 2010, juntó después de pasar por muchas casas que estaban siendo demolidas y que finalmente son protagonistas de las pesebreras. Esta dedicación tiene su mejor compensación hoy. Alfredo Fernández, de FG Arquitectos, cuenta que el mayor desafío de este encargo fue integrarlo a las caballerizas existentes, que se presentaban como el corazón del proyecto. “Por eso la casa es horizontal y mira hacia los caballos, condición que hace que tenga una orientación oriente poniente. Ante esto, la casa incorpora condiciones de sustentabilidad a su diseño, además se disminuyó la cantidad de ventanas al poniente y las colocamos como grandes cuadros que miran el parque y los caballos”, explica el arquitecto. Respecto a la materialidad, agrega: “Esta juega un rol fundamental en el resultado. Utilizamos las vigas coleccionadas por el propietario durante años y, para acompañarlas, madera reciclada de galpones antiguos sobre ellas. También se eligió una piedra del lugar fraguada sin dejar cantería, de forma de dar una condición de atemporalidad al trabajo”. En relación al programa interior, Fernández destaca que se trata de un gran espacio común único que reúne todo en un gran lugar, incluida la cocina. “Esto da una condición unitaria que simplifica la relación de las personas y hace más fácil su mantención. Un espacio más moderno que se presenta como un gran lugar de encuentro. La condición de vivir en un espacio más informal, que es multifuncional, invita a hacerlo en forma más relajada y sentir realmente la vida de campo”, sostiene Fernández.

Cada rincón, además, tiene un justo equilibrio entre el diseño más clásico y el contemporáneo. Sus dueños, un matrimonio con cinco hijos, disfrutan cada uno de los espacios. No hay lugares asignados para los “grandes” y para los “chicos”, aquí la familia y amigos convive en armonía. Luis Fernando Moro fue el encargado de darle forma al interiorismo de la casa y aunque en un comienzo solo diseñaría los sofás del living, poco a poco fue incorporándose al proyecto completo, al punto de sugerir cambios en la arquitectura y proponer la ubicación de la chimenea. Esta decisión fue uno de sus grandes aciertos, porque, según cuenta la propietaria, en un comienzo se había pensado usar una moderna chimenea colgante. Finalmente, se optó por la nueva propuesta, lo que generó que este espacio del living sea uno de los más usados. “Ha sido genial, porque Luis Fernando es muy talentoso y entendió perfecto cómo vivíamos y la idea que nosotros teníamos. No nos interesaba algo sofisticado”, acota. De esta forma, él diseñó todos los muebles y lámparas, con excepción de los sillones del quincho y los que los propietarios “reciclaron” de su casa anterior. Moro agrega: “Empecé a participar directamente de la casa con mucho respeto por la arquitectura, que es muy potente y tiene mucha personalidad. Así empezamos a conversar sobre cómo viven. Tienen una gran vida familiar y muy de campo”. Tomando en cuenta esto, se eligieron tapices con tratamiento especial para que resistan las posibles manchas. En la salita lo mismo, pensando en que no importan que estén todos instalados. En este espacio se usaron las butacas Valdés que los propietarios tenían en su casa anterior y Luis Fernando diseñó la gran repisa, que destaca por el uso del color amarillo. En el living, en tanto, un arriesgado muro verde, donde destaca una obra del artista Andrés Vio, le da un aire absolutamente original al espacio. “En un principio, ese lugar iba ser ocupado por un jardín interior, pero luego planteamos la idea de que se convirtiera en un espacio divisorio entre el living y la salita, y que además acogiera el escritorio del dueño de casa. La ‘caja’ verde se vincula con el color de la naturaleza y del jardín”, comenta Moro. “En la otra casa tenía un muro color zapallo bien fuerte”, cuenta la dueña de casa, quien le gusta correr estos riesgos.

Respecto a los objetos, hay muchos guiños al amor por los caballos que siente la familia, ya sea a través de una escultura o bien por las monturas que se encuentran en el lugar. “Tengo algunas cosas de la casa anterior, pero las reubiqué porque necesitaba muebles que se adaptaran a estos nuevos espacios”, comenta la dueña de casa y agrega que se involucraron mucho en el proyecto, porque querían una casa que se ajustara a sus necesidades como familia. En este sentido, la idea de tener una cocina integrada fue muy acertada. Si bien cuenta con una puerta corredera, generalmente se encuentra completamente abierta, acrecentado la sensación de calidez. Este proyecto específico, al igual que el diseño de los baños, clóset y los nichos del pasillo, estuvo a cargo de María José Morandé. Con más de 10 años especializada en el desarrollo de equipamiento interior para cocinas, closets y baños, y cuatro desarrollando proyectos de manera autónoma, estuvo a cargo de todo el proyecto de la cocina de esta casa. Comenta que parte fundamental del encargo se enfocó en que tenía que ser un espacio tremendamente funcional y práctico, pero ante todo se debía convertir en un lugar de encuentro, de permanencia, el que a su vez diera cabida a distintas actividades. Es así como destaca en el lugar el horno de barro, donde se preparan pizzas. “El principal desafío fue el tema de la integración a la totalidad del espacio. La cocina tiene una condición de núcleo, es como el corazón de la casa. Sin embargo, tiene, a la vez, una lectura en sí misma. El espacio con el cual se relaciona tiene carácter de galpón, está construido con materiales nobles, piso de madera, muros de piedras, vigas de demolición y tejuelas en los cielos; y por otro lado, estaba la cocina con piso de porcelanato y cielos de hormigón. La meta era que los muebles lograran conectar los dos espacios. Para esto se planteó una fachada de remate con respecto al comedor, que tuviera un carácter imponente, lo que se logró con el diseño de una campana, que no solo debía resolver la extracción de una cocina que está integrada prácticamente en su totalidad, sino también debía constituirse en sí misma como un remate importante, un objeto con presencia que respondiera a la escala del galpón”, cuenta María José. Un gran muro contiene la mayor cantidad del programa donde se relacionan diversos materiales y texturas que por medio de la iluminación son capaces de velar y poner en valor los elementos contenidos por los muebles, soltando la cocina. “La gran isla es el elemento central de la cocina y de esta se desprende una gran barra de roble que, a su vez, se estructura en un elemento de fierro negro y que se constituye como el lugar de permanencia, el lugar que te invita a interactuar”, agrega. La elección de materiales responde por un lado a los requerimientos prácticos en cuanto a mantenimiento, de ahí la elección de melaninas sincronizadas y rauvisio para frentes de cajón y algunas puertas, y krion en las cubiertas y respaldo. Estos se combinan con materiales nobles para poder relacionarse con la arquitectura, como madera de encina tinte wengue, la que se utilizó en todas las estructuras de los muebles, puertas de cristal bronce y malla de metal desplegado y, por último, fierro negro. Bronce y madera natural para la cubierta de comedor de diario y para revestir muros.

Volviendo al exterior, los jardines fueron proyectados por Macarena Fernández y Francisca Salas, de Flora Estudio Paisaje, quienes lograron que con su diseño se incorporaran las pesebreras al paisajismo y, a través de recorridos, crearon diferentes zonas, tanto de uso, como también de contemplación. Destaca también el aporte del escultor Gerardo Ariztía, quien instaló unas enormes esculturas de piedra que le entregan un toque muy especial al lugar, lo mismo que el sendero con piedras cortadas en lajones y la línea de agua. Las obras se transforman en elementos que conectan la terraza con la piscina y la casa con las pesebreras invitando a vivir los exteriores de una manera dinámica.

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