Roberto Cancino: En privado

viernes, 18 mayo 2018

EL ARQUITECTO SE HA DEDICADO AL INTERIORISMO, IMPRIMIENDO UN SELLO SOFISTICADO Y CÁLIDO A HOTELES Y CASAS PARTICULARES. SU DEPARTAMENTO ES LA MEJOR PRUEBA DE QUE CON TALENTO, LOS METROS CUADRADOS PASAN A SEGUNDO PLANO Y QUE LOS VIAJES NO SOLO QUEDAN EN LA MEMORIA, SINO QUE SE PUEDEN EXPERIMENTAR A DIARIO A TRAVÉS DE OBJETOS, TEXTURAS Y COLORES.

Por: Catalina Plaza S. / Fotos: Matías Bonizzoni S.

Apasionado por los viajes, por los objetos de distintas culturas, por lo hecho a mano, por el diseño contemporáneo, por el color azul, por su trabajo en el directorio de la AdD (Asociación de Decoradores) y por cada uno de los proyectos que emprende, Roberto Cancino está convencido de que el trabajo, al igual que la vida, hay que disfrutarlo intensamente. Por ello, decidió quedarse en este departamento que en un comienzo pensó sería solo temporal. Buscaba algo más amplio, pero se fascinó con la vista y con la idea de vivir en un lugar donde no tuviera que usar el auto todo el tiempo. “Me muevo por todo Santiago por trabajo y quería estar en un barrio caminable. Decidí quedarme acá después de un viaje, porque me di cuenta de que no necesitaba más espacio. Cambió mi forma de ver las cosas, siempre que iniciaba un viaje sentía que iba a una aventura, ahora estoy tratando de vivir así el día a día. Viajo mucho solo y cuando es así uno hace muchas cosas sin cuestionarse, como salir a comer solo por ejemplo. Lo estoy aplicando a la vida diaria. Es una actitud. Ahora lo estoy disfrutando”, cuenta el arquitecto. Si bien Roberto no le hizo grandes arreglos al departamento, el color de los muros, sin duda, le dio otro carácter al lugar. Sumado a que todos los objetos tienen una conexión emocional, porque han sido traídos de distintos viajes o son regalos especiales, convierten al espacio en un reducto cálido y lleno de detalles que le aportan una marca muy personal. Uno de los sellos que caracteriza el trabajo de Roberto es justamente esta mezcla de estilos y elementos, entre lo clásico y lo contemporáneo, entre lo artesanal y lo industrial. Todo cabe en sus propuestas. Uno de los proyectos más emblemáticos y uno de los que destaca como hito en su carrera fue el desarrollado para la versión 2014 de Casa Cor en el Club Hípico de Santiago, cuando proyectó un loft para un hombre soltero y ganó el premio al mejor espacio y mejor uso del color. “Ese proyecto fue importante porque lo hice sin miedo. Cuando empiezas a trabajar miras a los grandes referentes y a veces te sientes inseguro, hasta que llega un momento en que tomas la confianza necesaria. Ese fue un gran desafío y desde entonces estoy haciendo proyectos para clientes que conocí en esa instancia. Hay uno al que le estoy haciendo la tercera casa. Empiezas a acompañarlos en las distintas etapas que están viviendo. Son clientes exigentes que quieren entender lo que estamos haciendo, pero, al mismo tiempo, me dan mucha libertad en términos de diseño”, comenta. A sus 40 años, la seguridad llegó para quedarse y es por esto que lo suyo es más que desarrollar proyectos de interiorismo, le gusta buscar un diálogo profundo con sus mandantes y establecer vínculos que le permitan interpretarlos a cabalidad. “Ahora puedo escoger a mis clientes, yo no hago moda, mi interiorismo es muy distinto. A tu cliente le pasan cosas cuando empiezas a mover su casa y se empiezan a preguntar, por ejemplo, si quieren o no botar algunas cosas. Es un proceso que tiene un lado emocional y eso me interesa tanto como la parte estética. Hay que quitarle lo frívolo, porque si lo miras bien es un área que habla mucho de las personas. Que las cosas funcionen no tiene que ver solo con los objetos, se trata de buscar equilibrio”, afirma.

Roberto Cancino estudió arquitectura en la Universidad de La Serena, muy enfocada en el urbanismo. Tras ejercer dos años, se vino a vivir a Santiago y descubrió que le gustaba el interiorismo y partió con pequeños proyectos para algunos amigos. Ya en el 2013 había tomado la decisión de que este era su camino, por lo que partió a Londres a hacer un curso de diseño de hoteles boutique al Istituto Marangoni de Londres, tras proyectar los hoteles Natalino y Martin Gusinde en Puerto Natales. Luego, el año pasado, se sumaría el Hotel Lago Grey en las Torres del Paine. En paralelo a su trabajo como interiorista, Roberto ha participado activamente de la Asociación de Decoradores, labor que lo entretiene y nutre. “Me ha permitido conocer de cerca cómo trabajamos y lo que hacemos. Es muy desafiante, porque somos todos muy distintos y hay más de 100 socios. Ha sido una súper buena experiencia porque todos tenemos visiones distintas, pero aportamos desde esa diversidad, nos respetamos y nos queremos mucho también. El trabajo debe ser colaborativo”, concluye.

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