Santa Clara 1728: Una casa para los amigos

viernes, 18 mayo 2018

FUE HACE UN PAR DE AÑOS QUE JOAO RODRIGUES Y SU FAMILIA TRANSFORMARON UN ANTIGUO PALACIO DEL SIGLO XVIII EN SU PROPIA CASA, PENSADA DESDE EL HABITAR Y PARA COMPARTIR; UN LUGAR PARA DESCANSAR Y PARAR EN EL CORAZÓN DE LISBOA.

Por: Amalia Valdés y Juan Pablo Nazar

Este hotel está ubicado en una de las plazas más románticas de Lisboa, la misma a la que debe su nombre. Sin carteles ni nada que lo identifique, solo el número 1728 entrega una pista. Con hermosas vistas sobre el río Tajo y en el corazón de la ciudad, entre los tradicionales barrios de Alfama y Graça, no fue pensado como un hotel, sino más bien como una gran casa para recibir a los amigos. Caminando unos pasos es posible descubrir emblemáticos sitios históricos, tomar sol en alguno de los cafés en la taquillera y a la vez auténtica plaza Largo da Graça o solo deambular por el tradicional mercado de antigüedades de Ladra, el cual se instala todos los martes y sábados en la misma plaza Santa Clara, donde pasar la mañana buscando antiguos tesoros como azulejos, libros, ropa vintage o exóticos objetos provenientes de las antiguas colonias portuguesas, es toda una experiencia. Al mismo tiempo, salir por las noches y dejarse cautivar por el Fado en una pequeña tasca en Alfama, o probar deliciosos pescados y mariscos en alguno de los varios restaurantes locales. En otras palabras, vivir la buena vida como un lisboeta lo haría.

Teniendo en cuenta y respetando el legado arquitectónico, el contexto local y la fuerza de una tipología tan típica portuguesa, los reconocidos arquitectos del estudio Aires Mateus, potenciaron las virtudes de la arquitectura original, logrando un proyecto de gran calidad espacial, finos detalles y confort contemporáneo. Al cruzar la puerta, cuerpo y alma son inmediatamente invadidos por una sensación de paz y tranquilidad, y no solo por los suaves colores y nobles materiales, o la cálida luz que inunda el espacio a través de sus grandes ventanas, sino que además es posible sentir el olor del pan recién horneado; o quizás sea solo el hecho del contraste entre el exterior y el silencioso interior; sensaciones que no son posibles de transmitir a través de una fotografía. Y no es que nos olvidemos de lo que sucede en la ciudad; por el contrario, sigue estando muy presente a través de las preciosas vistas hacia la plaza, el río y, por supuesto, desde la impronta de sus materiales, todos portugueses, así como las finas terminaciones del edificio original.

Durante el proyecto y su construcción, se escogieron materiales locales como el mármol de Lioz, proveniente de Sintra, así como también se utilizaron tradicionales métodos constructivos, muebles hechos a mano y otros objetos artesanales, sin olvidar la sencillez y un cierto minimalismo muy alejado de la frialdad; uno más bien acogedor, elegante y muy cálido por cierto. Los hermanos Manuel y Francisco Aires Mateus, trabajaron en conjunto con Rodrigues, de quien son además buenos amigos y ya han desarrollado anteriormente otros proyectos relacionados a la hotelería rural. Para ellos es muy importante mantener el patrimonio, pero también dotarlo de serenidad y comodidad desde la pureza que caracteriza las obras de los arquitectos. De esta forma, tradicionales piedras, pisos de madera y cerámicas artesanales fueron los principales materiales usados.

El interiorismo, propuesto por el mismo equipo, refleja una absoluta sobriedad y al mismo tiempo es contemporáneo, cómodo y con algunos elementos antiguos como la enorme pintura del siglo pasado, simplemente apoyada en uno de los muros del acceso. Allí, una gran lámpara luna nos da la bienvenida. Suspendida en medio del espacio, cae sobre el único y protagónico sofá. A un costado se encuentra el comedor con una gran mesa de madera y seis metros de largo, donde todas las mañanas se sirve el desayuno inspirado en los antiguos tiempos del Portugal rural. Así, como en casa, los invitados se reúnen, conversan y comparten sus experiencias. Son solo seis habitaciones, por lo que todo en esta casa se realiza con cariño y especial cuidado, para que los pocos huéspedes disfruten, descansen, sueñen y descubran desde el interior.

Las habitaciones son bastante grandes y pueden ser disfrutadas como pequeños departamentos, ya que disponen de un dormitorio, un estar y un enorme cuarto de baño, todos ellos con tinas de mármol de un tono beige claro, el que, combinado con la madera y las cerámicas blancas, genera una armónica y cálida sensación de bienestar. La elección del mobiliario es especialmente delicada y siempre pensada para la comodidad; las camas son diseño de Antonio Citterio, colchones de algodón natural por Alma Natura y sábanas y cobertores hechos a mano en Portugal. Los sofás son de Living Divani, así como las mesas y sillas de Carl Hansen.

Santa Clara tiene también un tranquilo patio, lugar perfecto para leer, conversar o simplemente descansar bajo los limoneros, sintiendo el maravilloso aroma de los azahares y alejado de todo ruido posible. Un verdadero refugio para conocer y vivir Lisboa desde sus tradiciones, en familia y con todas las comodidades y la sencillez de la vida contemporánea.

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