Sebastián Irarrázaval: “La arquitectura chilena tiene carácter, no es seriada”

miércoles, 21 diciembre 2016

Considerado como uno de los grandes nombres de la arquitectura nacional, este arquitecto de la Universidad Católica destaca por un trabajo consistente y detallista que intenta dar respuesta, de una manera simple y cuidada, a los diversos requerimientos a los que se ve enfrentado. Gracias a esa visión, este año fue premiado con el RIBA Award for International Excellence y el Wood Design & Building Awards, los que destacaron el impecable trabajo que hizo al proyectar la Biblioteca Pública de Constitución.

Por: María José Mora / Retrato: Matías Bonizzoni S. / Fotos: Cortesía Sebastián Irarrázaval

Me inspiro a través de diversas fuentes, no solo de arquitectura; el arte y músicos como Steve Reich, son lugares donde encuentro nuevas ideas”, cuenta Sebastián Irarrázaval. Y es que algo que llama la atención es la curiosidad con la que este arquitecto enfrenta su trabajo, ya que se abre a proyectos tan disímiles como el premiado pabellón que representó a Chile en la Bienal de Arquitectura y Urbanismo de 2011 en Shenzhen y Hong Kong, China; la Biblioteca Pública de Constitución, casas particulares, el Ho- tel Indigo en la Patagonia o la escenografía para una obra de teatro, entre muchos otros proyectos. Todo este mix da como resultado a un hombre que ve en cualquier desafío una oportunidad de aprender y, al mismo tiempo, entregar.

Su historia partió como muchas, por descarte. Irarrázaval no entró a arquitectura como primera opción, no, él en un principio quería ser escritor, por lo que estudiar literatura en la Universidad Católica fue la elección natural, pero duró un año y quiso cambiarse a arquitectura en la misma casa de estudios. “La elegí porque era algo conocido. Mi padre, Roberto Irarrázaval, era arquitecto y tuve la intuición de que como era una disciplina amplia, su estudio me iba a dar las herramientas necesarias para hacer diferentes cosas en el futuro, lo que se ha dado así. Arquitectura me encantó, me gustó mucho trabajar en equipo, ver cómo los procesos creativos se van haciendo realidad. Era algo muy distinto a la literatura, donde los procesos son más bien solitarios”, explica Sebastián. En la facultad tuvo grandes maestros como Alex Moreno, Rodrigo Pérez de Arce, Fernando Pérez y Teodoro Fernández, quienes de alguna u otra forma marcaron en algo su visión de la arquitectura; además, trabajó un tiempo en la o cina de José Cruz y Germán del Sol, por lo que también se nutrió bastante de sus visiones. El último paso en su formación lo dio gracias al consejo de Rodrigo Pérez de Arce, quien lo motivó para que postulara a una beca para irse a estudiar un máster en Vivienda y Urbanismo a la Architectural Association (AA) en Londres, una de las escuelas más prestigiosas de arquitectura del mundo, experiencia que forjó aún más su identidad arquitectónica. “Volví el ’94 a Chile, justo en una época donde la construcción y la economía estaban increíbles, había mucho por hacer y yo solo tenía 28 años. Junto a Guillermo Acuña trabajamos mucho con Luis Fernando Moro en muchos proyectos de arquitectura interior, lo que fue muy formativo, ya que aprendí a preocuparme mucho por los detalles. Crear buena arquitectura interior es algo que me viene desde esa experiencia. Él tiene un altísimo nivel de exigencia que hoy agradezco, fue un gran entrena- miento. Trabajamos juntos en varios proyectos, entre ellos el showroom Moro y en varias casas, bancos, etcétera”, asegura Irarrázaval.

El año 2000 se separó de Acuña y comenzó su camino en solitario, 16 años en los que ha logrado cosechar muchos logros, su trabajo ha sido publicado en revistas de la talla de Wallpaper, Architectural Review, A+U, Archdaily, entre otras, y en paralelo ha hecho clases y dado charlas en algunas de las más prestigiosas universidades del mundo como el MIT, la Universidad de Venecia, Caracas y Arizona.

Actualmente, Irarrázaval prepara dos proyectos que lo tienen muy feliz, el primero es la construcción del Centro de Estimulación Sensorial Juan Luis Undurraga, de la Fundación Isabel Aninat, el que estará listo a mediados de 2018 aproximadamente; el otro es la construcción de una escenografía para una obra dirigida por Cristián Plana, que se estrenará en mayo.

–Ganaste dos premios por la Biblioteca Municipal de Constitución, el Riba y el Wood Design Awards. ¿Qué significan los premios para ti?
–Veo los premios como una especie de certificación. Eso refuerza tu marca y hace que tu oficina se haga notar, esto se traduce en más trabajo y es algo que he comprobado. Esa es una de las cosas más importantes. De hecho, el colegio que estoy proyectando actualmente en Talagante llegó gracias a esos premios.

–¿Qué quisiste proyectar al crear esta biblioteca?

–Esta es parte del plan mayor de reconstrucción de Constitución y yo llegué a levantarla porque Elemental me recomendó a Fundación La Fuente, la que administra y se hace cargo de la biblioteca por unos años. Ellos fueron mis mandantes directos. Yo respondí a los requerimientos que ellos me hicieron de la mejor forma posible. Primero querían una biblioteca de tres áreas. La razón de ser de Fundación La Fuente es promover la lectura y un mandato implícito es ese, además de que la gente quiera entrar y quedarse dentro de la biblioteca. La idea era levantar una estructura seductora y amigable. Era muy importante generar las condiciones óptimas para la lectura. La más obvia es crear la luz adecuada, y eso tiene que ver con la sección del techo que hace posible que la luz entre por todos lados, pero no de manera indirecta, lo que permite que leas y nunca le dé sombra al libro. Eso es muy confortable para el ojo. Luego era muy importante dónde estaría emplazada. Esta se encuentra frente a la plaza de la ciudad y fue hecha a un metro sesenta de altura del suelo, ya que hay que tener en cuenta que este lugar se inundó completamente después del tsunami de 2010. Al estar en altura y enfrentada a la plaza, tú miras este espacio verde desde una posición de dominio, lo que ayuda a la lectura, ya que está comprobado que para leer bien hay que estar en un lugar donde la persona tenga buena luz y se sienta segura y cómoda.

Finalmente, todas estas son decisiones que pasan por la arquitectura. Es importante, al ser un edi cio público, que este quede arraigado en la ciudad, que sus habitantes lo sientan propio, por eso decidimos usar en todo el interior un material local como la madera y también usar mano de obra local, ya que los carpinteros de Constitución tienen un experti- se increíble, son realmente admirables. Todas estas decisiones generan arraigo, cuando la localidad se ve integrada a los proyectos, los siente propios; por ende, los cuida y disfruta, y eso es primordial en un edi cio público. Me importa mucho que las construcciones queden vinculadas, conectadas con su entorno. Pueden que tengan formas complejas, pero circulan bien en términos materiales.

–¿Qué significa la arquitectura para ti?

–Es una manera de interpretar el mundo. La formación de arquitecto te hace ver la realidad de una manera y te hace actuar sobre ella de una forma completamente distinta a cómo lo haría otra persona. Eso tiene que ver con una capacidad que te da la formación de poder integrar muchas cosas disimiles y ver qué elementos pueden confluir para hacer que las cosas sucedan. Hay que entender que en los proyectos participan muchos actores diferentes y el arquitecto debe responder a muchas preguntas, por eso creo que la buena arquitectura es aquella que responde con una sola solución, que busca una síntesis para resolver diferentes variables. En términos concretos, en un sentido profundo, lo que uno construye son refugios. Hay un aspecto instrumental que es que una estructura pueda protegerte de las inclemencias del ambiente, del frío, del calor, etcétera, pero también tiene un significado trascendental, porque un edifico puede darle un nuevo significado a tu vida o a la comunidad. La buena arquitectura te puede hacer más feliz o, por el contrario, condenarte, por lo que tenemos una gran responsabilidad. Finalmente, la súper buena arquitectura te puede conectar con lo trascendente, puede hacer que entiendas el tiempo en que vives, por ejemplo. En ese sentido, puedes distinguir entre arquitectura y construcción. La construcción podría ser el lenguaje oral, aquel que no está bien articulado del todo, no es prolijo, tiene reiteraciones. Mientras que la arquitectura es el lenguaje escrito, aquel que es prolijo y posee apreciaciones que son más complejas, como una poesía.

–¿Quiénes te influencian?

–En la carrera ves a miles de arquitectos que te marcan como Mies van der Rohe, Alvar Aalto, Paul Rudolph, Steven Holl, José Cruz, Alex Moreno. Creo que uno tiene múltiples influencias y muchas veces de otras áreas de interés, como en mi caso, las artes y la música. La música serial, que solo trabaja con repeticiones me interesa mucho, por ejemplo. Artistas como Steve Reich y Michael Nyman, estos aplican una estrategia que se usa el arte y la música para generar coherencia, se trabaja sobre series, en las artes visuales un símil podría ser Donald Judd y Andy Warhol. Creo que ese es un sello de los arquitectos chilenos en general, que no solo nos nutrimos de arquitectura.

–¿Crees que nuestra arquitectura es realmente un producto de exportación?

–Yo diría que hay una a nivel alto que está a la par con lo mejor del mundo, pero también hay una arquitectura media muy buena y eso no es fácil de encontrar en muchos países. Además, la arquitectura chilena tiene mucho carácter, pero es muy distinta entre sí, no es seriada. En Chile podemos hacer un libro como “Blanca montaña”, el que no sería posible en otros lugares de Latinoamérica. Aquí hay muchas buenas obras, tengo dudas que ese mismo libro se pueda hacer en Brasil o Perú. Eso sí, en Chi- le hay un gran déficit en urbanismo y ciudad, ahí estamos al debe. –Hace un par de meses participaste en Area/Test en el Centro Cultural Matadero de Madrid. ¿Cómo fue esa experiencia?

–Área es una unidad dedicada a la edición de contenidos desde la cultura del diseño hacia disciplinas transversales como la arquitectura, urbanismo, fotografía, música, performance y artes visuales. Luego de exitosas versiones, el 2013 en Factoría Italia y en Galería Monoambiente el 2015 en Buenos Aires, Área se trasladó al espacio Matadero en Madrid y Patricio Pozo el curador, a quien conocí en la Bienal de Arquitectura y Urbanismo de Shenzhen y Hong Kong, me invitó a participar. La idea era que yo hiciera el montaje general y la verdad fue una fantástica experiencia. Participaban diversos profesionales ligados al arte como Antón Álvarez, María Ignacia Murtagh; Hubert Schmidt, quien hace música electrónica; Domingo García-Huidobro; el dramaturgo Cristián Plana, entre otros. Todos estábamos unidos por un tema que dio Pozo y que tenía que ver con la resistencia, por lo que todos trabajamos en torno a eso. Además del montaje, se me encargó una sala especial donde Cristián Plana montaría una obra en base a mi propuesta escénica. Él creó un monólogo a partir de un personaje que interpretaba a un marginal, quien parece resistir completamente al sistema, pero acaba siendo consumido y devorado por él. Gracias esta colaboración, Cristián me invitó a hacer la escenografía de una obra de Jorge Díaz que estrenará en el GAM en mayo, lo que me tiene muy entusiasmado.

–Es muy interesante que te animes a trabajar en una área totalmente distinta a la tuya…

–Siempre me ha gustado trabajar con gente de otras disciplinas, lo encuentro muy interesante y lo disfruto mucho, son desafíos nuevos. Creo que la arquitectura se renueva y se refresca en la medida que importa cosas de otras disciplinas. Y creo que para Cristián confiar en una persona que no viene del mundo de la dramaturgia es algo refrescante también.

–¿Cuál es el sello de tu oficina?

–Probablemente, la exploración con diversas técnicas constructivas, preocupación por el sentido de orden, me preocupa mucho la coherencia. Los proyectos son resultado de un sistema de órdenes, de reglas; órdenes que son más bien compositivos. Me gusta también que haya una consistencia y una continuidad entre los distintos proyectos y eso tiene que ver con que uno se va perfeccionando, porque uno va insistiendo en algunos temas que te permiten mejorar ciertas técnicas y procesos. Si antes era el iPhone 4 ahora quizá sería el 7. Al mismo tiempo, como oficina me preocupa tanto la arquitectura interior y como la exterior; por ejemplo, en la biblioteca casi hay puros muebles en obra. Para mí, es muy importante poder participar de toda la estructuración del espacio interior.

–¿Qué diferencia a un buen arquitecto de uno mediocre?

–Uno bueno es el que tiene coherencia en el tiempo y es capaz de construir lugares con significado. No sirve tener solo una obra buena, eso hay que mantenerlo en el tiempo con más obras. Un buen profesional es capaz de construir argumentos y acoger los requerimientos del usuario sin domesticar el proyecto a niveles de transformarlo en una simple construcción.

–¿Qué le dirías a un joven que está recién estudiando arquitectura?

–Creo que visitar obras de arquitectura es primordial, viajar a verlas. Leer buenos teóricos de la arquitectura y también trabajar mucho y prepararse para fracasar varias veces. Hay que trabajar duro para ser arquitecto y eso solo lo hacen las personas que se enamoran de la profesión, hay que emocionarse con la arquitectura para así en un futuro querer construir obras que te emocionen y emocionen a otros, y que, al mismo tiempo, mejoren la vida de las personas.

 

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